Es conveniente de vez en cuando no perderle el cariño del mando a
distancia a la programación de la 2. Excelentes reportajes que,
desgraciadamente, tienen una exigua audiencia. En Cinefilia están ofreciéndonos
unas excelentes películas donde los efectos especiales con su correspondiente
demolición de rascacielos (Casa Blanca incluida) ni están ni se les espera. De
manera casual veo hace unos días un excelente reportaje sobre un “Club de
lectoras” que existe en Barcelona. Lo componen diez mujeres que se reúnen dos
veces al mes. Lo hacen a última hora de
la tarde en un saloncito de un restaurante del centro de Barcelona y,
fundamentalmente, lo que les une es una irrevocable afición-pasión por la
lectura. En cada reunión acuerdan por consenso la lectura de un par de libros
de literatura y, los mismos, son ampliamente analizados en la próxima
convocatoria. Ninguna lleva notas y todas exponen libremente sin que nadie les
interrumpa su particular visión de lo leído.
Entre estas mujeres hay catedráticas de universidad, abogadas,
dependientas de comercios, paradas y amas de casa. La menor tiene treinta y
cinco años y la mayor ronda los setenta y cinco. Se citan y confabulan, para el
bien de la Literatura,
en torno a un par de botellas de buen vino servido en grandes y majestuosas
copas junto a unos canapés para ayudar los buenos tragos. Era una gozada verlas
compartir amigable y civilizadamente sus impresiones sobre los libros leídos.
Nadie hace proselitismo de nada ni de nadie (afortunadamente no hay políticas
profesionales entre ellas) y solo están dispuestas a compartir su mundo
literario con ellas mismas. Han quedado en leer y comentar para dentro de unos
días la última novela de Mario Vargas Llosa “El héroe discreto” y “Herejes” de
Leonardo Padura. Un escritor peruano y otro cubano serán los que ocuparán sus
próximas horas de máximo asueto. Olvidarán por un momento la “Tele-basura”, las
“Bodas del año”, las mentiras de los políticos, la Crisis y se liberarán del
yugo de la cotidianidad mediante el inmenso placer de la lectura. Brindarán
como hacen siempre al empezar cada encuentro con una copa de buen vino de la
comarca del Penedés (un tinto “Emendis Mater” del 2006 por ejemplo). Luego
amigablemente cada una desgranará sus experiencias lectoras y se sentirán vivas
y llena de ilusiones compartidas. Don Miguel y Sir William sonreirán desde el
Cielo y dirán complacidos: “En verdad, para mujeres como ellas, ha merecido la
pena escribir”.
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