martes, 28 de abril de 2026

Navegando por el Mar del desosiego


Con el espectáculo luminoso y destellante de los fuegos artificiales se da por concluido el ciclo sevillano de las Fiestas Primaverales. La Feria, esa Ciudad efímera donde reina el color y la alegría, quedará desmantelada en cuestión de horas. Allí se quedarán para la memoria sentimental los buenos momentos vividos. Todo como un ejemplo rotundo de que la vida son dos días y es conveniente llenar nuestra mochila de gratos recuerdos. Algunos y algunas dirán para sus adentros que ya tocaba volver a la perdida normalidad (la bendita rutina). Otros y otras que pertenecen al “gremio” de los “jartibles” argumentarán que les ha sabido a poco. De todo tenemos en esta Tierra de María Santísima. La Feria ha sido un enorme éxito de asistencia y las pernoctaciones hoteleras han superado a las del año pasado. ¡¡Gloria eterna al impacto económico!!

Estos días, en cuanto al terreno futbolero se refiere, corren malos tiempos para las huestes sevillistas. Le quedan cinco partidos (cinco auténticas finales) para eludir el descenso a los infiernos de la Segunda División. Entre mis amigos sevillistas (que son legión) cunde el pesimismo más profundo. No creen que su Sevilla tenga actualmente argumentos futbolísticos para seguir agarrado al mástil de la Primera División. Habrá que esperar pues hasta el rabo todo es toro. Reconozco que en este terreno me muevo en una doble dirección que no está exenta de algún elemento contradictorio. Como sevillano no me gustaría que la Ciudad dejará de tener dos Equipos en la División de Honor del Fútbol español. Digo más: me gustaría que ambos estuvieran en la élite de nuestro Fútbol. Eso sí, a ser posible con el Betis siempre un paso por delante. Como bético me alimento de las victorias del Betis y me retroalimento de las derrotas del Sevilla. Siempre por ese orden de prioridades. Igual ocurre entre los sevillistas aunque desearán justo lo contrario. Esto forma parte de la cultura sentimental-deportiva de nuestra Ciudad y así pasó siempre. Más que desearle el mal al vecino es tratar de huir del falso “buenismo” de salón. Aquí la alegría de algunos se sustenta sobre la tristeza de los otros.

Este declive del Sevilla en estos últimos años ha sido tan sorprendente como demoledor. El Sevilla arrancó el siglo XXI con un recorrido a largo plazo donde se empezó a elaborar desde las raíces un gran proyecto de futuro. Se utilizó un lema de trabajo que en el Fútbol casi nunca falla: si funciona bien lo deportivo funcionará bien la economía del Club. Empezó a gestarse en la Presidencia de Roberto Alés (2000-2002) y se consolidó de manera pletórica con José María del Nido Benavente como Presidente (2002-2013). En este periodo aparecen nombres fundamentales como Monchi, Joaquín Caparrós o el mejor Juande Ramos. Llegan a la plantilla sevillista un número de jugadores que supieron llenar de títulos las hasta entonces vacías estanterías sevillistas. El balance produce una cierta sensación de vértigo. Fueron siete títulos de la UEFA Europa League; dos Copas del Rey; una Supercopa de Europa y una Supercopa de España. Su discurrir tanto en lo deportivo como en lo social y económico provocaba la envidia y admiración de la España futbolera. Lo que ocurre es que está demostrado que también se puede morir de éxito. La vida en general es un carrusel en continuo movimiento donde unas veces te deja varado en los nones y otras en los pares. A los tiempos de bonanza suelen sucederles tiempos menos propicios para la abundancia. La eterna teoría de las vacas flacas.
Aparecieron dentro del seno de la Entidad sevillista y en sus más altas instancias duros enfrentamientos personales y familiares que dieron al traste con la estabilidad deportiva, social y económica conseguida. Lo deportivo pasó a un segundo plano priorizándose lo estrictamente material: el dinero. Lo demás ya es historia que tiene actualmente al barco sevillistas navegando por el Mar del desosiego. Dentro de un mes ya podremos comprobar como termina esta Historia. Los aficionados sevillistas ni en las horas menos pudientes han dejado de llenar su Estadio. La Afición hace eternos a los Equipos.

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