lunes, 25 de mayo de 2026

El gato buscando su cascabel


Vivir, esto que llaman el ejercicio de vivir, no es más que un permanente aprendizaje donde se juntan (algunas veces de manera anárquica) lo que lees, lo que ves y, sobre todo, lo que vives. La vida y sus circunstancias enredadas entre lo racional y lo irracional. La Filosofía y la Fe como herramientas que para algunos nos resultan imprescindibles. La mente y el alma sujetas con alfileres de palo a los cordeles de la existencia humana. La Ciencia nos hace avanzar enredados entre los datos empíricos que nos hacen surcar los senderos de la Tierra. La Filosofía es una herramienta (hoy en desuso y apartada de los planes de estudio) que nos hace pensar por nosotros mismos en un permanente estado de sitio donde las preguntas siempre van detrás de las respuestas. La Fe (¡¡ay la Fe!!) es un antídoto -si se quiere irracional- que nos ayuda a sostener el alma que habita en nosotros siempre con un permanente duermevela. Dudamos, como un ejemplo irrefutable de que seguimos estando vivos. Vivimos instalados en las mentiras que desde las altas esferas (políticas, sociales y culturales) nos programan para tenernos dóciles y narcotizados dentro de la manada de los mansos bueyes. Nos venden el entretenimiento como un apéndice de la Cultura cuando no es más que una herramienta de alienación ideológica. No solo no quieren ningún verso suelto sino que están dispuestos a eliminar el poemario completo. Se saben seguros arropados por sus mentiras corporativas y todo cuanto nos hagan siempre quedará diluido dentro de la más absoluta impunidad. El “Gran Hermano” no solo nos vigila de manera permanente sino que de manera sutil determina nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Somos como gatos siempre buscando los perdidos cascabeles. Peces ahogándose en una pecera con el agua contaminada. Las notas de una canción que otros han escrito para nosotros. 
Asistimos atónitos a este carrusel de corrupción (de todo signo político) donde el mañana siempre termina superando al presente. Nunca terminamos de entender que no se pueden clasificar “moralmente” a los corruptos en función de la proximidad o distancia ideológica que mantengan con nosotros. Los corruptos no conocen más moral que el pillaje y el saqueo de las arcas publicas. La pasta, todo por la pasta. Cada día asistimos atónitos y estupefactos a algunos veredictos y mandamientos judiciales. Los mismos siguen dejando claro que primero están los intereses de los verdugos por encima del de las víctimas. Negar la politización de la Justica y la judicialización de la Política es como negar que el agua quita la sed. Cuando lo justo y la legal caminan por sendas diferentes la Democracia pierde su esencia de Estado de Derecho. Asistimos impertérritos a un programado derrumbe de la necesaria convivencia en la que se sustenta un Sistema Democrático. La separación de poderes democráticos que ampara (o debía amparar) nuestra Constitución se encuentra en horas muy bajas. El civismo ni está ni se le espera y en la actualidad campa a sus anchas el insulto más soez y la descalificación más grosera, ruin y cobarde contra el adversario. Siempre con la mentira y el bulo como compañeros de viaje. Nos dejan sin opciones de elegir libremente con quienes queremos compartir nuestra vida social. Se nos eligen amigos y enemigos y nos dicen donde debemos situar los limites de nuestra frontera existencial. No les interesa comprender que lo importante no es lo que pensamos o lo que decimos; sino lo que hacemos.
La terrible experiencia que la Sociedad sevillana ha padecido con la trágica muerte de Sandra Peña nos ha puesto frente al espejo de las realidades sociales. Si algo te enseña la experiencia es que los monstruos son atemporales. La maldad no tiene fronteras y existen monstruos de 70 años de edad como también los hay de 16. Hay que proteger a los menores pero: ¿Quién nos protege a nosotros de algunos de ellos.? 
Sandra Peña, esta pobre niña que estos días no se me va de mi mente, tenia 14 años de edad. Los mismos que mi nieta Lola cumplió hace unos días. A Sandra la acosaron de todas las formas posibles hasta llevarla al precipicio de la desesperación más absoluta. Decir que se quitó la vida es un eufemismo que tapa las vergüenzas de una Sociedad cobarde que siempre busca los atajos del “a mi que me registren”. Sus padres viendo la grave situación que estaba atravesando su hija fueron (hasta en dos ocasiones) al Colegio a mostrar su seria preocupación por el serio deterioro mental que mostraba. ¿Qué hicieron en el Colegio? ¿Se preocuparon de activar los protocolos antiacoso? El resultado fue que Sandra se quitó la vida y, posiblemente, también se la haya quitado a sus padres. Ahora toca eludir responsabilidades para que el paso del tiempo hago su trabajo de amnesia colectiva. La vida de esta familia ya nunca será la misma y ponernos en su lugar es lo mínimo que les debemos. Sandra Peña, nos deja sumidos en nuestras propias miserias de gente insolidaria que es incapaz de ver algo más allá de su ombligo.
Los padres denunciaron al Colegio por inacción y ya la Justicia ha emitido su veredicto. Se archiva la denuncia por no quedar demostrado que el Colegio no hiciera lo necesario para evitar el fatal y terrible desenlace. Dicen que hicieron lo que pudieron aunque, eso si, se reconoce que no se activaron los necesario protocolos antiacoso (¿para que sirven entonces estos cacareados y publicitados protocolos?) Otra cosa que ha llamado poderosamente la atención es la celeridad con que la Justicia resuelve algunas cuestiones judiciales y la tremenda lentitud con las que se acometen otras. ¿Existen dos varas de medir? Sinceramente no lo creo o al menos no debería creerlo. Es de esos tiempos extraños en que las aves migratorias vuelan por Portugal para no tener que volar sobre el suelo español. Y mientras, el gato sigue buscando su cascabel.


viernes, 22 de mayo de 2026

Teatro Lope de Vega



El conjunto que configuran el Casino de la Exposición junto con el Teatro Lope de Vega se nos presenta como una de las joyas arquitectónicas de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Durante este periodo se fragua el máximo esplendor de la arquitectura regionalista sevillana que empezó a gestarse a principios del siglo XX. El gran artífice de esta explosión arquitectónica fue Aníbal González . El llamado Antonio Gaudí sevillano. Dejó en Sevilla una amplia y variopinta muestra de su enorme capacidad creativa. Como todos los grandes sevillanos fue vilipendiado en vida y pésimamente historiado con el paso de los años. Nada nuevo bajo el sol (abrasador) de esta tierra que ensalza a los mediocres y releva al ostracismo a los verdaderamente importantes. Antes se hablaba bien tan solo de los muertos; ahora ya ni eso. 
El Teatro Lope de Vega se construyó bajo las ordenes del gran arquitecto castellonense Vicente Traver. En un principio y según los criterios de Aníbal Gonzales se iba a construir tan solo un enorme Casino. Fue Traver quien propuso que se edificara un Teatro-Casino al modo de los existentes (con enorme éxito) en Montecarlo, Niza o Baden-Baden. Este conjunto arquitectónico sevillano (Teatro y Casino) está considerado dentro del estilo neobarroco-ecléctico. La construcción duró un par de años (de 1927 a 1929) y fue inaugurado un 30 de Marzo de 1929 (concretamente un Sábado de Gloria). En sus primeros años de existencia se llamaba Teatro de la Exposición (al igual que el Casino al que todavía se conoce en Sevilla como Casino de la Exposición). El 19 de Abril de 1977 el Teatro fue cedido por el ayuntamiento sevillano al Ministerio de Cultura pasando a llamarse desde entonces Teatro Nacional Lope de Vega. Definitivamente en el año 1985 fue traspasado de nuevo al Ayuntamiento de Sevilla. Valga como anécdota curiosa que durante los infaustos años de la Guerra Civil (1936-1939) fue utilizado el teatro como Hospital de Guerra. 
En el verano de 2023 ya el Teatro presentaba serias anomalías en su infraestructura. En los días de lluvia caía más agua dentro del Teatro que fuera. El Ayuntamiento decreta su cierre “temporal” habiendo durado el mismo la friolera cifra de tres años. El deterioro del Teatro estaba basado en dos elementos fundamentales: el uso sin control y la ostensible falta de recursos para su mantenimiento. Entre todos lo mataron y el solito se murió. Conviene apuntarse al dicho de “que bien está lo que bien acaba”. El próximo 12 de Septiembre y dentro de los actos de la Bienal de Flamenco el Teatro Lope de Vega ( ¡¡por fin!!) se abrirá de nuevo a la vida de las representaciones teatrales y de la música más diversa. El encargado de dar vida a este magno acontecimiento será el pianista flamenco David Peña “Dorantes”. Una florida rama lebrijana del mejor árbol del Arte Jondo. Nieto de María “La Perrata”; hijo del guitarrista Pedro Peña; sobrino de Juan Peña “El Lebrijano”; hermano del también guitarrista Pedro Peña Jr. y emparentado por lazos sanguíneos con “los Perrate” de Utrera. Dicen los que han tenido la suerte de ver al remozado Teatro Lope de Vega que ha quedado majestuoso. Una “bombonera” que es Historia viva de la Ciudad y que ha visto pasar por su escenario a grandes actores y actrices y a los músicos que le ponen banda sonora a esto que llaman el ejercicio de vivir. El Teatro, el Teatro Lope de Vega. La Cultura y el Arte expresados en una enclave mágico y evocador.  

martes, 19 de mayo de 2026

Va entre naranjos y olivos


“En una orilla Triana
en la otra está Sevilla
dime que río del mundo
tiene mejores orillas”


Vienes ya algo cansado después de transitar por tierras andaluzas y se te nota algo difuso pero nunca pesaroso. Ya quedaron atrás los duros días del blanco y negro donde tus aguas se embravecían llevando el desconsuelo a los moradores de tus orillas. Siempre has sido un rio de cristal fino donde en las noches de verano se refleja una Torre a la que llaman del Oro. Los poetas y los músicos siempre han hecho de ti una continua fuente de inspiración. Nunca te sentaron bien ni el bullicio ni tampoco los cantos de sirena. Vienes con la promesa de quedarte para siempre pero tú eres como los amores veraniegos que las promesas siempre se las lleva por delante el Otoño. Tienes como tu mirador más excepcional el Puente de todos los puentes. Nunca tuvimos muy claro si nosotros te miramos a ti o si eres tú quién nos mira a nosotros. Verte, en los amaneceres del largo y cálido verano, cuando tus barbas granates son remansos de agua prestas para plantarle cara a los rayos del Astro Sol. En la tardes de primavera cuando te emocionas y te haces eco de la Seguiriya de los Cagancho viendo pasar -tan divino y tan humano- a El Cachorro camino de Sevilla. Cuando ya de vuelta a su Capilla pasa una Esperanza morena y marinera para que el aire se impregne con los soniquetes trianeros de los Tangos del Titi. Hasta en los días de lluvias otoñales te muestras pletórico de enjundia sevillana y trianera. En tus orillas duermen lances toreros y poemas que se bambolean enredados entre las ramas que flotan sobre tu superficie de soles y lunas. Te meces con el ritmo frenético que te dan los remeros del Club Náutico Sevilla que siempre compiten para llegar los primeros a la meta. Tú siempre nos enseñaste que lo importante no es llegar los primeros sino que lo importante es llegar para quedarse. Me duele comprobar como muchos pasan por tu Puente y en vez de mirarte a ti prefieren mirar el móvil. Tiempos estos complejos que nos han tocado vivir donde ya nadie distingue entre el mirar y el ver. Unos te llaman Guadalquivir; otros simplemente Betis e incluso algunos te conocen por el Rio Grande. A muchos nos basta con decir….el Río.

jueves, 14 de mayo de 2026

José Domínguez “El Cabrero”



Dale alas y volará
al pueblo de Andalucía
que es un ave doloría
que busca la libertad
que le han negado toa la vía” 
 (Fandango de El Cabrero)



Ayer, día 13 de Mayo de 2026, falleció a las 81 años de edad José Domínguez “El Cabrero”. Hace unos siete años sufrió un ictus apoplético que lo dejó maltrecho y desde entonces pasaba sus días sin soles y sus noches sin estrellas en la Residencia de San Juan de Dios de la localidad sevillana de Bormujos. “El Cabrero” se nos configura como la voz rebelde del Flamenco. Un cantaor que hizo de la ortodoxia cantaora virtud y de la rebeldía una forma de existir donde poder denunciar, con la fuerza jonda y expresiva de su Cante, las injusticias padecidas en nuestra maltratada tierra. En su época de esplendor jondo era el cantaor más demandado en los numerosos Festivales que se desarrollaban por toda Andalucía. Siempre utilizaba su indumentaria de cabrero tanto para la trashumancia de su rebaño de cabras como para subirse a un escenario para cantar. Con su inseparable sombrero y su barba de pastor itinerante era una especie de Clint Eastwood del Arte Jondo. Sus letras, sobre todo en los Fandangos de Huelva, eran demoledoras y suponían un aldabonazo en la conciencia de un pueblo ahíto de caciques inmisericordes y huérfano de las ventoleras de los aires de la Libertad. Un rayo de luz en tiempos sombríos y tenebrosos. El ascuas que nunca termina de apagarse.
Nacido para la vida y el Cante en Aznalcóllar (1944) siempre fue un verso suelto en el universo sonoro del Flamenco. Hasta que su cuerpo se pudo mantener en pie nunca abandonó el cuidado de sus cabras y el desarrollo de su jonda expresividad cantaora. Siempre supo dotar a su Cante de profundos sentimientos populares. Repudiado por la oficialidad “cultural” del Flamenco y siempre molesto para los usurpadores políticos que se apropian de los verdaderos intereses de la gente. Un Robin Hood en la Corte, hoy secuestrada y en manos de la mentira, de Blas Infante. El último mohicano que le quedaba al Arte Jondo. El eco de su voz siempre quedará viva y latente por entre los riscos y veredas de Andalucía. La rebeldía, en tiempos de adocenamiento y cortoplacismo, siempre tuvo un precio y “El Cabrero” lo pagó con creces. En una época como la actual donde la gente se deja engañar tan fácilmente la figura de “El Cabrero” cobra una especial relevancia. La rebeldía duerme el sueño de los justos y, lo peor, los justos han enterrado el sueño de la rebeldía. Descanse en la paz de los nobles andaluces.

viernes, 8 de mayo de 2026

Entre los Andes y el Monte Gurugú



Se llama José como el patriarca que tuvo que emigrar junto a su esposa la Virgen María para alumbrar a quien luego sería el mayor referente de la luz en el mundo. La Tierra nunca ha dejado de moverse y sus habitantes desde tiempos ancestrales tampoco han dejado de hacerlo. Cualquiera que se preocupe de indagar en sus propios ancestros comprobará que en ellos siempre habrá gente que emigraron buscando nuevas oportunidades. José es un peruano de unos cuarenta años de edad. Es vecino, un buen vecino, del bloque donde tengo la vivienda que mantiene mis días y apura mis noches. Aquí lleva viviendo no menos de diez años. Vive junto a su compañera y sus tres hijos (dos niños y una niña). A mi me da la impresión de que los tres son iguales. La niña es guapísima con esa tez morena que da su tierra, una trenza tan laboriosa como espléndida y unos ojos verdes que se abren y cierran como los antiguos abanicos de Casa Rubio. Los niños siempre van muy repeinados con los pelos de punta como si hubieran metido los dedos húmedos en un enchufe. Salen del ascensor disparados cual bolas de acero rodando por la rampa del Salvador. Son gente muy educada y siempre dispuesta a colaborar en cuanto la Comunidad requiera de ellos. José trabaja desde que llegó a Sevilla en la construcción y parece ser que es un albañil muy cualificado. Es de esos grandes albañiles que con un palaustre y un cubo de mezcla son capaces de hacer una replica de la Catedral de Burgos. María Elena su mujer siempre lleva una sonrisa a cuesta y se dedica al cuidado de personas mayores y alterna esta noble tarea limpiando todo aquello que demande una bayeta y una fregona. Con ellos vive Camila, una joven que es hermana de María Elena y que es quién se encarga del cuidado diario de los niños.
Un día, un feliz día, los vi salir del ascensor y comprobé que los niños llevaban sendas camisetas del Betis. Me comentó el padre que debido a algunos compañeros del colegio sentían una fuerte predilección por el Equipo de las Trece Barras. Que están deseando ver algún partido del Betis. Le dije que eso tenia facial solución. Que se vinieran a mi casa a ver el próximo partido que televisaran al Equipo verdiblanco. Dicho y hecho. Le dejo al padre una nota en el buzón con el día y el horario que lo televisan. Poco antes de que empiece el partido yo los tengo llamando al timbre de mi puerta. Allí aparecen el padre y sus dos vástagos en perfecto estado de revista. Desde entonces son puntuales a su cita futbolera. Nunca vienen de vacío y siempre traen algunos dulces que les ha preparado la madre. Llegan con la lección bien aprendida en cuanto a modales y forma de comportarse. A los dos les pirra el batido de fresa y siempre hago acopio ese día para que lo puedan complementar con los pasteles de su madre. Durante el partido no paran de preguntarme por cuestiones relacionadas con el encuentro deportivo y más concretamente por determinados jugadores. Les comento que se liberen y que griten cuanto quieran que estaban en territorio amigo. Han conseguido los intransigentes que estos niños vivan con el miedo en el cuerpo y estén siempre temerosos por no defraudar. Es como si tuvieran que darnos las gracias por dejarlos vivir entre nosotros. Ya han cogido confianza conmigo y se explayan (siempre dentro de un orden) con las distintas jugadas del partido. Los partidos del Betis ya se me configuran como un encuentro cultural fraterno que supera los ámbitos de lo estrictamente deportivo.
Me hacen sentirme vivo y, lo fundamental, solidario con los demás y también conmigo mismo. El Betis nos ha unido con unos lazos tan firmes como sorprendentes. La vida te proporciona unas determinadas circunstancias totalmente imprevisibles y que terminan por resolver la cuadratura del círculo. Nuestra condición de humanos siempre anda dando voces en nuestro interior para que la saquemos a desarrollar su noble función. Tratar con desprecio a quienes no son como nosotros nos hace caer en el pantanoso terreno de la infinita maldad. Gente mezquina que llevan el odio por bandera.
En el ultimo partido del Betis que jugó contra el Oviedo noté que José venia especialmente contento. Me dijo que ya ¡¡por fin!! había podido legalizar su situación en España y se consideraba uno más de la tribu sevillana. Noté que se emocionaba y se le humedecían los ojos. Le di un fraternal abrazo y abrí una botella de vino de esas que esperan para su apertura una ocasión como esta. Los niños a lo suyo y uno de ellos me preguntó el motivo de por qué no jugaba Isco de principio. Le dije que todavía no se encontraba físicamente al cien por cien y que todo llegaría igual que ha llegado la legalización de una buena familia como la de ellos. Ya han dejado de ser invisibles y forman parte activa de nuestras vidas y, lo mas importante, de la vida de la Ciudad. Conviene no dejarse engañar con los falsos mensajes “nacionales-prioritarios”. No están atacando a los que vienen de fuera; lo que de verdad atacan es a la pobreza. Dios nos creó iguales y fueron las leyes mezquinas de los hombres las que crearon y fomentaron las mercantilistas fronteras. El Santo Padre acertó de lleno cuando ha sabido ejercer más como Padre que como Santo. Lo importante no es dormirse cada día reliao a una bandera; lo que es verdaderamente importante es poder dormir con la conciencia tranquila.

lunes, 4 de mayo de 2026

50 años de “El País”. 50 años de libertad.



Hoy, 4 de Mayo de 2026, se cumplen 50 años desde la aparición en la Sociedad española, europea y mundial del periódico “El País”. Al día de hoy se nos configura como el mayor referente planetario de un periódico en lengua castellana. Aquellos comienzos fueron fulgurantes y esperanzadores cuando todavía, en el plano democrático, estaba todo por hacerse. Fueron días donde se mezclaba la incertidumbre y la esperanza y donde éramos muy conscientes de la fragilidad de la incipiente y recién nacida Democracia. Aquello significaba para muchos españoles y españolas un necesario soplo de libertad y un canto al europeísmo militante. Con el diario “El País” se estableció en España un antes y un después para la liquidación definitiva de la dictadura franquista.
Desde el primer número y durante estos 50 años nunca he dejado un solo día de mi vida de leer “El País”. Bien cierto es que en estos últimos años lo hago solamente los fines de semana. Siempre en la versión de papel pues considero que la magia de comprar el periódico una mañana de domingo y leerlo pausadamente tomando un café en tu bar de referencia es insuperable. Hay placeres que le dan sentido y forma a esto que llaman el ejercicio del vivir. Hoy, que todo se hace de manera apresurada y compulsiva, vivimos a salto de mata y ya solo leemos los titulares de los periódicos en aquellas cosas que nos resultan más interesantes. Las prisas marcando nuestro deambular por los senderos de la vida y sus circunstancias. Leer mucho y rápido para terminar no disfrutando de la lectura. Estamos inducidos por fuerzas exógenas para que nuestra mirada se fije tan solo en determinadas cuestiones. Un periódico es (o debería ser) un compendio de actualidad, cultura, publicidad y curiosidades donde tu puedes elegir que lees de manera prioritaria. Una vez que adquieres el periódico en el kiosko ese universo te pertenece de manera preferente. Lo vas leyendo durante el día en distintos lugares de tu casa para al final, una vez cumplida su misión, terminar en el contenedor de los papeles.
Durante la ultima etapa de la dictadura era la revista “Triunfo” quien me cubría (entre cierres y censura) el necesario sabor de la libertad informativa. Luego desapareció la revista “Triunfo” y apareció el diario “El País” para ya, de forma definitiva, seguir en la senda del necesario trio que configuran la información, la formación y la cultura. No es casualidad que el “del rotulador negro” le tenga declarada la guerra (esa esa su gran especialidad política: las guerras) a un determinado tipo de prensa que no “le baila el agua”. Los dictadores del ayer, del hoy y del mañana siempre consideraron a la prensa libre y a los escritores independientes los principales enemigos a batir.
Larga vida a “El País” en estos sus primeros 50 años de existencia. Corren malos tiempos donde ha tomado cartas de naturaleza el insulto más soez, la descalificación más abrupta e incluso las agresiones verbales y físicas. Se financian y protegen a macarras mafiosos para que puedan acosar con total impunidad a personas indefensas. Quienes amamantan lobos no terminan de entender que con el paso del tiempo se volverán contra ellos. Solo nos puede salvar de esta barbarie programada el papel fundamental del verdadero periodismo. 50 años no son nada. ¿O sí?