viernes, 23 de junio de 2017

Menta y canela






Como pasó siempre junio avanza imparable hacia la plenitud del largo, riguroso y calido verano sevillano.  Sevilla es una ciudad donde nunca existió el término medio y el necesario equilibrio ni está ni se le espera.  Por esta tierra de María Santísima o hace frío, mucho frío, o hace calor, mucho calor.  Esta pasada  Semana Santa tuvo días en los que sobrepasamos de largo los 30 grados y tuvimos que recurrir por la vía rápida al encuentro del “Marqués de Gambrinus”.  En teoría, Sevilla es de las ciudades del mundo a la que peor le debía sentar la lluvia pero, sin embargo, está hermosa hasta cuando llueve. Sevilla combina a la perfección y de manera armoniosa lo estentóreo y el recogimiento. Un frió que se mete en los huesos y que nos hace acordarnos del vuelo del grajo. Un calor –“la caló”- que nos llega en la primavera y que se mantiene activo entre nosotros durante no menos de cinco meses. Sevilla es silencio de ruán que solo se percibe en el rachear de alpargatas costaleras y crujías de canastos de caoba pero también es bulla callejera y tronar estruendoso de cornetas y tambores. Esto forma parte de la Ciudad: el silencio más envolvente y el ruido más estremecedor. Esta, más que una ciudad dual, es una ciudad que como ninguna otra asume y dimensiona sus sempiternas contradicciones.  Se confunde el tópico con lo típico y siempre se sintió huérfana de elementos racionales y equilibrantes. Puede que la causa esté en unos orígenes donde se dieron cita de manera escalonada un crisol de culturas y religiones.  De manera apasionada la criticamos y la amamos a parte iguales,  pues bien cierto es que aquello que mucho amas mucho te hará padecer. Busquen un rincón del mundo donde mejor se armonicen la tradición con la vanguardia y difícilmente lo encontrarán. ¿Ombliguismo?  ¿Autocomplacencia? Posiblemente, pero ya lo dejó escrito don Antonio Gala....”Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo....lo peor es que puede que tengan hasta razón”.  Menta y canela fundidas en un perfume de pura sevillanía.  





Juan Luis Franco – Viernes Día 23 de Junio de 2017



miércoles, 21 de junio de 2017

Pena sin destinatario






Estamos viviendo una época ciertamente preocupante. No solamente nos están quitando el sosiego y la necesaria paz interior sino, para más inri, hasta nuestros sentimientos más profundos se mueven entre el olvido y la desgana.  Ayer, de manera casual y a través de un amigo común, me enteré del fallecimiento de uno de mis más grandes amigos. Se nos ha muerto Perico y ya descansa el sueño de los justos sin ni siquiera haber podido darle un último adiós. Nadie, absolutamente nadie, tuvo a bien marcar en su móvil un número (el mío) que me hubiera abierto en canal la pena asumida por tantos momentos compartidos.  La pena más triste es aquella que, aparte de no ser compartida, no tiene un claro destinatario.  Nunca conocí a nadie que, como Perico, tuviera un talante más optimista.  Un vitalista al que tuve la suerte de tener de amigo y compañero en mi infancia y juventud.  Un pintor de brocha fina que le daba brochazos a la vida en cualquiera de sus circunstancias.  Hace tiempo, demasiado tiempo, que no tenía noticias suyas y la última vez que me lo encontré en la calle (hace ya demasiado tiempo) apenas se sostenía en pie y el hablar de forma coherente se le hacia casi imposible.  Pero, eso si, su eterna sonrisa la tenía estampada en un rostro que ya nos avisaba que su vida tenía fecha de caducidad.  Después no volví a verlo y las noticias que me llegaban de su persona cada vez eran más preocupantes. Entono el “Mea culpa” por no haberme preocupado de tenerlo más presente en su última etapa existencial.  Me producía bastante pesar verlo en su estado y esto no hace más que situarme en el lado donde los humanos siempre se terminan justificando. El que esté libre de olvidos que tire la primera pena.  Se fue Perico y lo recordaremos como un hombre que tuvo como principal misión en la vida ser feliz haciendo felices a los demás.





Juan Luis Franco – Miércoles Día 21 de Junio del 2017



lunes, 19 de junio de 2017

Luna de Junio




La noche tiene cosillas
Que de día se ocultaban;
Se olvidaban las rencillas
Dejándolas donde estaban.

Suspiros de enamorados
Que el aire lleva prendido,
Hilos de oro bordados
En el manto del olvido.

La noche de aquel verano
Me diste en la boca un beso;
Por el mismo vivo preso
Llevando a Dios de la mano.

¡Dios mío que disparate,
Busque  la luna de junio
Detrás de un escaparate!


Juan Luis Franco – Lunes Día 19 de Junio del 2017

jueves, 15 de junio de 2017

Dimes y diretes






Pasamos la vida entre dimes y diretes preguntándole cada día a la mañana si ella sabe donde se oculta la luna. Vamos de nuestro corazón a nuestros asuntos hablando donde debíamos callar y callando donde debíamos hablar.  Vemos como la parca atrapa a algunos de los nuestros y entramos en los hospitales con visitas tan fugaces como solidarias. Tenemos, no pocas veces, la sensación de que nuestro mundo se evapora cada día un poco más. Observamos como los ateos tienen a Dios (para negarlo) permanentemente presente mientras  que los creyentes (para reafirmarlo) rezan susurrando enredados entre las dudas y las certezas. Comprobamos que para una minoría dos y dos son cinco y para la inmensa mayoría simplemente son tres. Escuchamos atentamente intentando inútilmente distinguir las voces de los ecos. Leemos sin comprender el significado de las palabras en libros que siempre permanecen abiertos. Buscamos a nuestra perdida juventud recontando estrellas en las noches de verano. Cerramos los balcones para que la luz se distribuya por las ventanas del alma. Temblamos de emoción cuando el Arte se hace Cultura y la Cultura se hace Arte. Soñamos navegando por los mares de los sueños en barcas de remos compartidos. Pactamos con Dios y el diablo buscando siempre los caminos menos tortuosos. Volamos las cometas de cañas que siempre quedan varadas en la última playa.  Estamos.....todavía.





Juan Luis Franco – Viernes Día 16 de Junio del 2017



miércoles, 14 de junio de 2017

Perdona a tu Pueblo






Cada época se articula con hábitos nuevos y costumbres viejas.  Cuanto de positivo o negativo tengan las mismas ya es harina de otro costal.  Es la sempiterna y difusa cuestión para dilucidar cuanto de bueno o malo existe a nuestro alrededor.   De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda el pedir disculpas ante las continuas paparruchadas o dislates cometidos. En las redes sociales “desarrollan” una broma macabra sobre el holocausto judío; banalizan los horrores de ETA; propagan una vil y mezquina descalificación sobre una persona honrada o desarrollan una pelea a mamporros de padres en un partido de fútbol de infantiles o juveniles. No importa, todo es solucionable bajo el manto del arrepentimiento. A posterioridad y visto el revuelo levantado se pide públicamente perdón por los desmanes cometidos y “aquí paz y después gloria”.  Se dice que... “no estaba en mi animo faltarle el respeto a nadie y lamento si alguien se ha sentido ofendido” o bien...”nos dejamos llevar por el acaloramiento y sentimos el ejemplo que hemos dado a nuestros hijos”.  Cuando las disculpas son sinceras poco (o ningún) trabajo cuesta aceptarlas. Pero, ¿dónde quedan los necesarios propósitos de enmienda?  Alguien dijo que: “Una persona en soledad piensa y discurre; con dos charla; con tres debate; con cuatro discute y con cinco se va a la guerra”. Pero, como toda regla tiene su excepción, los estúpidos cuando piensan y teclean en solitario sus ordenadores son doblemente peligrosos. La nieta de Carrero Blanco y la siempre ejemplar Irene Villa dejaron testimonio por escrito de no elevar a penal lo que simplemente son estupideces.  En este país, le pese a quien le pese, el único que ha pedido perdón con la inclusión del propósito de enmienda ha sido el Rey (emérito). Errar es humano y perdonar es darle sentido a la condición humana. Perdona a tu Pueblo Señor y sobre todo a la estupidez de algunos seres humanos.





Juan Luis Franco – Miércoles Día 14 de Junio de 2017



lunes, 12 de junio de 2017

Divagando por los sueños






Cada cierto tiempo necesito un proceso curativo de introspección.  Durante tres o cuatro días solo salgo por la mañana para dar largos paseos y así poder coger “la cueva” con ganas y con un cierto frenesí interior. No me relaciono con nadie y me dedico preferentemente a leer, escuchar a Bach y a emborronar cuantas páginas en blanco me ofrece la pantalla del ordenador. Me suelo olvidar completamente del reloj y me alimento cuando me lo pide el cuerpo. La televisión y la radio las tengo esos días dentro del ostracismo más absoluto.  Resulta ciertamente frustrante como te acuestas cada día con el saco lleno de sandeces escuchadas y pocas, muy pocas, cosas inteligentes. Vivimos un mundo de muchos “maestros” y muy pocos alumnos. Tengo una cierta sensación de que, a ciertas edades, el tiempo no es un valor añadido sino estrictamente necesario. Durante esos días vivo una especie de retiro espiritual procurando que nada ni nadie lo interrumpa.  Más que un ejercicio de misticismo me resulta un encuentro cara a cara con el hombre que habita en mis adentros.  Para algunos esto no dejaría de ser un ejercicio de mera cursilería pero mala cosa es responder a los demás sin responderse uno previamente. Existen cosas que me hubiera gustado hacer y que ya se me antojan imposibles. Ver un partido de fútbol en “Old Trafford”. Visitar en Liverpool La Caverna (“The Cavern Club”) donde empezaron “The Beatles”. Asistir al “Concierto de Año Nuevo” en Viena.  Llevarme una semana en Florencia y pasear por sus calles en sus luminosos atardeceres.  Ir a Praga tras los pasos de Franz Kafka. En fin “cosillas” que cuando pude llevarlas a cabo me dio pereza y ahora manda en mi generación el implacable 0,25 del “aumento” de las pensiones.  Divagar y soñar todavía resulta gratis. No descartemos que un día alguien saque un nuevo impuesto por soñar.





Juan Luis Franco – Lunes Día 12 de Junio del 2017



viernes, 9 de junio de 2017

Raíles






Venía desde Dos Hermanas (la tierra de Juan Talega) de comprobar in situ que mis nietos progresan más que adecuadamente. Están guapos de coj.... y me sostienen con sus risas en este mundo de falsos pergaminos, mustias doncellas, inmisericordes mercaderes y alegres vividores.  El tren de cercanías que viene de Utrera y llega hasta Lora del Río viene con poca gente y se nota un halo de tranquilidad entre los pocos viajeros. Veo a una muchacha cincuentona con una belleza rotundamente sevillana mientras lee un libro al que, por la distancia, no acierto a ver el titulo.  Dos mujeres mayores en perfecto estado de revista hablan en voz baja de sus cosas y de sus casos. Dos adolescentes se entretienen cada una en sumergirse en sus móviles para hablar con los que tienen lejos obviando a la que tienen cerca. Una madre joven le da amorosamente un biberón a un niño rubio que parece salido de un anuncio.  Un hombre de mediana edad con su mono de trabajo encasquetado se está quedando dormido a pesar de su inútil resistencia. Pasa por el pasillo un vigilante de seguridad con una porra atada al cinto y un chaleco de seguridad tan grande que le tapa completamente los hombros. La tarde se está muriendo poco a poco y esa luz tan machadiana y tan nuestra se resiste a dejarnos del todo. Por los auriculares me está sonando José Mercé por Bulerías. Una sensación de felicidad me recorre la espalda y doy gracias a Dios por todavía poder dar fe de estos mágicos momentos. Cierro los ojos por un momento y me brota solo este poema:



“La tarde va entre raíles

                                 Por los sueños caminando

                                 Suspiros salen a miles

                                Que sus notas van dejando.



                                ¡Dios mio cuanta hermosura

                                Que al loco lo vuelve cuerdo

                                Y al cuerdo le da locura!







Juan Luis Franco – Viernes Día 9 de Junio del 2017



miércoles, 7 de junio de 2017

Alimento del alma






“Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día, como el aire

que exigimos trece veces por minuto”

- Gabriel Celaya -



Desde la antigua Roma y, posiblemente, desde etapas anteriores la poesía es lo único que consigue perdurar y vencer a los avatares del tiempo. Permanece inalterable para dar testimonio -con sus grandezas y miserias- del paso por la tierra de los seres humanos. En los epílogos existenciales siempre queda la poesía y quedan los grandes poetas que le dieron forma y contenido. La poesía siempre ha tenido “mala prensa” y siempre se ha considerado a los poetas como gente rara que se dedican a cantarle a la luna y a soñar amores imposibles.  Es único y memorable el “plantel” de grandes poetas que ha dado esta  España nuestra de camisa blanca e ideas negras (en Andalucía y Sevilla ni les cuento).  La vida sin la poesía siempre será menos vida. La poesía está en la buena música; en las buenas películas; en las buenas obras de teatro; en la pintura y, como es natural, en la rima de los poetas.  La naturaleza nos muestra su divina paleta de colores a través del mundo de la poesía.  El amor, los amores, empiezan casi siempre de manera poética y, no pocos, terminan como terminan. Si asumimos que corren malos tiempos para la lírica en lo que a poesía se refiere es una época de absoluta marginación. Tenemos a grandes poetas contemporáneos que son obviados culturalmente entre la desidia y la falta de lectores.  Si una etapa tan convulsa como la actual no tiene poetas que den testimonio de la misma pasaremos del vacío a la nada. Vivimos en el alambre sin la protectora y necesaria red sentimental  de la poesía. El alimento del alma duerme su ostracismo entre códigos de barras y claves.  Números, números y más números. Un día la noche se hará eterna y cuando convoquemos a los poetas ya será demasiado tarde.  Nuestro ostracismo los habrán enterrados en vida.





Juan Luis Franco – Miércoles Día 7 de Junio del 2017



lunes, 5 de junio de 2017

El clan de los raros






Pocos reparos tengo en reconocer mi pertenencia al clan de los sevillanos raros. Grupo algo más numeroso de lo que muchos piensan y, en la actualidad, con una clara tendencia al alza. Valorando con un cierto orgullo mi pertenencia a este clan no es menos cierto que no tengo nada claro si sus miembros responden a perfiles homogéneos. La rareza siempre ha tenido –y tiene- muy mala prensa y los llamados “raros” suelen ser tachados de manera generalizada de personas hurañas, poco o nada sociables y con una introspección casi enfermiza. Nada más lejos de la realidad. El “raro” sevillano se mueve en círculos concéntricos y ni alardea ni se arrepiente de su condición. Se mueve, en bastantes ocasiones, entre la nostalgia y la esperanza mostrándose como un eficaz antídoto contra el “figuroneo” que literalmente nos invade. Desde mi juventud me percaté muy pronto de que siempre (como mi padre y mi tío Antonio) formaría parte de los  sevillanos “raros”. Soy un bético nada proclive al antisevillismo.  Un creyente de fe tardía con un margen de duda razonable. Un confeso machadiano con grandes dosis del poemario de Lorca y Luis Cernuda. En lo flamenco un caracolero que cada día escucha más a Antonio Mairena. Un candelario que se nutre del calor de la candela de sus ancestros. Un firme socialdemócrata que se pierde buscando la urna donde depositar su voto y el marco donde hacerlo con sus ideas. Un sevillano que desde hace muchos años tiene claro quien es su Señor; donde depositar su Pasión y donde radica en Sevilla la Esperanza.  Un viandante de  paseos mañaneros  solitarios que a veces sufre con lo que ve y disfruta con lo que le cuentan. Un franciscano vocacional que camina por la vida tras la bandera del civismo, el respeto, el romanticismo y la solidaridad. Un cachondo mental que se ríe “con” la gente y nunca “de” la gente.  Un mar de contradicciones que prefiere navegar en solitario antes que atracar en el muelle de los pusilánimes. Para entendernos: “un sevillano raro donde los haya”.





Juan Luis Franco – Lunes Día 5 de Junio del 2017







viernes, 2 de junio de 2017

Procesando




“Lo sorprendente no es que una

persona inteligente diga una

estupidez sino que un estúpido

diga algo inteligente”



Procesando que es gerundio. Vivimos una época donde la información nos llega desde fuentes muy diversas y llevando implícita su pronta fecha de caducidad.   El “notición” de un lunes a las diez de la mañana a las seis de la tarde ya será amortizado y el martes será carne de hemeroteca.  Intentar procesar todo cuanto nos llega y distinguir lo verdadero de lo falso se nos presenta una tarea arduamente compleja. Lo positivo y lo negativo se entremezclan en el difuso campo de las ideas. Somos demócratas en una democracia secuestrada por corruptos y falsos legisladores. Los referentes morales y/o intelectuales que toda sociedad necesita son obviados y marginados de manera sistemática.  Gente con inquietudes culturales dentro de una Cultura que confunde lo falsamente transversal con el verdadero vanguardismo y lo obsoleto con lo tradicional. Fabricantes de dioses hechos a la medida de sus espurios intereses nos lanzan proclamas donde poco –o nada- interesan las vidas de las personas. Ateos que se llevan más tiempo hablando (mal) de Dios que los propios creyentes.  Nos hicieron colgar nuestros principios en el perchero de la historia para demostrarnos  que sin “ellos” la vida se vuelve más placentera. La verdad tiembla dentro del territorio de la mentira que han instalado en nuestras vidas. Procesamos cuanto nos llega a salto de mata y  los “buenos” y los “malos” se confunden en la nebulosa de los días.  La “Teoría del caos” hace tiempo que marcó en nuestras vidas sus implacables pautas de comportamiento.  Buscamos inútilmente la justicia en la legalidad y la decencia entre los mercaderes del todopoderoso dinero. Pero, como buenos gladiadores, no abandonaremos el “circo” sin vender cara nuestra derrota. España antes olía a pueblo y hoy huele a fibra óptica y a mentiras programadas. Estuvimos, estamos y estaremos procesando la vida que nos ha tocado vivir. Confundidos en un laberinto sevillano de claveles, rosas, setos de mirtos y cipreses. Nadie hablará (bien) de nosotros ni estando ya en el reino de los ausentes.   





Juan Luis Franco – Viernes Día 2 de Junio del 2017



miércoles, 31 de mayo de 2017

Pepe Luis






Las circunstancias de la vida y los tiempos que corren hacen cambiar a la gente y las pocas personas que se apoyan en el firme convencimiento de sus principios esos nunca cambian. Lo de renovarse o morir no va con ellos pues no están por la labor de falsas renovaciones ni tampoco por morirse hasta que les llegue su hora.  Pepe Luis pertenece por pleno derecho a este último grupo. Lo conozco desde la infancia y este antiguo vecino del Callejón Dos Hermanas  -en pleno corazón de la Puerta de la Carne-  es de los que no se rinden. En el fondo es un izquierdista bohemio y soñador  y en las formas un sevillano que se agarra a las aristas de los bancos de los Jardines de Murillo para no perder sus raíces. Vive desde hace años en el campo junto a su compañera, sus recuerdos y sus perros. Allí fabrica utensilios artesanales que luego vende en la Plaza del Duque de la Victoria.  Sus hijos hace tiempo que buscaron sus futuros allí (en el extranjero) donde se valora el talento y la perseverancia. Un espíritu insobornable que irradia vida y decencia por todos los poros de su piel.  Un antisistema de los de verdad y que lleva grabadas a flor de piel las secuelas del Mayo francés del 68.  Su vivienda en la Puerta de la Carne era lugar de citas y reuniones de los pocos que entonces nos movíamos en la clandestinidad sevillana. Allí vivía junto con su hermana (una muchacha adorable y que hacia de la discreción virtud) y pocos eran los que no conocían la casa de Pepe Luis. Aquello, para entendernos, era el “co.. de la Bernarda”. Lo mismo servía para una reunión clandestina que para un desfogue sexual o para ocultar a alguien que buscaba la Brigada-Político-Social de la época. A Pepe Luis nunca le importó poner su vida y su casa a disposición de una causa en la que hoy todavía sigue creyendo. Lo veo con frecuencia entre los vendedores ambulantes de la Plaza del Duque y me ruboriza el que piense que mis opiniones siempre serán mejores que las suyas. Pepe Luis es el antídoto que mi conciencia necesita para recuperar viejas ilusiones y nobles proyectos.  La diferencia es que yo me hago cada día más viejo (pragmático) y él se hace cada día más joven (idealista). Gente pacifica y solidaria que hicieron de la utopía una fiel e inseparable compañera de viaje. Manantiales de agua fresca en una sociedad resecada por la mentira. Sevillanos ajenos a las tradiciones pero fieles testaferros de la Ciudad.





Juan Luis Franco – Miércoles Día 31 de Mayo del 2017


www.tomadehoras.blogspot.com/        juanluisfranco@hotmail.com

lunes, 29 de mayo de 2017

Exilio interior






“Todo el que llega a viejo acaba

 siendo un extranjero en el tiempo”

- Antonio Muñoz Molina –



En no pocas ocasiones pensamos, decimos y hacemos cosas totalmente distintas.  Los seres humanos llevamos implícitas una buena dosis de severas contradicciones.  Tenerlas nos humaniza y luchar contra ellas es una de las tareas más nobles a la que podemos dedicar el tiempo que nos va quedando. Con el paso de los años, rendido a la inapelable sensación de que ya flota en el viento tu fecha de caducidad existencial,  no es cuestión de perder el tiempo en cosas o gentes que poco o nada te interesan. Ya no se trata de aprovechar los días haciendo muchas cosas sino el hacerlas de manera pausada y buscando en ellas el placer de estar vivo y, todavía, ilusionado. No podemos deshacer el pasado en aquello que no nos gusta ni tampoco prepararnos para un futuro que ya no nos pertenece. Esta Ciudad nuestra es mágica por las infinitas lecturas que nos proporciona a diario. Aquí, como en ninguna parte del mundo, se dan la mano lo insustancial y lo más genuinamente profundo. La belleza más clara y diáfana con el pastiche más hortera y estentóreo.  Los “figurones” que escriben media docena de libros al año y que en Castilleja de la Cuesta ya son unos perfectos desconocidos con los poetas de puertas cerradas y jardines abiertos. Los que permanentemente martillean los clavos del Jesús Redentor y los que, en clave machadiana, los desclavan para ayudar a cruzar los mares a los desheredados de la Tierra. Vives, en no pocas ocasiones, como un exiliado en tu propia tierra. Vas de tu corazón a tus asuntos sorteando el falso romero de las calles. Pero es la Ciudad -tu Ciudad- la que nunca te dará la espalda.  Ella es tan firme que nunca han podido –ni podrán- terminar de derribarla.  ¡Con lo mucho –y los muchos- que a lo largo de su Historia lo han intentado!  Esta no es tierra para pusilánimes. 





Juan Luis Franco – Lunes Día 29 de Mayo del 2017





jueves, 25 de mayo de 2017

El sueño de los justos






“Y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son”.

- Calderón de la Barca -



Es justo, valiendo la redundancia, que el justo sueñe.  Soñar, aparte de necesario, es muchas veces imprescindible. No la ensoñación del bobalicón que mira la luna mientras no se percata de que le están robando la cartera. Cuando ya se lo han llevado casi todo que no nos quiten también la capacidad de soñar. Los flamencos de Utrera sueñan con Lebrija y los de Lebrija viven soñando con Utrera. Sueña el pato silvestre con ayudar en el aire a la cigüeña que porta niños en su pico. Soñando está el enamorado con pillar a su amante al resguardo de un pajar.  Sueña el enfermo con la salud perdida y sueña el verso suelta en verse atrapado amorosamente en un poemario. “Eres el triste palacio / donde cien príncipes soñaron con la gloria / donde cien reyes soñaron con el amor y se despertaron llorando”.  ¿Soñamos para eludir la realidad de realidades o para vivir con un plus sentimental? ¿Qué son las Artes y la Cultura más que una hermosa y palpable posibilidad de soñar?  Soñar, soñar, soñar....es gratis y, además, necesario. El sueño de los justos cruzando la barrera de los tiempos....”y los sueños, sueños son”.





Juan Luis Franco – Viernes  Día 26 de Mayo del 2017





miércoles, 24 de mayo de 2017

Extraños en un Bloque






Comparto vivienda dentro de un Bloque de 9 plantas (36 pisos) con el añadido de cuatro locales comerciales.  Con la mayoría de los vecinos me relaciono a través de los saludos de rigor al tomar el ascensor, en alguna reunión de comunidad o en algún breve encuentro callejero. Los Bloques de pisos, para lo bueno y lo malo, son una forma de vida donde prima el individualismo y la falta de sociabilidad. Tengo una cierta relación afectiva con siete u ocho vecinos de los llamados “antiguos del Bloque”.  Afortunadamente aquí todo gira en torno a las buenas costumbres y, a que negarlo, vivir bajo estas premisas me resulta bastante agradable.  Los que bien me conocen saben que la gran ilusión de mi vida hubiera sido terminar mis días allí donde transcurrió mi infancia y juventud pero, al final, las circunstancias imponen su férreo dominio. Por mi inveterada curiosidad recuerdo a un vecino que consiguió llamar poderosamente mi atención.  Este hombre ya algo mayor, de aspecto muy pulcro y de extremada educación, vivía solo y poco más ofrecía que los saludos protocolarios que marcan las reglas del civismo.  Sobre las ocho de la mañana solía bajar en chándal y daba un largo paseo por el parque aledaño. Luego antes de cambiarse de ropa subía a su casa y bajaba con un pincho y una gran bolsa recogiendo todos los desperdicios que la gente tiraba en los aledaños del Bloque. Después depositaba la bolsa en un contenedor y desaparecía del mapa.  Vivió entre nosotros unos tres años y un día desapareció tan fugaz como nos llegó. Su buzón de comunidad solo tenía el nombre del piso y ninguna alusión a la persona que lo ocupaba.  Nadie sabía como se llamaba y los vecinos de su planta me dijeron un día que dentro del piso se escuchaba una “música muy rara” (música de jazz para entendernos). De tarde en tarde lo visitaba una muchacha joven tan hermética como la persona a la que iba a ver.  ¿Quién era este hombre?  ¿De donde vino y hacia donde se fue?  Preguntas que no nacen del chismorreo sino de la curiosidad por desentrañar los vericuetos del alma humana. Por esas casualidades que la vida nos depara un Lunes Santo lo vi en la cola del besamanos del Señor de Sevilla.  Estaba acompañado de la muchacha que lo visitaba y de una niña de unos diez años de edad. Cuando se percató de mi presencia se acercó a saludarme cortésmente y se reincorporó a la fila. Extraños unidos en la Plaza de San Lorenzo.  La vida creando y despejando incógnitas.





Juan Luis Franco – Miércoles Día 24 de Mayo del 2017



martes, 23 de mayo de 2017

Volver, volver, volver......



Existen días en nuestras vidas que se nos presentan insípidos y carentes de acontecimientos dignos de ser tenidos en cuenta. Otros, sin embargo, vienen cargados de noticias que a la postre serán carne (con tomate) de tertulias en bares y centros de trabajo (para los que afortunadamente lo conserven todavía).  Este pasado domingo fue uno de esos días donde lo noticiable se adentró de sopetón en nuestra manera de pensar y sentir.  En lo político se celebraron las Primarias para ocupar la Secretaría General del PSOE. Como socialdemócrata converso y confeso (aunque sin militancia activa ni carnet de ningún partido a lo largo y ancho de toda mi vida) no podía dejar de interesarme por el desenlace de este proceso socialista donde, entre los tres candidatos, solo tenían posibilidades reales dos de ellos. Para muchos con los que estos días he tenido ocasión de cambiar impresiones estas dos opciones se debatían entre lo malo y lo peor. Sinceramente poco o nada me interesan los/as políticos/as “de laboratorio” que hacen de la política su única profesión y del –su- “Partido” una herramienta para lograr sus ¿legitimas? ambiciones personales. Tampoco los “aventureros” que cambian de opinión de la noche a la mañana y se dejan cortejar poniendo a la socialdemocracia española en las interesadas redes del “populismo”. Me lo decía mi añorado y recordado  abuelo Félix...”Niño, cuídate de las malas compañías que más vale solo que mal acompañao”. Los militantes socialistas han hablado de una manera absolutamente libre y democrática (excelente lección de libertad individual) y han elegido como Secretario General a quien ellos creen que mejor puede representar los intereses del socialismo español en horas tan extremadamente complicadas. La otra candidata a pesar de contar con el total beneplácito y apoyo de la “vieja guardia” (más vieja por obsoleta que guardia de saber guardar las esencias) y de una actuación, teñida de favoritismo por parte de la... (bueno, vosotros mismos), ha perdido clamorosamente. Su actuación en la noche de su descalabro fue absolutamente lamentable. Les habló a los allí congregados rodeada de no menos de catorce personas (un telón de fondo para corporativizar la derrota) y fue incapaz no solo de felicitar al ganador sino siquiera de citar su nombre (cosa, que en un gesto que le honra, si hizo Patxi López). Tengo la impresión de que estas dosis de soberbia política poco, o nada, van a ayudar para restañar las heridas abiertas en el Partido Socialista.  Pero, ¿y Andalucía? ¿Por qué en todos los frentes abiertos en este país siempre le toca “quedarse con los muertos” y retirar la  que no les sirve a los demás?  En fin, este domingo también pasaron otras cosas dignas de resaltarse.  El Madrid ganó la Liga (creo que es la treinta y tres).  Sampaoli se ha ido a su Argentina natal cantando el tango de Gardel....”Volver, volver, con la frente marchita” (no se olvide que ha dejado 72 puntos en el saco)  y, en lo personal,  ya dispongo de tres Lorenzo. Primero el de la Plaza donde reside Quien todo lo puede. Después, “uno de los nuestros” que nos ha llegado desde Mallorca para intentar arreglar el desastre verdiblanco y el otro es uno que llegará cuando, en agosto, las calores lleguen a su apogeo y un servidor cumpla 71 tacos.  Volver, lo que se dice volver, todos y todas terminan volviendo.


Juan Luis Franco – Martes Día 23 de Mayo de 2017


lunes, 22 de mayo de 2017

La felicidad



“La felicidad es la capacidad de

hacer el mayor bien posible

y el menor mal consciente”

- Enrique Rojas –



La felicidad es algo que justifica plenamente la existencia humana. La buscamos de todas las maneras posibles y casi siempre se nos muestra en exceso esquiva. Planeamos el futuro –nuestro futuro- para luego, con el paso del tiempo, comprender que era el futuro –nuestro futuro- quien nos planeaba a nosotros.  Pero la grandeza humana consiste prioritariamente en su capacidad de reinventarse en cada tropiezo y volver a la senda que nos haga felices. Una felicidad solidariamente compartida y siempre alejada de un egoísmo personal que nos lleva del vacío a la nada. Son felices los buenos lectores cuando consiguen terminar una novela que durante días los ha tenido palpitando de emociones. Los melómanos lo son cuando consiguen atrapar en el aire las notas de una soñada melodía. Las buenas personas que se sienten felices ayudando a quienes más lo necesitan.  Es feliz el amante que se ve ampliamente correspondido. Lo es el padre o el abuelo que ve a sus retoños criarse en paz y armonía con la vida y sus circunstancias.  Son felices los amigos que se reencuentran con el paso de los años y sienten viva la llama de su amistad. La vida es dura por su propia naturaleza y son los momentos de felicidad los que nos redimen ante las adversidades. Las sociedades de consumo están pensadas y planificadas para que la gente encuentre la felicidad comprando objetos y cosas que muchas veces poco o nada necesitan. Llegamos a la vejez con la extraña sensación de haber dejado cosas importantes por realizar y haber hecho otras fácilmente prescindibles. No pasa nada, afortunadamente nadie es perfecto.  Si nos hemos emocionado escuchando una canción; ante la risa de un niño o la sonrisa de un anciano; viendo una puesta de sol o sintiendo a Dios bajo un manto de estrellas hemos estado vivos. Si esa emoción llegó al limite cuando nos nació nuestro primer hijo o un día pronunciamos un dudoso e incierto...”Hasta que la muerte nos separe” la felicidad no habrá pasado de largo.  La vida es una lucha perdida donde siempre gana el tiempo. Ser felices y hacer felices a los demás se nos presenta como la meta más noble a la que podemos aspirar.  Haz el bien y, a ser posible,  mirando a quien. 





Juan Luis Franco – Lunes Día 22 de Mayo del 2017



viernes, 19 de mayo de 2017

No, no era esto






“Cuando los gobiernos temen a la gente, hay

libertad. Cuando la gente teme al gobierno, hay

tiranía”

- Thomas Jefferson -



Tres son los conceptos que utiliza la RAE para definir el término “tiranía”: 1. “Gobierno ejercido por un tirano (dictadura). 2. “Abuso o imposición en grado extraordinario de cualquier poder, fuerza o superioridad” y 3. “Dominio excesivo que un afecto o pasión ejerce sobre la voluntad”. Eliminemos el primer apartado por razones obvias y concretemos con sinceridad cuantos casos se dan en nuestro país en el segundo y tercero. Tiranía y Libertad siempre han sido conceptos antagónicos. Hoy, más que nunca, los aspectos tiránicos se disfrazan en no pocas ocasiones con el ropaje de una falsa democracia. Miremos a nuestro alrededor y comprobaremos cientos de casos donde la tiranía aflora de distintas formas y maneras.  Vivimos casi de prestado en una sociedad donde las libertades siempre les son ninguneadas al común de los mortales.  Nos “dejan” ser libres a condición de que no usemos esa libertad para enfrentarla a sus continuos abusos. Hoy, más que nunca, interesan los rebaños domesticados donde ellos, los pastores, nos lleven al redil de la gente pusilánime. Siempre quieren que fijemos nuestra vista y objetivos en el futuro para así manipular el pasado y disfrazar el presente. Hablan del Paro como un dato macroeconómico y nunca del drama personal de personas que tienen nombres y apellidos. Provocan las crisis a través de la rapiña y luego se la hacen pagar a la gente más desfavorecida. Los vemos pelearse como lobos por sillones y cargos mientras nos “argumentan” que todo lo hacen pensando en nuestro bienestar. Vale que tengamos que vivir envueltos en el ropaje de la mentira pero que no nos vean satisfechos de lo bien que nos sienta esta ropa. Gracias a Dios y, sobre todo, a hombres y mujeres que se dejaron en el camino más de media vida tenemos Democracia, Monarquía y Constitución. ¿Eso era todo? ¿Tener y no poseer? ¿Conceptos vacíos de contenidos? ¿Para cuando el trabajo digno y las condiciones de vida dignas? ¿Dónde termina el ayer y empieza el mañana para muchos españoles/as? ¿Cuándo lo justo y lo legal caminarán cogidos de la mano? ¿Cuándo tienen previsto que arribemos a la tierra prometida? Pedíamos libertad sin ira y al final nos han dado ira sin libertad.  No era esto, en verdad, no era esto.





Juan Luis Franco – Viernes Día 19 de Mayo del 2017



jueves, 18 de mayo de 2017

Pérez-Reverte y los veladores de La Campana






El gran Arturo Pérez-Reverte anda estos días por nuestra Ciudad para participar en un ciclo de conferencias de la Fundación Cajasol.  El lema es “Literatura y Guerra Civil” y, para un servidor, escuchar a este cartaginés universal siempre es una gozada y un ejemplo de dignidad y coherencia (otros, legítimamente, pensarán lo  contrario).  El autor, entre otras excelentes novelas, de”La piel del tambor” es un enamorado de Sevilla y desde hace treinta años la visita asiduamente. Le gusta caminar por el Centro de nuestra Ciudad y sentarse placidamente a ver pasar la vida sevillana en un velador de la Confitería La Campana.  Su gozo en un pozo pues ha notado con una buena dosis de cabreo que todos los veladores de La Campana han desaparecido como por arte de magia (municipal). Como muchos sevillanos no se explica que la aplicación de las leyes se mueva entre el todo o el nada. Como decía mi abuelo...”Ni calvo ni con siete pelucas”.  Bien está que las normativas están para cumplirlas y bien cierto es que la saturación de veladores en el entorno de La Campana se nos mostraba excesivo. Como quiera que suelo pasar cada mañana por ese entorno tengo una opinión de primera mano para constatar que muchas veces había que caminar sorteando veladores (Don Quijote sorteaba molinos de vientos y los sevillanos/as sorteamos veladores). La saturación de veladores en algunas zonas céntricas de la Ciudad es insostenible (dixit calle Mateos Gago) y era evidente que en muchos casos los propietarios de algunos establecimientos se pasaban la normativa por “el Arco del Triunfo”. Parece ser que la Confitería La Campana (de los pocos establecimientos centenarios que le quedan a Sevilla y con un escrupuloso respeto a su configuración original. Fue fundada en 1885) ponía últimamente once veladores. Bien cierto es que esta cantidad lo podíamos considerar excesiva pero se podía permitir al menos que se pusieran la mitad de los mismos y no situarse en el cero patatero. Mientras tanto, y a la espera de que en las dependencias municipales se resuelve este “velatorio” problema, se debía habilitar un solo velador y ponerlo a disposición de Arturo Pérez-Reverte. No podemos agraviar a gente de tanto talento que, de manera voluntaria, eligieron a Sevilla como su lugar de querencia. Esta fidelidad y este cariño sin cortapisas se merecen al menos un velador en La Campana (bueno, uno para él y otro para el Rey, que para eso esta Confitería sevillana es proveedora oficial de la Casa Real Española).





Juan Luis Franco – Jueves Día 18 de Mayo del 2017



miércoles, 17 de mayo de 2017

Crítica y críticos






La crítica flamenca (como la de cualquier actividad artística) con la “competencia” de las Redes Sociales se encuentra actualmente en horas muy bajas.  Poco, o nada, puede influir ya un crítico flamenco sobre el devenir de una grabación o las distintas actuaciones en directo que se programen.  Los aficionados y estudiosos flamencos de esta hermosa ciudad a la que llaman Sevilla hemos tenido la suerte de contar (en el ayer y en el presente) con excelentes críticos que mucho nos han despejado sobre las grandes incógnitas de este Arte parido y amamantado en Andalucía. Un glorioso ayer donde en Sevilla escribían (o hacían radio y televisión) del Flamenco y sus circunstancias talentos de la talla de José Antonio Blázquez, Emilio Jiménez Díaz, Miguel Acal, Paco Herrera, Manuel Curao, Amos Rodríguez Rey (hermano del “Beni de Cádiz”).... Grandes estudiosos y grandes comunicadores que nos enseñaron a los buenos aficionados todos los entresijos (con sus virtudes y defectos) de este Arte tan nuestro como ya definitivamente universal.  Hoy la crítica sevillana flamenca, en cuanto a talento y conocimientos se refiere, goza de una salud más que envidiable. Con Manolo Bohórquez (“El Correo de Andalucía”) a la cabeza tenemos motivos para reconocernos en el bagaje intelectual, la perseverancia y la desmedida afición de críticos como Juan Vergillos (“Diario de Sevilla”) y Alberto García Reyes (“ABC”).  Luego están gente del talento de Antonio Ortega que se nos configura como uno de los “francotiradores” más brillantes del periodismo flamenco actual. Pero ¿que leen y que piensan hoy los jóvenes aficionados al Flamenco?  ¿Sirve ya la crítica para contextualizar nuestras dudas y certezas?  ¿Pueden influir en el devenir comercial de una grabación o de un espectáculo? Sinceramente y cosa que lamento los viejos esquemas de la critica flamenca ya han pasado a mejor –o peor- vida. Los tiempos cambian y con ellos terminamos cambiando todos nosotros.  Hoy las Redes Sociales se han convertido en los grandes gurús de la comunicación social (¿también cultural?) y, para lo bueno y lo malo, lo que no figura en ellas prácticamente no existe. Un síntoma más (¿y van?) de que mi generación flamenca se va difuminando un poco más cada día.  Es verdad que nada es (era) para siempre.





Juan Luis Franco – Miércoles Día 17 de Mayo del 2017



lunes, 15 de mayo de 2017

Sinatramanía






Debo reconocer sin complejos que fue pasado los cincuenta años de edad cuando empecé a descubrir y a aficionarme a la inmensa obra (tanto en calidad como en cantidad) de Frank Sinatra. En la actualidad en mi archivo dispongo de una amplísima discografía de este genio tan irrepetible como recordado.  Este cantante de mágicos mundos sonoros y melodías inolvidables a quien alguien certeramente le puso de apodo “La Voz”.  Sinatra fue el “Crooner” de todos lo “Crooners”. Ha sido para la eternidad el mayor genio de la música ligera. Su manera de modular cada frase era –y lo será eternamente- un canto a la exquisitez más genuina. Su vida, en lo personal y lo artístico, fue el compendio de muchas vidas.  Su paso por el Cine no estuvo exento de algunas excelentes interpretaciones sobresaliendo su papel como Maggio en “De aquí a la eternidad” (1953) por el que recibió un Oscar al mejor actor secundario. Sus innumerables biografías lo definen de una manera tan variopinta y contradictoria que, como ocurre con todos los verdaderos genios, siempre tienen como antídoto su inmenso talento. Ese era incuestionable. El gran amor de su vida fue Ava Gardner (bella entre las más bellas) por la que siempre sintió una pasión verdaderamente arrolladora. Era un hombre con una fidelidad insobornable hacia sus grandes amigos (con un cierto complejo ante la talla seductora de Dean Martin y el porte aristocrático de Peter Lanford) y con un trato exquisito hacia todas sus amantes. Coqueteó con “La Mafia” y su canción “Strangers in the Night” “(“Extraños en la Noche”) se nos configura como una de las mejores canciones de todos los tiempos.  Difícilmente pasa un día sin que escuche a Frank Sinatra y ya forma indisoluble de mi cultura sentimental.  Ayer, 14 de mayo del 2017, se cumplieron 19 años de su fallecimiento.  Eterno Sinatra.





Juan Luis Franco – Lunes Día 15 de Mayo del 2017