viernes, 24 de marzo de 2017

Suena John Coltrane


Suena en la madrugada John Coltrane
y la noche cubre su llanto de siglos
con un manto de estrellas blancas.
La música amansa las fieras
 
y las fieras duermen confiadas
en que ya todo les pertenece.
La luna lunera se muestra esquiva
ante los amores de ida y vuelta
que empapan los pañuelos de encajes
con lágrimas de sal y purpurina.
Oímos a lo lejos la sirena de un barco
y nos arropamos soñando Penélopes
en tierras lejanas y misteriosas
donde solo llegan los sueños juveniles.
Los tic-tac de los relojes enmudecen
y aparecen los soniquetes del alma:
suena, está sonando John Coltrane.

 

Juan Luis Franco – Viernes Día 24 de Marzo del 2017
 
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miércoles, 22 de marzo de 2017

El ciclo de la vida



Resulta curioso como cuando ya estás dentro de eso que antes llamaban vejez y ahora Tercera Edad tengas una perspectiva sentimental y nostálgica tan cercana de tus ancestros más mayores. Repasas la edad en que fallecieron tus abuelos y nunca como ahora te sientes tan próximo a ellos. Mi abuela Teresa murió cuando contaba ochenta y siete años de edad. Fue una luchadora impresionante que se quedó viuda cuando contaba cuarenta y tres años de edad. La herencia que recibió fue la de tener que sacar adelante a seis hijos (el que hubiera sido el séptimo se murió a los tres meses de nacer).  No era tan solo bondadosa sino más bien podría decirse que la bondad tomó forma en su pequeño cuerpo de mujer siempre enlutada.  Cuando falleció ya solo le vivían tres de sus hijos (mi tío Víctor, mi tía Carmela y mi padre) habiendo tenido que enterrar a las edades más dispares a cuatro descendientes.  Era una mujer con un temple extraordinario y siempre proclive a buscar la luz entre las tinieblas.  La Virgen de la Candelaria era su principal soporte vivencial y junto con el Gran Poder sus máximos referentes devocionales. Era una pertinaz lectora que el poco tiempo que le dejaba libre sus múltiples tareas lo dedicaba a la gran pasión de su vida: la lectura.  Cuando murió yo tenía dieciséis años de edad y recuerdo su entierro como uno de los días más tristes de mi vida. Ahora, cuando ya he rebasado los setenta años de existencia, me siento con una cercanía hacia su persona como antes nunca sentí. La memoria siempre es selectiva y tiende a recordar personas queridas y situaciones gozosas.  No tengo muy claro si  son como las recordamos o el paso del tiempo y los años han hecho que las idealicemos. Tampoco esto tiene mayor importancia. El ciclo de la vida siempre está en permanente movimiento. Si las recordamos con cariño será por dejar en nosotros una huella sentimental imborrable. Viven y vivirán eternamente en nuestras vidas. 
 
 
Juan Luis Franco – Miércoles Día 22 de Marzo del 2017
 

lunes, 20 de marzo de 2017

Chato de Utrera


 

Utrera representa en el Cante flamenco lo que Nueva Orleans en el Jazz: pura química existencial.  Cinco pueblos tiene la provincia de Sevilla que configuran una parte emocional y sustancial de mi inveterada afición al Flamenco.  Me refiero, claro está, a Mairena del Alcor, La Puebla de Cazalla, Marchena, Lebrija y.... ¡Utrera!  En todas estas hermosas localidades andaluzas he sentido como el Cante flamenco me arañaba las paredes del alma en noches donde hasta la luna bailaba por Bulerías.  Hoy, cuando la primavera asoma su verde esplendor para que por nuestras callejuelas y plazoletas el azahar pase de ser un tópico a convertirse en una fragante realidad, me llega la triste noticia del fallecimiento del cantaor utrerano “Chato de Utrera”. Me lo anuncia por wasap, cuando volvía para la “cueva”, mi entrañable amigo Salva Gavira.   Se llamaba, para los registros civiles de los humanos, Ramón Benítez Mira y ha fallecido a la edad de 72 años en su localidad natal.  Era uno de los últimos cantaores fraguados en fiestas y reuniones que, posteriormente, pasaron a una vida más placentera en tablaos y compañías itinerantes. Su vida, la vida de este gran señor del Cante flamenco, es digna de estudiarse.  Llegó a Barcelona con lo puesto cuando contaba tan solo con 17 años de edad llegando a dormir en la boca del metro.  Después,  cuando lo contrata Antonio Gades para su Compañía, su arte se abriría paso y ya todo fue un imparable avance.  “El Chato de Utrera” llegó a actuar con Camarón, Paco de Lucía e incluso con.... ¡Bob Dylan”!  Su cante por Solea, Fandangos y Bulerías se nos antoja de una belleza verdaderamente deslumbrante.  Descanse en paz.

 

 

Juan Luis Franco – Lunes Día 20 de Marzo del 2017