domingo, 24 de marzo de 2024

Entre el fijarse bien y el venga ustedes


Cuando el Sábado de Pasión se entregaba en brazos de una noche que desembocaría en un nuevo Domingo de Ramos nos llega la noticia, triste noticia, del fallecimiento de Manuel Ruíz de Lopera.  Dentro de la gravedad de su estado de salud parecía que empezaba lentamente a remontar el vuelo.  Confiábamos y deseábamos que pudiera continuar la senda que lo llevaba cada viernes del año desde El Fontanal hasta San Lorenzo.  No ha podido ser así y este año en Semana Santa su balcón de la calle Sierpes quedará huérfano de su presencia.  Hombre de profundas convicciones religiosas y, a que negarlo, con su familia, el Real Betis y el Señor de Sevilla como sus máximos exponentes existenciales.  Ocupó la Presidencia del Betis durante 18 años (1992-2010) y en este periodo, como cualquier ser humano, se produjo un compendio de luces y sombras. La conquista de un titulo de Copa del Rey (2005) y algunas clasificaciones europeas de especial relevancia pero también dos descensos a la Segunda División española. Un personaje singular preñado de sevillanía y que nunca dejaba indiferente a nadie. En el argot sevillano era conocido por algunos como “el Lopera” y para otros era simplemente “Don Manué “.  Hombre hecho a si mismo y con una agilidad mental para los negocios de una especial sagacidad.  Siempre se tuvo que mover en la cuerda floja del beticismo que llevaba a la gente en el campo a saludarlo de manera efusiva con un “hola Don Manué “ o, posteriormente, tratarlo de manera despectiva con un “Lopera vete ya”.  Tenia 79 años de edad y con su muerte se nos va uno de los personajes más singulares que ha dado Sevilla en los últimos tiempos.  Conoció en su etapa verdiblanca el éxito mas fulgurante y también tuvo que saborear el amargo sabor de la marginación histórica. En su mandato llegaron al Betis gente tan importante como Finidi, Jarni, Alfonso, Denilson, Ricardo Oliveira o don Lorenzo Serra Ferrer. Se nos va Lopera y este Domingo de Ramos el Gran Poder notará que a su mano le falta el beso de uno de sus hijos más queridos. Seguro estoy que la actual Directiva del Real Betis sabrá estar a la altura de alguien tan importante en el beticismo como Manuel Ruíz de Lopera. DEP.

martes, 19 de marzo de 2024

La bola de cera

Alguien escribió de manera despectiva que en los hermosos días que se avecinan Sevilla se llena de niños grandes.  Al utilizar este concepto de manera peyorativa ignoraba que estaba dando en la diana.  En días tan señalados los niños y niñas de esta tierra se nos presentan como atemporales. Unos por tenerlo todo por vivir.  Otros por tenerlo  todo ya casi vivido.  Los niños-niños y los niños-grandes unidos por la ilusión.  La Ciudad como una mocita casadera se pone cada año el traje de la Primavera y sale a la calle luciendo palmito.  Afloran como moñas de jazmines las sempiternas contradicciones sevillanas que siempre dan como resultado la infinita belleza.  Todo es lo mismo y todo es distinto a la vez. No se trata de entender Sevilla ; se trata de interpretarla.  Los días se nos aparecen tintados con los intensos azules machadianos y en las mágicas noches las estrellas son un manto que nos resguardan del relente.  Hasta cuando aparece la temida lluvia es como si las gotas que caen del cielo fueran un reguero de lágrimas.  Aquí, cuando la emoción se une amorosamente con la tradición, se produce el verdadero milagro de la Fe.  A través de las emociones toma forma la tesis existencial de racionalizar lo irracional.  La solución definitiva a la cuadratura del círculo. La máxima expresión de religiosidad popular.  Vivir para creer y creer para poder vivir.  Aquí a la Fe siempre se le llamó Esperanza.  Poca gente de fuera entiende que, cuando se conocen y asumen los códigos sentimentales de la Ciudad, se puede ser ateo y, paralelamente, emocionarse delante de un crucificado o una virgen bajo palio.  Definitivamente todo queda contextualizado en clave sevillana. Sabemos que la nostalgia siempre será un peaje que pagamos gustoso para poder recuperar cada año a nuestros ancestros. Todos tenemos en la memoria nuestro particular Monte Gurugú por donde siempre suben ilusionados los niños y las niñas y después ya bajan transformados en hombres y mujeres. Todo tras ser abducidos por la magia sevillana y donde ya nunca dejarán abandonada su infancia. La Rampa del Salvador como los mágicos preámbulos infantiles de alocadas carrerillas.  Este milagro  transcurre en una Semana.  Siete días (ahora ya son nueve).  La gloria callejera.  La Ciudad abierta en canal.  El Hijo de Dios y su bendita Madre creados al sevillano modo.  El rachear de alpargatas costaleras.  El tronar callejero  de cornetas y tambores. Una saeta lanzada desde un balcón al mágico embrujo de la noche. Una mirada melancólica tras un antifaz. Un capataz que manda con voz firme bajo un monte de cera y de flores. Unos costaleros que saben bien lo que llevan sobre sus hombros.  Algún que otro figurón de temporada que hasta se duerme estos días con el traje y la medalla puesta.  Unos ojos vidriosos que te recuerdan que todavía sigues por estos lares.  Una cerveza compartida con quienes comparten contigo la aventura de vivir.  Una torrija que siempre sufre la comparación con las que hacia tu madre.  El nudo de una corbata que te recuerda que ese cuello ya no es el de tu juventud. Una nerviosera ante la apertura de una puerta que conseguirá que te acompañe la ilusión en una nueva Estación de Penitencia.  Un niño que te acerca una bola de cera que se engorda con las lágrimas de los cirios encendidos.  Un lema bíblico tamizado al sevillano modo:  “Dejad que los niños se acerquen a mí que de ellos es el Reino…..de la Semana Santa”.   Algo mágico que hizo decir a alguien: “Ignoro si allí arriba existirá el Paraíso pero dudo que pueda ser mejor que Sevilla”.   La bola de cera que nace en un papel de aluminio y nunca deja de crecer cada Primavera.  La vida según Sevilla. 

jueves, 14 de marzo de 2024

Enma Stone


La última entrega de los Oscar nos dejó una enorme satisfacción por entender que las estatuillas tuvieron unos destinatarios que superaban con creces el marco de lo excelente. El Oscar a la mejor interpretación femenina le ha correspondido a la enorme actriz Enma Stone. A sus 35 años de edad ya va por su segundo Oscar. A esto habría que añadirle dos Premios BAFTA; tres SAG, dos Globos de Oro y la Copa Volpi. Insisto, nos referimos a una actriz de 35 años de edad. Dos películas tan distintas como “La La Land” y “Pobres criaturas” nos dan una exacta dimensión de las grandes dotes interpretativas de esta actriz nacida en Scottdale (Arizona). Entiendo que Enma Stone está llamada a escribir con letras de oro el Cine de las próximas décadas. Se demuestra, una vez más, que el talento es atemporal y aparece cuando Dios o la Madre Naturaleza estiman oportuno. La genial Katharine Hepburn está a la cabeza de actrices galardonadas con el Oscar (son cuatro los que contemplan su brillante trayectoria). Las referencias en el Arte y la Cultura siempre son anecdóticas y cada uno/a deben elaborar su propia página en el Libro de la Historia. Enma Stone ha llegado al mundo del Séptimo Arte para dejar una huella indeleble en la Historia Contemporánea del mismo. Es el tiempo como juez supremo quien nos dice sin paliativos los escogidos/as para la gloria del Arte y la Cultura. Una obra o un artista se convierten en clásicos cuando el paso del tiempo lejos de minimizarlos los engrandece cada día. Un artista nunca debe trabajar para la eternidad sino en consonancia con el tiempo que le ha tocado vivir. Lo eterno es tan difuso como concreto lo real. En la entrega de los Oscar a Enma Stone se le rompió la cremallera del vestido. Lo resolvió con la naturalidad que solo está al alcance de las grandes artistas. Habrá que seguir con atención las cremalleras de sus nuevos vestidos pues, a no dudar, se le puede volver a romper cuando recoja un nuevo premio. Enma Stone en la cima de las cremalleras. El Cine en su eterna rueda de los grandes talentos.


martes, 12 de marzo de 2024

Por los caminos de la Esperanza

La vida, ante sus inevitables pesares e incertidumbres, necesita retroalimentarse de la Esperanza. Sevilla siempre se nos presenta como el faro esperanzador ante los fuertes oleajes de la existencia humana. Más que como un antídoto o un paño de lagrimas la Ciudad se nos configura como un manual de respuestas existenciales al sevillano modo. En una hermosa contradicción las dolorosas sevillanas transmiten su inmenso dolor desde la belleza suprema. El sempiterno llanto de las madres sevillanas que siempre llevan colgada de sus cuellos una medalla como antídoto contra la pesadumbre. Junto a las tierras de Macarius vive y recibe una Esperanza de soles y lunas que, tras un Arco, se nos muestra en la plenitud de su incomparable belleza. El mismo Arco que siempre dispara sus flechas de amor buscando acertar en la diana de los más nobles sentimientos sevillanos. Allí donde la Roma Imperial se sevillaniza y donde un bordador consiguió transformar la Semana Santa sevillana con altas dosis de belleza. Al otro lado del río habita una Esperanza que siempre nos espera cuando cruzamos el Puente de todos los puentes. Allí donde la Soleá se hizo eterna en los ecos trianeros y artesanos de los alfareros. Donde el quejío gitano de los Caganchos se convirtió, a golpes de fragua, en un lastimero cante por Siguiriya. Un bergantín trianero que avanza hacia Sanlúcar llevando como timón los ojos más bonitos que dieron esta tierra. Por entre dos Puertas (Carmona y Osario) reina una Esperanza que uniéndose a la Gracia llena cada Domingo de Ramos las calles de la Ciudad con el dulce sabor de los eternos comienzos. Todo bajo el soniquete a golpes de maracas de los “Angelitos Negros” de Antonio Machín. Por los confines de Capuchinos aparece una radiante Esperanza espejo sublime de pura sevillanía. La finura sevillana reflejada en su máxima expresión. Allí donde Carmona pasa de pueblo a Carretera y un Santo italiano enseña las cuatro reglas con el prisma de la infinita bondad. Una Esperanza que funde su infinita belleza tomando como propio el solemne y mágico halo de la Santísima Trinidad. Allí donde la Ciudad marcaba una línea entre intramuros y extramuros para recibir a los viajeros románticos y despedir a los que buscaban fuera nuevos horizontes. Todos los caminos conducen a Roma y todos los caminos de la Esperanza nos llevan a Sevilla. Al final todo termina cuadrando: Roma y Sevilla buscándose en la Esperanza.

jueves, 7 de marzo de 2024

Bob Dylan

El próximo día 24 de Mayo Bob Dylan cumplirá 83 años de edad. Ya tiene programada una nueva Gira. Con el girar de Dylan también gira el mundo al compás de sus canciones. Es realmente complicado analizar las últimas décadas del siglo XX y las primeras del sigo XXI sin la aportación cultural y artística del Genio de Minnesota. Nunca tendremos claro si Dylan es un poeta que canta o un cantante que escribe poesía. Lo cierto es que unida a su guitarra o a su armónica se desgrana el Arte en su máxima expresión de  nobleza. Las letras de sus canciones son un compendio contemporáneo en lo social, lo filosófico y lo espiritual (acorde con sus profundas convicciones religiosas y su indesmayable lectura de la Biblia). Su hermetismo y su animadversión hacia algunos medios “deformativos” no son mas que una defensa de su legado ante el filtro de la superficialidad. En el año 2016 la Academia Sueca le concedió el Premio de Nobel de Literatura y tardó tres meses en recogerlo. No haré un falso ejercicio de progresismo para decir que Bob Dylan ocupa el epicentro de mis más íntimas emociones musicales. Ese sitio lo ocupa desde hace muchos años el gran Paul McCartney y ya dudo que nada ni nadie pueda sustituirlo. Esto no es óbice para reconocer sin ambages las enorme trascendencia de Dylan en la Cultura y el Arte contemporáneo. Sus progresivos avances en distintas modalidades musicales son un canto a la perseverancia y al talento. Con casi 83 años de existencia su vida y su obra lo convierten en una leyenda viviente. Un cantante-poeta de soles y lunas que trasluce en sus canciones nuestras grandezas y flaquezas como seres humanos. Bob Dylan es el testaferro principal de un tiempo que huele a pólvora, a hachís, a rosa tempranera, a libros prestados, a búsqueda de libertades, a incertidumbre existencial, a amores de contrabando, a manifestaciones pacifistas, a amaneceres luminosos y a largas noches de insomnio. Un Profeta de canciones inolvidables que busca siempre en el horizonte un mañana que nunca termina de llegar. Dylan, Bob Dylan como ejemplo paradigmático de lo que fuimos y lo que somos. Imaginar esta época sin sus canciones y su presencia sería como imaginar la noche sin el día. Una perfecta comunión entre el mensajero y los receptores del mensaje. Bob Dylan ante la insoportable levedad del ser. 

martes, 5 de marzo de 2024

Plaza de la Contratación

La Semana Santa sevillana se retroalimenta de recuerdos emocionales donde la familia y los amigos forman un núcleo sentimental absolutamente imprescindible. La pertinaz aparición de la nostalgia por lo vivido y, fundamentalmente, por los seres queridos ya ausentes y perdidos por los senderos de la vida. Quienes se fueron siempre serán un bastión donde poder agarrarse ante las incertidumbres de la existencia humana. La orfandad de los hijos del azahar. Alguien dijo que conviene vivir “con” los recuerdos y nunca “de” los recuerdos. La aparición de la nostalgia en la Navidad y la Semana Santa son diametralmente opuestas. La primera es una fiesta familiar intimista donde a ciertas edades se padece el síndrome de las sillas vacías. La segunda se manifiesta en un espacio publico (la calle) logrando que la nostalgia se difumine de manera gozosa por las calles y plazas de la Ciudad. Las ausencias añoradas y sentidas bien de puertas adentro o bien de puertas afuera. Todos tenemos en estos días un mágico sitio callejero donde, cada año, se producen los encuentros sentimentales entre los presentes y los ausentes. El mío siempre será la Plaza de la Contratación. Allí, cuando de niño procesionaba con mi Hermandad de la Candelaria, siempre me esperaban mi madre y mi abuela Teresa. Con su presencia, aparte de ánimos, también me daban un bocadillo de tortilla y una botella de agua. Siempre me aconsejaban que racionara la tortilla con el agua pues, fruto de la sed del camino, podía beberme la botella de agua de un tirón y luego engolliparme con la tortilla. La presencia de estas dos mujeres con su aliento y el suculento condumio me aportaban lo que yo necesitaba para aguantar el tirón hasta el puerto de San Nicolás. ¿Quién puede olvidar aquellos mágicos momentos de la niñez? Las Fiestas Mayores de la Ciudad no lo son tanto por grandes sino por intensas. ¿Cómo olvidar aquellos primeros amores juveniles contemplando emocionados el discurrir de un paso de palio? ¿Quién un Domingo de Ramos a las tres horas de estar en la calle no se acordaba de toda la familia de Calzados Segarra? La Primavera sevillana se nutre en estos mágicos días con los sublimes compases de Vivaldi; con una saeta de La Niña de la Alfalfa ; con una sevillana de El Pali y con una mirada turbadora en la cola de la noria. Estoy convencido de que cuando la Candelaria pasa cada Martes Santo por la Plaza de la Contratación mi memoria sentimental se activa y se nutre de los mágicos recuerdos. Allí siempre estarán dos mujeres que cada año bajan del cielo para animar y cuidar a un niño que es sangre de su sangre. Al final la ecuación no era tan dificil: Martes Santo, una Plaza, una Virgen, dos mujeres, una tortilla de patatas, una botella de agua y un nazarenito con una túnica blanca como el armiño. Una Historia interminable y siempre inacabada unida por los eslabones de quienes se fueron, quienes están y quienes vendrán. La vida según Sevilla.

viernes, 1 de marzo de 2024

Un fantasma recorre España



Ese fantasma que decían que recorría Europa era el comunismo hoy ese fantasma se llama corrupción. El comunismo terminó sus días con un baño de sangre entre sus mejores revolucionarios (el cruel y feroz estalinismo) y una gran alteración en sus principios fundamentales: al final no se repartió la riqueza, se repartió la pobreza. La corrupción política es un fenómeno global que no hace más que mostrarnos la enorme miseria moral de algunos seres humanos. España que desgraciadamente siempre se suele apuntar a todo aquello que la envilece no podía ser una excepción. Cuando una persona roba (sin ningún acto de violencia) para cubrir las necesidades extremas de su familia no es un ladrón es un superviviente. Los corruptos forman parte de otro grupo de ladrones. Roban (de forma prioritaria del erario publico) para tener acceso al lujo mas desmedido y así poder desarrollar una personalidad que se mueve entre la avaricia y la horterada. Todo para poder poseer coches de alta gama, lujosas casas, fiestas bacanales y viajes paradisiacos (sin entender que el verdadero paraíso está allí donde duerme plácidamente la conciencia). Como diría Machado: “mala gente que camina y va apestando la Tierra”.  Les da igual conseguir su ansiado botín en la situaciones mas extrema de la población (Pandemia). Carecen de escrúpulos y todo gira en torno al “poderoso caballero que es don dinero”. Los ladrones de lo público no tienen más ideología que la acumulación de riqueza. Mal hacemos cuando solamente situamos a los corruptos en aquellas ideologías distintas a la nuestra. Los hay en todas partes y, es verdad, que no todos los Partidos actúan con sus corruptos con verdaderas medidas ejemplarizantes. Cuando un político proclama a los cuatro vientos tolerancia cero con la corrupción hay que investigar de cuantos ceros se componen algunos saldos bancarios. Es preocupante que entre los dos grandes Partidos de este país no se unifiquen criterios para crear leyes que ataquen a la corrupción desde sus raíces. Se prefieren los numeritos parlamentarios del “y tú más” antes de profundizar en el fondo de las cuestiones. Hace tan solo unos días leía un informe sobre los miles de millones robado por los corruptos en los últimos año a las Arcas Públicas. ¡Cuantos graves problemas sociales se podían haber resuelto con ese dinero!  Aquellos espeluznantes datos te situaban entre el vértigo y el asco. Al ser pillados in fraganti los corruptos se buscan buenos (sobre todo caros) abogados que se saben mover dentro de los laberintos burocráticos de la Ley. No se puede evitar que la gente de la calle siempre haya tenido la percepción que las leyes, en sus aspectos punitivos, siempre se aplican contra los mas desfavorecidos. Un fantasma recorre España y arrastra sus cadenas doradas entre el estupor de las personas decentes y la parsimonia de algunos Partidos políticos.