Cuando llegué al mágico y contradictorio mundo de la Tierra de María Santísima hacia siete años que había finalizado la cruenta Guerra Civil Española (1936-1939). A los niños de mi Generación nuestros padres nos advertían desde edades muy tempranas que las circunstancias nos iban a resultar muy difíciles y que, sobre todas las cosas, debía prevalecer el espíritu de superación. La Teoría del esfuerzo desarrollada hasta sus últimas consecuencias. Nada nos resultaba gratis y los logros se conseguían siguiendo el sendero de la perseverancia. La mayoría de nosotros ya estábamos trabajando a los catorce años de edad. El poco dinero que podías ganar era fundamental en tu casa para que pudiera prevalecer la necesaria supervivencia. Algunos acudíamos a recibir clases nocturnas con el objetivo de poder ampliar nuestros escaso bagaje de frustrados estudiantes (solo llegábamos al Certificado de Estudios Primarios que te exigían para poder trabajar). Con dieciséis años de edad acudir a clases nocturnas después de traer en el cuerpo ocho o nueve horas de trabajo no era tarea fácil. Las hormonas te pedían calle, mucha calle, y el pertinente roneo con las muchachas de tu edad. La cabeza te decía o que te sacrificabas o tu inapelable destino de membrillo integral seguiría su curso. La experiencia me demostró que en la vida existe tiempo para todo. Esa lección de vida ha permanecido inalterable con el paso de los muchos años ya vividos. Las obligaciones, las devociones y las aficiones formando un tridente de ejercicio existencial.
Mi nieta Lola ganó (más bien ganaron pues compite en formato de trio) el pasado domingo -dentro de su modalidad- el Campeonato de Andalucía de Gimnasia Rítmica. Este evento deportivo se celebró en Jerez, la tierra donde el buen vino y el buen cante tomaron cartas de naturaleza. Desde una edad muy temprana muestra una gran afición por esta bella modalidad deportiva y difícilmente se pierde algún entrenamiento. Sus padres, con muy buen criterio, le han enseñado que en el deporte como en la vida unas veces se pierde y otras se gana. Saber priorizar los estudios como elemento fundamental sin dejar de lado las aficiones deportivas. Es una niña que pone los cinco sentidos en cuanto lleva a cabo y siempre muestra un deseo de mejoría permanente. También compite a nivel nacional y se muestra orgullosa de representar a su ciudad natal (Dos Hermanas).
En estos tiempos actuales donde manda la incertidumbre y el mercantilismo la Teoría del esfuerzo ni está ni se le espera. Se ha estandarizado el trampeo y se avanza con la mentira por bandera. En muchas ocasiones a través de la senda de la oscuridad. Todo vale para conseguir objetivos que solo tienen como ultima finalidad el Poder y el Dinero. Se están perdiendo las antiguas vocaciones para desembarcar abruptamente en la pista de aterrizaje de las “profesiones”. Prima por encima de todo la ley del mínimo esfuerzo para conseguir el máximo de beneficio. Parece una contradicción pero con sus artimañas han conseguido que no lo sea. La Teoría del esfuerzo arrinconada en el rincón de pensar esperando a voluntarios que la saquen de su ostracismo. La vida no es más que una lucha permanente donde el espíritu de superación consigue que la dignidad humana recupere su perdida autoestima. Lo importante es pelear por conseguir objetivos nobles y decentes. En esa batalla existencial es donde toma forma la Teoría del esfuerzo.
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