miércoles, 10 de febrero de 2016

Espejos del alma





Era una de esas tardes que cuela su luz de resplandores ocultos por todos los vericuetos de la casa. Un caleidoscopio de colores que invocan a soñar despierto. Cantaba en el ordenador Morente por Tangos aquello…A la hora de la muerte / que no ponérmela a mi delante / que como la quiero tanto / el corazón a mi se me parte”.  A lo lejos percibo el murmullo en la calle de niños que juegan a ser niños. Escucho el trasiego de mi vecina mientras tiende en los cordeles del patinillo su quinta lavadora del día. Como pasó siempre “Febrerillo el loco” busca la cordura a golpes de racionalidad impostada.  Mi padre, a mi derecha, me miraba con una media sonrisa detrás de una foto sepia enmarcada en tonos ocres de atardeceres aljarafeños. A mi izquierda el Señor de Pasión compartía espacio con una foto de mi madre sonriente con su nieta, mi hija Alicia. Todas las cosas están en su sitio guardando una perfecta armonía y eso al final es lo que verdaderamente importa.  Por encima de la pantalla del ordenador La Candelaria me miraba desde un cuadro colgado en la pared junto a una foto de Manolo Caracol con Melchor de Marchena en plena actuación. El salón cobraba vida a través de los objetos inanimados y cada cosa me va diciendo de donde vengo y, posiblemente, también hacia donde debía ir. Una biografía (magnifica por cierto) de Teresa de Jesús escrita por Cathlenn Medwick esperaba ser devorada en sus páginas finales reposando en un brazo de mi sillón preferido. Son los espejos del alma que se reflejan por todas partes y donde uno tiene la sensación de que Dios suele aparecer cuando menos lo esperamos. Aparece una amalgama de tenue luz que se desparrama por toda la casa como dulce preámbulo de que las sombras de las noches se van acercando poco a poco. Son los claroscuros que marcan nuestra hoja de ruta existencial.  Los espejos del alma que, a modo de panteísmo, reflejan el tiempo y las horas.


Juan Luis Franco – Miércoles Día 10 de Febrero del 2016



lunes, 8 de febrero de 2016

Los Titiriteros





Sinceramente, tener esta pequeña ventanita abierta en Internet y no manifestarse sobre cosas que a personas decentes (independientes de ideologías) les remueven las tripas me parecería un auténtico desperdicio. Aquí no hablamos del “Titiritero” de Serrat que llevaba por los pueblos de España entretenimiento, diversión y cultura popular. Aquí hablamos de los falsos “Titiriteros” que en Madrid, durante un acto donde acudieron muchos niños, hicieron de su capa un sayo y rociaron sus perversos guiñoles de apología del terrorismo etarra y de otras lindezas de no menor perversidad. Sus colegas de ideología tales como Ada Colau, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Teresa Rodríguez y el inefable Willy Toledo ya han mostrados su solidaridad con estos “Titiriteros” y demandan su pronta libertad (es de suponer que, ante la posibilidad de repetirse las Elecciones”,  los veremos con sus “Guiñoles” en algún mitin de PODEMOS. Tiempo al tiempo). ¿En esto consiste la Libertad de Expresión para algunos?  ¿En rendirles pleitesía, con el testigo de niños, a criminales sin más méritos contraídos que el tiro en la nuca; los secuestros o las bombas en coches aparcados en la vía pública o en cuarteles de la Guardia Civil?  Si algo tiene de positivo situaciones como las vividas en Madrid (con sus posteriores pronunciamientos) es que nos dejan “verles asomar la patita”. Una encuesta del pasado fin de semana en el Diario “El País” dejaba como pacto más reconocible y deseado el que podrían formar PSOE y CIUDADANOS. Esto es síntoma inequívoco de que la gente empieza a ver el bosque de la verdad por encima de los árboles de la demagogia.  El tema cultural del Ayuntamiento de Madrid se le está indigestando por día a doña Manuela Carmena (de la que por cierto siempre he tenido un buen concepto como persona y jurista) y parece ser que, a nivel cultural, en la Villa y Corte detrás de lo malo viene lo peor.  A mis años y con un intachable currículo de demócrata y firme luchador por las libertades pocas cosas me pueden enseñar estos advenedizos de tres al cuarto. Se mueven con una falsa impostura intelectual y cual nuevos Mesías vienen prestos y gozosos a nuestro rescate. Puede que dada las similitudes de fatuos guiñoles sea coherente que se muestren solidarios con estos falsos titiriteros.  Por sus guiños y actos los conoceréis.


Juan Luis Franco – Lunes Día 8 de Febrero del 2016

Reciclaje anual





Ya forma parte de la naturaleza humana las nobles (y no pocas veces baldías) intenciones de cambiar algunas cosas de nuestra vida cotidiana con la llegada de cada nuevo año. Ese curso de ingles que nunca terminamos por encauzar; la consabida visita al gimnasio para, antes de que llegan las calores que todo lo destapa, intentar eliminar la curva de esa “barriguita cervecera” y, evidentemente, la necesidad imperiosa de dejar el insano habito del tabaco. Es una manera infantil de llevar a la “practica” aquello de Año nuevo vida nueva. En definitiva poder entender en sus versiones originales las películas anglosajonas o las letras de las canciones de Elvis. Volver, sin tener que aguantar la respiración, a tener la 46 como talla de pantalón y eliminar esa tos mañanera tan inoportuna como molesta. Seguramente será muy alto el número de personas donde estos proyectos siempre se quedan en buenas y perdidas intenciones (me contaba un amigo que regenta un gimnasio que para ellos estas fechas son las más rentables pues hay gente que paga un mes –o hasta un trimestre- por adelantado y luego solo aparecen dos o tres días). Esta desidia a cambiar nuestra hoja de ruta forma parte de la naturaleza humana y el que esté libre de culpa que enseñé las manchas de sudores sobaqueros del chándal que le han regalado por Reyes.  Reconozco que desde hace ya algunos años siempre me gusta de vez cuando pararme en mi “Hoja de Ruta” y bajar al suelo el saco que todos llevamos sobre nuestra espalda. Lo suelo abrir y miro con detenimiento su contenido. Siempre veo algunas cosas que ya me sobran y las suelo sacar para siempre y trato de irle aportando nuevos elementos que incrementen el caudal de mis ilusiones.  Luego una vez aligerada la carga vuelvo a portarlo sobre mi espalda y a caminar hasta enterrarlos en el mar. Todo en la vida es relativo y los reciclajes anuales no podían ser una excepción. ¿Año Nuevo vida nueva?


Juan Luis Franco – Lunes Día 8 de Febrero del 2016