La muerte, tremenda muerte, de Mari Carmen (me gusta el nombre más así, por separado) ha conmocionado este anestesiado país y ha sido cabecera de actualidad en todos los periódicos y televisiones internacionales. Mucho se ha escrito y mucho más se escribirá sobre este fatal desenlace que, aunque algunos y algunas lo quieran camuflar como un hecho fortuito propio de su avanzada edad, tiene responsables políticos y mercaderes con nombres y apellidos. Incluso, en un ejercicio supremo de ruindad y deshumanización hasta le han negado a esta ya eterna mujer un simple minuto de silencio. Un concejal del PP de Benalmádena (si fuera de otro Partido mi repulsa sería la misma) unas horas antes de fallecer Mari Carmen la llamó “puta sinvergüenza” (José Luis Berguillos se llama el sujeto, que sigue tan pancho en su cargo). Lo que de verdad me interesa ahora es como he vivido personalmente este conjunto de acontecimientos, tan singulares y descarnados, que marcarán un antes y un después en el devenir de muchas cuestiones sociales que nos atosigan. Se veía venir que no se puede tener maniatada a toda un Generación y creerse ingenuamente que con las migajas de la Sociedad de Consumo terminarían por conformarse. El terreno ya estaba perfectamente abonado para una eclosión social y la mecha que lo ha hecho reventar ha sido el brutal e inhumano desahucio de una mujer de 87 años de edad que se llamaba Mari Carmen Abascal.
Este pasado lunes ya de anochecida me llamó un antiguo amigo con el que compartí muchos de mis anhelos juveniles. Coincidíamos tanto en cuestiones sociales, políticas y/o culturales. Me comentó que estaba montada una acampada juvenil a los pies de las Setas de La Encarnación. Entendía, con buen criterio, que sería muy conveniente que también nos implicaremos algunos y algunas de nuestra Generación. Los mismos que en nuestros años juveniles buscábamos cada día los aires de la Libertad. Era peligroso remar contra corriente por los mares del franquismo pero siempre supimos que la Libertad nunca te la regalan. Este amigo común había contactado con más gente y ya quedamos emplazados en la acampada el pasado martes a las 11 de la mañana. Ocho, fuimos ocho, los que comparecimos en esta primera convocatoria (seis hombres y dos mujeres). A algunos de ellos hacia muchísimo tiempo que no los veía ni tampoco tenía noticias de como estaban. Aquello fue algo muy gratificante y con una carga emocional difícil de describir. Desde el primer momento dejamos claro que no estábamos allí para contarnos batallitas sino para ver en que podíamos ayudar o cuando menos hacer acto de presencia. Eso fue el martes y ya el jueves éramos veintidós los asistentes. Con un aumento considerable de mujeres que alcanzaban la cifra de siete. Ya no hemos faltado a nuestra cita cada día de acampada y sabemos que las 11 de la mañana es una hora de encuentro con las ilusiones y la fortaleza de la vida que siempre se refleja en la juventud (no es una frase hecha aquella que dice: “Existen viejos de veinte años y jóvenes de ochenta”). Allí quedamos cada mañana y comprobamos con cierta satisfacción como existe en nuestra Ciudad un amplio segmento de jóvenes que luchan cívicamente por su incierto futuro. Comprobamos como parejas de nuestra edad se acercan y les traen comidas o elementos accesorios que puedan necesitar. Sevilla, la Sevilla verdadera, siempre ha sido una ciudad solidaria y de una gran nobleza.
Es admirable y loable desde cualquier punto de vista como está organizada la acampada de Las Setas. Las tareas se distribuyen en todos los sentidos de una manera racional y se llevan a cabo con una mentalidad espartana. Limpieza, vigilancia (siempre puede haber buitres al acecho), avituallamiento, distribución y desarrollo de tareas artísticas. Todo perfectamente sincronizado y con asambleas diarias para detectar posibles fallos.
Es un movimiento transversal donde conviven gente joven (con presencia de adultos) de distintas mentalidades y procedencias. Pueden convivir sin problemas ácratas con gente comprometida políticamente. Ateos de manual mezclados con jóvenes pertenecientes a algunas Hermandades de Penitencia. Béticos y sevillistas que por unos días dejan los balones en el vestuario. Todo esto lo he podido comprobar estos días en primera persona sin necesidad de que nadie me lo cuente interesadamente adulterado. Allí el pacifismo, más que un concepto vacío de contenido, es una norma de convivencia que se aplica cada día de manera rigurosa y productiva. Todo está ordenado y en su sitio para que, al final, todo funcione según lo previsto. Todos tienen un denominador común y es que sus vidas están empantanadas y sin futuro por mor de especuladores sin alma y de falsos políticos comisionistas sin dignidad. La Clase Política, en su conjunto, los han dejado abandonados a su suerte y ya han comprendido de manera rotunda que sus problemas o lo solucionan ellos o se eternizarán en el tiempo. Sinceramente a mí me han hecho rejuvenecer de la noche a la mañana. Volver a ser actor en primera persona de cuanto ocurre en la calle es algo que no tiene precio. Esta lucha estoy seguro que será larga, ardua y dolorosa donde volverán a aparecer alguna que otra Mari Carmen. Cuando a los viejos se les quiere liquidar por viejos y a los jóvenes se les quiere liquidar por jóvenes pocas dudas existen de que habitamos una Sociedad mercantilista, enferma de Poder y con sus raíces podridas. Tratarán de dividirlos y desprestigiarlos por todos los medios a su alcance. Serán “atacados” por tierra, mar y aire. Hay mucho dinero en juego y ninguno quiere perderse su parte del botín. Deben resistir como lo están haciendo: de forma pacifica y civilizada. No lo tendrán nada fácil pero que no olviden que una afroamericana (Rosa Parks) al no acceder a levantarse en un autobús para dejarle su sitio a un blanco cambió el curso de la Historia. Una granadina llamada Ana Orantes Ruiz fue a televisión a denunciar las palizas y vejaciones de la que era objeto por parte de su marido y este, en represalia, la quemó viva . Ana Orantes, que hoy tiene una calle rotulada con su nombre en los aledaños de la Alameda sevillana, le dio un giro de 180 grados al conformismo y el desinterés con que políticos, jueces y policías trataban la violencia machista. Mártires que como Mari Carmen marcan el camino hacia el verdadero Progreso, la verdadera Justicia y las necesarias Libertades. La Aldea de Astérix en el corazón de Sevilla.
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