viernes, 27 de febrero de 2026

Ana María Ruiz-Tagle


El tiempo va deshojando las hojas de los árboles hasta despojarlos de su floreciente belleza. Volverán a renacer si se da la premisa de que sus ramas y raíces sean fuertes y consistentes. Bien cierto es que al reverdecer nos dicen diáfanamente si los nuevos tiempos son mejores o peores que los anteriores. Andalucía, esta tierra nuestra de pueblos encalados, mujeres enlutadas, noches de estrellas lorquianas y amaneceres luminosos, es un árbol que todavía se mantiene a la espera de su definitivo esplendor. Sobra ya insistir sobre el número de personas que carecen de trabajo; el alto porcentaje de niños con necesidades extremas; las endémicas desigualdades sociales y el desmantelamiento progresivo de la Sanidad Pública. Lo público como el enemigo a batir. Facturar he ahí la cuestión. Aquí los parámetros sociales y económicos solo se miden por el números de pasajeros en nuestros Aeropuertos; el porcentaje de pernoctaciones en los hoteles y la cantidad de eventos lúdicos que se organizan. “Pasen, vean y disfruten que el Gran Circo Andaluz siempre lo encontrarán abierto”. 
Progresivamente hemos pasado de las enormes ilusiones y esperanzas de los primeros años de la Autonomía a un desencanto generalizado. Nuestras ciudades y pueblos llenaban de banderas blanquiverdes las ventanas y los balcones de las casas. Hoy ya solo existen en las fachadas de nuestras instituciones públicas. Allí las banderas nos recuerdan que somos andaluces españoles y europeos. No está de más que nos lo recuerden. La cantidad de medallas que se entregan solo vienen a demostrar que aquí son más relevantes los que premian que los premiados. Dios me libre de cuestionar los valores cívicos, científicos, sociales, artísticos y culturales de los premiados. Seguro que todos merecen de sobra estas medallas. Es verdad que este año han conseguido rizar el rizo al nombrar como Hija Predilecta de Andalucía a una de las personas que encabeza la lista de MOROSOS de la HACIENDA PÚBLICA. No pasa nada. Tragamos de todo y con todo. Aunque nos duela, el conformismo siempre estuvo presente en nuestras vidas.
Reconozco que, como siempre, me he perdido en la maleza andaluza pues mi intención en un día tan señalado consistía en escribir sobre Ana María (Ana María Ruiz-Tagle). La compañera infatigable del mejor Presidente que ha dado Andalucía hasta la fecha: Rafael Escuredo Rodríguez. Los conocí hace mas de cincuenta años (!! cómo pasa el tiempo¡¡) en la asesoría laboral de la calle Capitán Vigueras. Allí junto con Felipe González y Manuel del Valle desarrollaban un trabajo infatigable al servicio de la clase trabajadora sevillana. De todos, con diferencia, la mejor abogada laboralista era Ana María. De hecho ella se encargaba casi siempre de los casos más conflictivos. Estaba considerada de entre las mejores de todo el territorio español. En aquellas fechas yo pasaba más tiempo allí que en mi casa (aparte de que me unía una gran amistad con Julián Fuentes, el pasante). Recuerdo a Ana María siempre con una sonrisa en su rostro a pesar de las enormes dificultades con las que desarrollaba su noble tarea. En la puerta de la asesoría nunca faltaba un Land-Rover de la policía nacional. Nos sentíamos vigilados tanto los abogados como los clientes. Era una forma como otra cualquiera de intimidarnos. Sinceramente el sabernos vigilados nos daba un plus aventurero. 

 Ana María fue cofundadora del PSOE; diputada en el Parlamento Español (1977-1982) y senadora en las Cortes Generales ( 1982-1993). En 1993 fue designada por el gobierno Presidenta de la Agencia Española de Cooperación Internacional. En 2005 fue premiada por la Asociación para la Ética y la Calidad de los Profesionales del Derecho.
En todas partes dejó una huella imborrable de su bien hacer, su alto grado de humanidad y su firme compromiso político. Abogada, socialista, andaluza, feminista y sobre todo persona. En tiempos tan difusos de mequetrefes disfrazados de andalucistas cobra una especial relevancia personas de la talla política, profesional y moral como Ana María Ruiz-Tagle. Rendirle mis respetos y mi más alta consideración se me representa como un gesto hacia ella y también hacia las primeras mujeres socialistas. Fueron pocas pero de una vitalidad y un compromiso verdaderamente admirables. Tal como éramos, tal como somos y tal como seremos. Octogenarios asomados en los balcones de la Historia. 

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