miércoles, 26 de septiembre de 2012

Tu vienes vendiendo flores



“Tu vienes vendiendo flores / las mías son amarillas / las tuyas de tos colores”. Lo cantaba Enrique Morente en la Soleá de Charamusco y el tiempo se detenía en las ventanas de las mocitas casaderas. Se enhebra el hilo del Cante en el mantón de los amaneceres andaluces y las tardes huelen a menta y canela. Andalucía renace de sus cenizas para volver a arder nuevamente en la llama de la desesperanza. Avanza septiembre y retrocedemos nosotros. Los mares se sacudieron el largo y calido verano para mostrarnos su resaca de encaje en sus olas. Los jóvenes miran hoy más a sus “móviles” que a los ojos furtivos de soñados romances. “Tu vienes vendiendo flores / las mías son amarillas / las tuyas de tos colores”. Al final solo los músicos decidieron hundirse –tocando- con el Titanic. Por el Aljarafe las barricas de robles sueñan con darle su vientre al mosto nuevo. “Por ahí dentro veo / un barrí tapao / quiera Dios que tenga vino amontillao”. Los poetas andaluces escriben en los reversos de los folios para no desperdiciar el espacio de las alas de las mariposas. Nos agarramos temblorosos al mástil de la guitarra de Paco para convencernos de que los andaluces todavía existimos. Buscamos entre los cajones de las “cómodas” de nuestras abuelas el olvidado espíritu de la rebeldía. Fali Fernández baja el taxímetro para demostrarnos que un tiempo nuevo siempre dependerá de nosotros. “Por mucho que mande un rey / ni la mitad que la reina / porque un rey manda en el pueblo / y en su casa ella gobierna”. José Luis Tirado, poeta de esquinas blandas, desgrana su poesía entre tortas de aceite y cortaos de café de máquina. La luna andaluza ha sido intervenida por la economía teutona. Las campanas de la Torre la Vela tocan por Siguiriya y las alondras planean en las puertas de los camposantos. No sabemos ya quien tiene menos: si el que extiende la mano sentado en el suelo o quien niega con la cabeza desde arriba. Los desesperados intentan suicidarse con barras de pan. El Señor de Sevilla suda sangre ante tanto aluvión peticionario. “Yo te quiero más que a Dios / ¡Dios mío que cosa he dicho que me merezco la Inquisición!”. Siempre nos quedará Triana. Olvidada, ignorada y ninguneada, pero eterno epicentro de nuestras emociones más nobles. Cuando, en Sevilla, de nada nos sirve rezar… soñemos con Triana. Gianni Morandi hace girar el mundo en su canción y los especuladores lo paran para saquearlo. Volvemos la vista atrás y ya no reconocemos ni al caminante ni al camino. “Me lo decía mi abuelito / me lo decía mi papá / me lo dijeron muchas veces / y lo olvidaba muchas más”. Al final todo estaba escrito en clave de sainete. En España en general, y Andalucía en particular, siempre escriben su Historia los buenos y malos bandoleros. “Tu vienes vendiendo flores / las mías son amarillas / las tuyas de tos colores”.

1 comentario:

Jose Luis dijo...

Pues si, Juan Luis, y menos mal que aún nos queda Triana. Un abrazo.