Los seres humanos somos un compendio de luces y sombras. En nuestro interior anidan elementos contradictorios donde se mezclan los de carácter positivo con aquellos que son negativos tanto en el fondo como en la forma. Lo bondadoso y lo espurio librando su particular lucha en la batalla de la vida. Todo gira en torno al libre albedrío y del uso que hagamos del mismo en nuestra andadura terrenal. Por designios de la Madre Naturaleza nadie nace bueno o malo y todo queda supeditado a nuestro comportamiento en esto que llaman el ejercicio de vivir. Lo objetivo (las circunstancias ) y lo subjetivo (lo personal) siempre están latentes y siempre marcando nuestra Hoja de Ruta. Tener buenas raíces siempre serán un aval que pueden (o deben) propiciar que las ramas sean fuertes y floridas. Esto no siempre es así y el joven generoso y solidario se puede convertir con el paso de los años en una persona madura rencorosa y egoísta. También puede ocurrir al revés. Puede que incluso con el paso del tiempo se consiga aumentar las bondades humanas y lograr enterrar lo pernicioso que todo ser vivo lleva en sus entrañas. El mismo que permanece alerta en nuestro interior a la espera de su oportunidad. La condición humana que casi siempre suele rechazar los equilibrios existenciales. Siempre se termina cayendo en brazos de la bondad o prisionero en la celda de la maldad.
España, este país de nuestros amores y desvelos, tenia tres personajes fundamentales por los que siempre se nos reconocía allende nuestras fronteras. Uno era un Rey que “comandó” la Transición Española y que era querido y admirado en todos los confines del mundo. Con su aspecto bonachón y su cercanía popular propició que muchos republicanos dijeran aquello de: “Yo no me considero monárquico; yo soy más bien juancarlista”. Un ejemplo a seguir según algunos. Después entre cacerías (por cierto que merito tiene dispararle a un elefante y no fallar); grandes negocios millonarios con olores a pinchitos morunos; fraudes fiscales y variadas aventuras extramatrimoniales se terminó de “joder el invento”. Se tuvo que marchar de España para vivir un “exilio” dorado y todavía le dio tiempo de escribir una parida en forma de libro de memorias. Lo peor es que no parece darse cuenta de que está perjudicando seriamente a su hijo y a la actual monarquía española. El badajo de la campana borbónica que casi nunca deja de moverse. La irresistible tentación ante el vuelo de una falda.
Otro de estos personajes era un tenor de bien ganada fama internacional. Siempre aclamado en sus actuaciones por todos los confines de la Tierra y con su agenda de compromisos artísticos a pleno rendimiento. Uno de los mejores tenores de la Historia aunque siempre un escalón por debajo del genial Pavarotti. Al final le terminó saltando la liebre de los abusos y la impudicia. Según el mismo tuvo que reconocer pidiendo perdón por escrito. Admitió que aprovechando sus altos poderes jerárquicos en la Música Clásica “solicitaba” favores sexuales a cambio de proyectar artísticamente a las mujeres jóvenes que se le ponían a tiro. La caída artística, social y personal fue tremenda comprobando como se anulaban muchas de sus actuaciones y se le retiraba el oro y la plata de la fama. Pudo comprobar que no existe nada más efímero que el éxito. Desde entonces ya es una replica española del Fantasma de la Opera.
El último de estos tres personajes posiblemente sea el más mediático. Un cantante que vendía discos como rosquillas (el cantante latino con mayores ventas) y llenaba grandes recintos por todas las partes del mundo mundial. Un español, muy orgulloso de serlo, que tenía su residencia fuera de España y así poder pagar menos impuestos. El máximo prototipo de macho latino que presumía de haberse llevado a la cama a más de mil mujeres. Nunca, eso si, presumió de haber leído la misma cantidad de libros. Es muy comprensible que entre desnudarse y vestirse el poco tiempo que le quedaba lo utilizara solo para cantar. Todo, absolutamente todo, se le ha desmoronado en los últimos días. Como tiene un proceso abierto por (supuestamente) haber abusado sexualmente de las mujeres jóvenes de su servicio domestico no podemos hurtarle su presunción de inocencia (aunque él si le hurtaba a estas muchachas unos salarios mínimamente decentes y se las sometía a toda clase de humillaciones). Ya veremos en que acaba este turbio asunto aunque el avance de las investigaciones se lo está poniendo cada vez peor. El tiempo, juez supremo de casi todo, dictará su inapelable veredicto.
Tres personajes y un destino marcado por los abusos y el despotismo. Un Rey, Un Tenor y un Cantante unidos por la indecencia. Tres españoles universales que no supieron controlar el universo de sus bajos instintos en los “Países Bajos”. Tres ases de una baraja española que el tiempo ha demostrado que tenía las cartas marcadas. Tres coronas durmiendo ya posadas en los cojines negros de la Historia. Lo que pudo ser y lo que ha sido llamando a nuestras puertas. Nada es lo que parece y, muchas veces, nada es como nos lo contaron. Lo más grave es el cómplice silencio de los que sabían lo que pasaba.
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