lunes, 30 de marzo de 2015

Martes de soles y lunas





A José María, Fali, Martín Carlos, Ignacio y a mi hija Alicia.

Ella sale a la calle cuando la tarde del Martes de todos los martes sevillanos alcanza su máximo esplendor. Es cuando la Ciudad se mueve gozosa en el ecuador de sus días eternos.  Le va cubriendo la espalda y aliviando el peso del madero a Aquel que todo lo puede. Le duele como solo pueden dolerles a las madres las tragedias de sus hijos. Camina esplendorosa entre un revuelo de capirotes blancos y un torbellino de soniquetes celestiales. Deja la Capilla Sacramental huérfana de su belleza anhelando verla de nuevo tras los barrotes dorados. Le da un aire sublime a  los sentidos pues nadie como Ella es portadora de tanto caudal de sentimientos compartidos. Siempre supo moverse como nadie al compás de las casas señoriales y al ritmo vertiginoso y decente de los Corrales de Vecinos. El mármol de los zaguanes de alto rango los olvida en aras del barro cocido de los lebrillos corraleros. En los varales de su palio va prendida para siempre nuestra memoria sentimental. Ahora, en este Martes de soles y lunas, la calle le pertenece y nosotros, como niños callejeros del ayer, también le  pertenecemos. Es diana amorosa para el llanto hecho pena de la saeta de Manuel Centeno. Pentagrama del alma para que este soñado día Bach, desde el cielo, quiera llamarse Juan en vez de Johan y haber nacido en la Puerta de la Carne. La Judería es su Reino y nosotros sus rendidos vasallos. Sale a la calle con la promesa de volver y hasta ahora siempre la ha cumplido. Somos almas errantes en busca del paraíso perdido de la niñez. Su cara, guapa entre las guapas, nos dice meridianamente claro quienes somos y de donde venimos. Candelarios navegando por los mares de la vida y los sueños buscando cada día que su faro nos guíe e ilumine. Cuando ya solo seamos retazos en la memoria sentimental de los que nos quisieron Ella seguirá velando por todos nosotros. Mañana, otro Martes Santo de soles y lunas en la Ciudad de las ciudades, es su gran día y, por extensión sentimental, también el de quienes nos emocionamos al llamarla….¡Candelaria!


Juan Luis Franco – Lunes Santo 30 de Marzo del 2015

sábado, 28 de marzo de 2015

Los eternos rituales





Lo ritual y lo pragmático siempre caminaron por veredas bien distintas.  El rito; los ritos; lo ritual en definitiva cuando se configuran desde el afecto, la Fe, las tradiciones más nobles y la belleza de la estética más sublime suelen formar parte de lo mejor del alma humana. Mañana empieza otro Domingo de Ramos en la Ciudad.  Se abrirán  ventanas y balcones a un cúmulo de sensaciones y emociones contenidas todo el año. Tiempo de espera vivido pacientemente desde la soledad de las capillas en otoños; en los cultos de las Hermandades y recordado en fotos de imágenes enmarcadas en despachos, cuartos o salones. Por delante toda una Semana para volver a vivir un nuevo episodio de esta Historia interminable entre el Hijo de Dios, su Madre y los habitantes de la Ciudad. En el culmen de las contradicciones de este triángulo sentimental no se libran, si son sevillanos de nacencia o querencia, ni los ateos. Cada habitante de la Ciudad, independiente de su credo o ideología, la vivirá a su manera y ninguno que haya nacido, vivido o amado (o todo junto) en este hermoso, sabio y viejo rincón de Andalucía le puede resultar indiferente. Es la fuerza de la sangre que, unida a la Fe y a la belleza más exquisita, nos convoca a través del rito. Para algunos sobrarán muchas cosas y faltarán otras tantas. Para que engañar, aquí se mezclan desde el frikismo más hortera hasta el agua más pura del pozo de la autenticidad de las cosas. Un “capillismo” cutre de corbatas rosadas y un señorío profundo y exquisito. Una sobreexposición de la banalidad y un profundo ejercicio de rigurosa espiritualidad intelectual. Nada nuevo bajo el sol. Si repasamos fotos y documentales de antaño puede que incluso hayamos mejorado con los años. No estoy muy convencido de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Aquí se dan cita la Literatura más profunda con los ripios insufribles de poetas de temporada.  Si mi cuerpo no se me rebela en las próximas horas (Dios no lo quiera) volveré a ver pasar La Candelaria por la Plaza de la Alfalfa. Vestiré de nuevo mi tunica de ruán pasionario y se posarán, un año más, mis sandalias negras en la Rampa del Salvador. Veré pasar al Señor de Sevilla por la Plaza de Molviedro y al Cachorro por la calle Reyes Católicos. Dado que ya los huesos no están para muchas movidas callejeras poco más puedo permitirme a estas alturas (cuando de joven podía la verdad es que tampoco era un “militante bullero”). Con los años empiezas a comprender que cada nuevo Domingo de Ramos es una nueva oportunidad que se te ofrece. Saborear, disfrutar y, sobre todo, ser coparticipe de los eternos rituales.  Mañana es Domingo de Ramos en Sevilla. Vivámoslo por nosotros y, fundamentalmente, por aquellos que ya no pueden hacerlo. Mañana, precisamente mañana, es Domingo de Ramos en Sevilla.

viernes, 27 de marzo de 2015

Cuentos de Azotea 12. Pueblolandia




   Decir que aquel pueblo era singular era decir bien poco. Situado entre la frontera española y la francesa se hablaban las dos lenguas con absoluta naturalidad. Los habitantes no lograban superar los tres mil y nadie era ni se sentía forastero. No existía el paro ni la violencia de género. Todos los niños comían y todos los viejos dormían placidamente en sus casas.  Nunca que se tuviera referencia existió un solo caso de corrupción y los tres políticos existentes eran elegidos y refrendados cada tres meses. No existía la riqueza ni tampoco la pobreza y los bienes existentes eran repartidos en función de las necesidades de cada uno. La gente solía morirse de viejo y las jóvenes enamoradas eran casi siempre correspondidas. No existía la televisión ni la radio y las noticias de fuera siempre las traían los saltimbanquis  y los titiriteros que llegaban cada primero de mes. Las horas se regían por el campanario de la torre de la Iglesia Mayor y el tiempo lo marcaba el canto de la alondra. Lo único que estaba rigurosamente prohibido era la tristeza, la insolidaridad, la usura y las meadas callejeras. La madrugada de cada veinticuatro de diciembre se escenificaba el Nacimiento del Mesías y, para celebrarlo, se bebía y comía de manera abundante. Se aprovechaban los día se la Semana Santa para desenclavar por unos días a todos los crucificados existentes en el pueblo. Cada mañana se pasaba lista en la puerta del Ayuntamiento para comprobar si alguien había desertado o se hubiera muerto durante la noche.

   La mitad de los hombres se llamaban Pablo y la otra mitad Pierre. Los nombres de las mujeres se dividían entre Mercedes y  Dominique. Todos los habitantes varones tenían un mote siendo por el mismo como eran realmente conocidos. Las mujeres eran conocidas por su ascendencia paterna. Los niños, a la salida del colegio, ayudaban a sus madres en las tareas domesticas y las niñas lo hacían con sus padres dentro de sus oficios o labores. Los niños con las niñas y las niñas con los niños. La limpieza de calles y plazoletas se la repartían los vecinos limpiando el tramo más cercano a sus casas. Los ancianos y ancianas quedaban exentos de estas tareas. La Educación, la Sanidad, el Arte y la Cultura eran gratuitos y los libros de la Biblioteca Pública eran prestados para su lectura los cinco primeros  días de cada mes. Los viernes de cada semana se organizaban en la sala multidisciplinar del “Centro Cívico las Palomas” conciertos de música clásica, flamenco, jazz, sesiones de cine y representaciones teatrales. En bares y tabernas estaba prohibido que tres o cuatro hablaran a la vez  y que los taberneros se limpiaron los mocos con su mandil.

   Cada nuevo nacimiento era celebrado con jolgorio por toda la tribu y en cada nueva defunción se encendía una vela roja en cada casa. Las puertas de las casas permanecían abiertas durante el día y solo se cerraban en invierno con la llegada de la noche. Para solventar el dilema entre Monarquía o República un año se elegía a un Rey y al siguiente a un Presidente republicano. Había un médico y un maestro de escuela por cada cinco habitantes del lugar. Con tres policías, un juez y una secretaria de juzgado se cubrían los trámites judiciales pertinentes.  No se conocía Internet ni los wasap y la gente se comunicaba dando voces por las azoteas  o a través de palomas mensajeras. La televisión local emitía de manera permanente la “Carta de Ajuste”. En la radio del pueblo solo se escuchaban boleros, rancheras, coplas y música cubana.  Los bomberos eran los encargados de encender el sol cada mañana.
   Los periódicos se editaban con las páginas en blanco para que los vecinos escribieran en ellos la percepción que tenían de la vida y sus cosas. El veinticuatro de septiembre, Día de La Merced,  era el pistoletazo de salida para las fiestas del pueblo que solían durar hasta que se acababa el vino, los refrescos y las viandas.

   El Equipo de Fútbol local un año jugaba en la Regional Preferente española y al siguiente  en la francesa. Los nombres de las calles siempre eran de antiguos y extintos vecinos de las mismas con notorios méritos contraídos para ello. El dilema entre los Reyes Magos y Papa Noel lo resolvieron comprando un cuarto camello. La homosexualidad era considerada un don del cielo y la ilusión de muchas madres con  hijas solteronas era que se casaran con un tendero chino. Existía en la entrada del pueblo una puerta giratoria para que saliera o entrase quienes lo estimaran conveniente. Ese fue el grave error  al que se enfrentaron: dejaron entrar a los que nunca debieron  y dejaron salir a los que más necesitaban.

   Entonces llegaron “ellos”.  Compraron un local en el centro del pueblo y crearon un banco. A los jóvenes les prestaron dinero para sus becas de estudios. A los hombres lo hicieron para que cambiaran de coches. A las mujeres para que reformaran cocinas y cuartos de baños. A los viejos les cambiaron su dinero por una cosa que “ellos” llamaban preferentes.  Los tres políticos existentes se multiplicaron por cien y las cuentas corrientes de los mismos lo hicieron por cien mil. Se creó en el Ayuntamiento una “Oficina de Atención Ciudadana” y los cargos políticos, si procedía, se renovarían ya cada cuatro años. La tele local se hizo nacional y empezó su desenfrenada programación de ocio, entretenimiento y basura. La radio emitía noticias desesperanzadoras y los tertulianos se enzarzaban en discusiones tan estériles como groseras.  Las ferreterías se “hincharon” a vender cerraduras para blindar las puertas y ventanas de las casas. Los viejos fueron almacenados en Residencias creadas en las afueras. Los niños empezaron a notar los platos vacíos y la Biblioteca se recicló en una discoteca. Las tabernas se convirtieron en bares y el mosto fue sustituido por los gin-tonic de diseño. Los jóvenes se comunicaban por pequeños artilugios que movían compulsivamente con la yema de los dedos. Todas las calles cambiaron de nombre y en Navidad se cambió el contenido por el continente. Nadie conocía ya a nadie y lo más preocupante es que se comentaba que lo malo estaba todavía por llegar. Dicen que para todo existe una primera vez. La clave fue que dijeron si cuando procedía decir no.  Hasta Jesús se preguntaba en la soledad de  capillas y conventos: ¿y ahora quien me va a quitar a mí los clavos de esta pesada y eterna cruz?  La respuesta se quedó eternamente flotando en el viento. Siempre es tarde cuando la dicha es mala.


Juan Luis Franco – Viernes día 27 de Marzo del 2015