lunes, 1 de septiembre de 2014

Vuelta a empezar




Uno de septiembre o lo que es lo mismo: un nuevo periodo a cubrir en una Ciudad donde todo empieza y acaba de manera simultánea.  El ciclo de la vida cubriendo las horas y los días disfrazado de momentos de gozos y penas. Agosto en lo personal me ha resultado bastante rentable y satisfactorio. He reordenado y archivado en el vientre de mi ordenador un montón de apuntes de Flamenco que tenía dispersos. Fruto y consecuencia laboriosa  de mis largas estancias de antaño en Archivos, Bibliotecas y Hemerotecas. He reunido poemas escritos en lo sitios y las formas más diversas. Les he cortado de raíz sus largas y placenteras estancias  en cajones y carpetas. Notas dispersas sobre Sevilla en su añorado pasado y también en referencia a su incierto presente.  No me he movido de la Ciudad a pesar de las invitaciones de algunos familiares y amigos para hacerlo. No quería  romper mi neurótica condición de sevillano sedentario. He visto mucho cine en sesiones matinales y he visitado con bastante frecuencia los jardines del Alcázar. La lectura me ha acompañada cada día y han sido unos cuantos los libros devorados y, sobre todo, disfrutados. He procurado beber menos cerveza que otros veranos (años cumplidos y barriles consumidos se llevan más bien regular).  He terminado de escribir los “Cuentos de Azotea” (doce relatos cortos) de los cuales cinco ya colgamos el pasado julio en el Blog.  Hasta completar los doce colgaremos uno nuevo el último día de cada mes. En agosto falleció de ébola el sacerdote-misionero don Miguel Pajares, un ejemplo digno y palpable de que se hace camino al andar.  Nos dejó Lauren Bacall una de las grandes, muy grandes, estrellas del  desaparecido, añorado y dorado Hollywood de antaño. También, en clave cinematográfica, murió Robin Williams un grandísimo actor al que parece ser la vida –la suya- le resultaba tan asfixiante como insoportable.  A los noventa y dos años de edad se nos fue el periodista Antonio Colón (padre de Carlos Colón) uno de los mejores críticos de cine que ha dado nuestro país.  En fin no solamente es que sea verdad que no somos nadie sino que algunos lamentablemente ya ni siquiera son. A las monjas agustinas del Convento de San Leandro la FEB les regaló una canasta y veinte balones de baloncesto. Entre yema y yema no está nada mal encestar de vez en cuando. A nadie le amarga un dulce y mucho menos un triple. Dios puede estar entre los pucheros y también, como no, en la NBA o en la ACB.  Dentro de unos días empezará en Sevilla una nueva Edición de la Bienal de Flamenco. Concretamente será la XVIII. Estamos, a que dudarlo, ante el mayor acontecimiento mundial del Flamenco. La Bienal, a pesar de agoreros, resentidos y zancadilleros, sigue avanzando imparable y ya está consolidada como uno de los grandes eventos de la Ciudad.  Sevilla tuvo que ser con su lunita plateada. ¿Dónde iba a ser si no? El próximo día 21 empezará el Triduo a la Virgen de la Merced y las palomas del Salvador empezarán a soñar con posarse de nuevo en la Rampa.  Agradecer, a pesar del cierre temporal, a los que habéis seguido visitando  el Blog.  Nos gustaría creer que esto que hacemos aquí tiene alguna utilidad y que puede servir para vertebrar a un pequeño (pero selecto) número de sevillanos en torno a los sentimientos y la reflexión.  Ahora, cuando ya casi todos estamos aquí, es de verdad cuando se pone en marcha este carrusel de los sueños (y no pocas veces de pesadillas) de nuestra querida Ciudad.  Todo volverá a renacer y nos llevará por las veredas de los olivares del Aljarafe y los laberintos sentimentales de la memoria hacia otro nuevo Domingo de Ramos.  Bien es verdad que no solo de cirio vive el sevillano pero… ¡hay tanta verdad en el llanto de una vela!  Se consume como la propia vida: lenta pero inexorablemente.
Sevilla es una Ciudad hecha para la poesía y la belleza donde históricamente casi siempre reinó la sinrazón. Ella, la Ciudad, quiere que miremos hacia delante y nosotros nos empeñamos siempre en mirar hacia atrás.  Saberla defender en el día a día debe –o debía- ser una de nuestras tareas principales. De nuevo vuelta a empezar hasta que quien mora en San Lorenzo disponga. Hoy, ya estamos a uno de septiembre del 2014.

jueves, 31 de julio de 2014

Cuentos de azotea 5. El pescador de coplas




   Se preparaba cada mañana en una cesta de mimbre sus avios de pescar, su caña y un pequeño refrigerio donde no faltaba una bota con vino tinto y un trozo de queso viejo. Cogía su bicicleta y después de distribuir equilibradamente todos los utensilios se marchaba a la playa a practicar su deporte favorito: la pesca en el embarcadero. Se pasaba allí sentado pacientemente toda la mañana y compartía cómplices silencios de espera con los peces y con el azul de los mares. Cuando algún pez se descuidaba y terminaba atrapado por su anzuelo lo volvía a depositar en el mar tras comprobar tamaño y especie. “Al César lo que es del César y al mar lo que es del mar”, solía decir.



    Era un andaluz choquero ya jubilado y excelente compositor de letras de flamenco,  poemas costumbristas  y coplas atrapadas por la cal de las paredes y los desamores en duermevela detrás de las rejas. Todas las grandes de la copla tenían -o habían tenido- en su repertorio algún tema suyo. Su profesión verdadera  era  -o mejor había sido- la de Perito Agrícola y su gran afición –aparte de la pesca- era la de emborronar cuartillas con letrillas o poemas que se le ocurrían en los sitios más dispares. Cuando se le venia algo nuevo a la cabeza lo canturreaba por lo bajini para ver donde mejor encajaba. “La más grande”, que era una artista que nació en la sevillana calle Parras  decía de él: “Después de Rafael (de León) como Alfonso no ha escrito nadie copla”.



    Un mediodía cuando ya se disponía a recoger los utensilios comprobó que entre los tablones viejos y retorcidos del embarcadero había una botella con algo en su interior. Montó de nuevo la caña y con sumo cuidado rescató la botella del agua intentando no romperla en el arrastre. Era una botella verde de cuello ancho cerrada con un  tapón de corcho mostrando en su interior un papel azulado y perfectamente doblado. Había aguantado los envites del mar y comprobó que se encontraba en perfecto estado. La guardó en el fondo de su cesta de mimbre y se marchó a unos pinares cercanos para tranquilamente ver que contenía en su interior.



    La descorchó con una pequeña navaja procurando  no cortarse ni dañar el cuello de  la botella. Contenía dos papeles azules claros en su interior. Uno, más pequeño a modo de presentación,  y el más grande con un largo poema escrito en clave flamenca y coplera.  Decía el menor de los papeles:



“Si alguien está leyendo esto pueden haber ocurrido dos cosas: primero que la botella ha conseguido cruzar los mares y espero que haya desembarcado en Andalucía. Segundo que sería de desear que quien esto lea sea un alma sensible y nada ajena a los avatares sentimentales de la lírica  andaluza. Salí de España por motivos políticos en 1939 y siempre la he llevado en el corazón y la memoria. Cuando ya los médicos han puesto a mi vida fecha de caducidad me he animado a escribir esta Copla del desarraigo que me libere del dolor de la nostalgia.  La mando embotellada a través de los mares. Si consigo que un solo andaluz se emocione con mi canto me daré por plenamente satisfecho. Mis restos descansarán en Puerto Rico y mi corazón siempre vagará por entre los trigales y las azucenas de Andalucía”.

(Firmado: Juan de Dios Ramírez de la Serna – San Juan a 10 de Mayo del 2003)

    A Alfonso le resbaló preso de la emoción una lagrimilla fugaz por su bronceada cara. Se quitó un momento las gafas para limpiarlas y se quedó pensativo al comprobar los caminos que escoge Dios para herir nuestras sensibilidades. Dos hombres andaluces y con vocaciones compartidas unidos por el mensaje de una botella. San Juan de Puerto Rico y la Huelva de Paco Toronjo entrelazadas de la mano por los sonetos del alma andaluza. Dos hombres y un destino. Las coplas del querer queriendo de veras ser un nexo de unión entre hombres y pueblos. La tierra clamando gozos y penas regadas con las lágrimas de las enamoradas que no son correspondidas. Lo andaluz como reclamo luminoso sobrevolando los olivos. Un desgarro emocionado en Marifé; un señorío cartujano y macareno en Juana; una exquisita dulzura loreña en Gracia; un eco temperamental de olas con sabor a moscatel en Rocío o un torbellino de colores jerezanos en Lola. Todo aderezado y dispuesto armoniosamente  para que nuestra cultura cobre su sentido más verdadero. Abrió un papel azulado y lo leyó entre el susurro de la caricia del viento y el soniquete monocorde del canto de las cigarras:



-          Me traje yo de mi España

                 una pena y un cantar 

                 un pellizco en las entrañas

     y una  lágrima de sal.



     Gitana del alma mía

     crucifijos voy poniendo

     por todas las sacristías.



                Tu mare tiene un reló

                que pa mí siempre es la una

                y pa ti siempre las dos.



                Me traje yo de mi España

                una pena y un cantar

                un pellizco en las entrañas

                y una lágrima de sal.



               Dale a Puerto Rico un canto

               a Andalucía un diapasón,

               se afinarán los quebrantos

               de este pobre corazón.



               Gitana del alma mía

               crucifijos voy poniendo

               por todas las sacristías.



    No pudo continuar leyendo. Metió aquellos papeles azulados llenos de melancolía de nuevo en la verde botella. Se subió a la bicicleta cuando ya la tarde se moría lentamente por entre los pinares y las veredas tomaban tonos de dorados ocres.  A lo lejos en el infinito se aparecía un ascua de candela que fundía en el horizonte mar y  cielo. Casi sin darse cuenta empezó a tatarear….”El vino en un barco de nombre extranjero. Lo encontré en el  puerto un anochecer….”.  Definitivamente ya era un Pescador de Coplas.



Juan Luis Franco –  Jueves 31 de Julio del 2014


jueves, 24 de julio de 2014

Cuentos de azotea 4. Rojo y azul




    Quienes vieran cada mañana a aquel hombre que, con su chándal rojo y azul del Atlético de Madrid, sacaba a pasear a su perro nunca podrían imaginarse que fuese uno de los asesinos más sanguinarios de la Mafia calabresa.  Su curriculum criminal era muy extenso y comprendía a todas las capas sociales. Era muy apreciado en su perversa profesión por su extrema discreción y su eficacia en los encargos que recibía. Tenía su “sede central” en la eterna Roma y allí atendía los trabajos más variopintos. Siempre exigía que se le adelantara antes del “trabajo” el cincuenta por ciento de la cantidad pactada. Bajo ningún concepto aceptaba matar a mujeres o niños: su ética no se lo permitía.  Solo tenía un lunar negro en su “carrera”: un infarto se le adelantó a una de sus posibles víctimas. Evidentemente, y dado su alto grado de profesionalidad, devolvió íntegramente el adelanto recibido.

    Era la tercera vez que viajaba a España para sus “encargos”.  Primero se “ventiló” a un mercader chino de altos vuelos; después a un “chivato” arrepentido de la Mafia  al que habían puesto precio a su cabeza y ahora le tocaba el turno a un famoso cantante ingles –ya jubilado- afincado en Marbella.

    Se paseaba por la Costa del Sol con su inseparable chándal del Atlético de Madrid y dado el buen momento que atravesaba el equipo  colchonero nadie se extrañaba de tal alarde presuntuoso. Vigilaba y seguía de cerca todos los movimientos de su futura víctima. Los sitios que frecuentaba y con las personas que se relacionaba. Había alquilado un pequeño apartamento en Benalmádena-Costa y se hacia pasar por un italiano prejubilado amante del sol, la playa, el vino, las mujeres y “su” Atlético  de Madrid.  Nadie podía imaginarse que en el pequeño bolso que portaba llevara una “Beretta” italiana  de 9 mm. con un silenciador adaptado.

     Sabía que la ocasión se le podía presentar en cualquier momento y no estaba dispuesto a desaprovecharla. El cantante siempre iba rodeado de un par de guardaespaldas y una corte de aduladores que hacia casi imposible un acercamiento intentando cogerlo desprevenido. Salía cada mañana a pescar en una pequeña embarcación siempre custodiado por su sequito. Las tardes las solía pasar jugando al golf en un club social de alto standing. Por las noches cenaba en compañía de alguna dama mayor, millonaria  y enamoradiza que, evidentemente, siempre pagaba la cena y sus derivados.

     Observó con su desarrollada perspicacia  que los domingos asistía a Misa de doce en la Iglesia de María Santísima del Mar en Torremolinos. Entraba solo y en la puerta del templo dejaba aparcado a su par de guardaespaldas. Hombre de fe y de negocios tan sucios como su conciencia cubría en solitario aquel encuentro semanal con Dios. Cuando la misa tocaba a su fin y el cura proporcionaba la comunión notó en su nuca un frío de muerte que se convirtió en un fuego abrazador. La cabeza del cantante estalló como un melón golpeado contra el suelo y cayó de bruces sobre el respaldo del banco que tenía delante. Un hilillo de sangre le corría por la boca y sus ojos desencajados miraban ya inertes hacia la pila bautismal. Los dos guardaespaldas en la puerta no podían imaginarse que aquel hombre que al salir le daba una limosna al mendigo los había dejado sin trabajo.
    Había cambiado el chándal del Atlético de Madrid por un traje negro de diseño y le esperaba en su apartamento una maleta recién hecha, un perro y un billete de avión para Roma. Una eterna y pesada vuelta a empezar de un camino que lleva de la vida a la muerte.  Era verdad aquello de que: hay trabajos que matan.