viernes, 9 de mayo de 2014

De ilusión también se vive



Existen una y mil maneras de convocar al necesario mundo de las ilusiones. Ilusionarse es esperar que nos lleguen cosas nuevas o cuando menos distintas a las actuales. Mal vamos cuando lo vivido supera en expectativas a lo que nos queda por vivir. Conozco muchos casos de personas que solo se ilusionan volviendo la vista atrás. Sinceramente, aún asumiendo que hay circunstancias personales donde la ilusión ni está ni se le espera no sabría vivir sin la misma. Suelo leer desde niño mucha poesía y la considero el necesario bálsamo para la opresiva vida cotidiana. Siempre me han llamado poderosamente la atención aquellos grandes poetas que utilizaron –y utilizan- fundamentalmente en sus poemas el desamor, la nostalgia por los paraísos perdidos y la soledad más desgarradora. ¿Esto es el resultado residual de la existencia humana¿  ¿No hay nada más para recoger en un hermoso poema?  ¿Debemos por tanto constatar que ambas, poesía y pena, empiezan con la misma letra del abecedario? No lo creo así de ninguna de las maneras y, afortunadamente, la Literatura está repleta de grandes poetas (con Walt Whitman a la cabeza) que representaron un canto a la esperanza.  Puede que sea verdad que la vida discurra en un “valle de lágrimas” pero siempre nos quedará la ilusión de encontrar nuevos momentos de felicidad.  Insisto, a ciertas edades es determinante como te haya tratado la vida y sus circunstancias. No tengo reparos en reconocer que estoy pasando la mejor etapa de mi vida. Mis nietos han supuesto el empujón definitivo que necesitaba para que todo cobre sentido. Creo que estoy en paz con Dios y los hombres y mantengo incontaminado y firme mi espíritu rebelde, inquieto y solidario. Cada nuevo día que Dios o la vida me regala intento aprovecharlo sin desperdiciar un solo minuto.  Pasará lo que tenga que pasar pero que me quiten lo soñado y sentido. Es cierto, rotundamente cierto, que de ilusión también se vive.

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