Demoledora, absolutamente demoledora se nos presentan las imágenes del accidente ferroviario de Urda. Una catástrofe de unas dimensiones gigantescas y que ha sumido (una vez más) a España en el dolor, el desconsuelo y la perplejidad. Vidas destrozadas y familias enteras instaladas en la pena más infinita. España, la España ferroviaria, ha producido en nueve meses la escalofriante cifra de 114 fallecidos en dos accidentes (Adamuz y Urda) y en el corto periodo de nueve meses. La investigación se empieza a abrir paso y las conversaciones grabadas entre el Centro de Control de Atocha y los dos trenes siniestrados te dejan perplejo y sumido en la duda permanente. El antecedente de la tragedia es un fallo informático que tenía a un tren AVE pendiente de arrancar y a otro del Iryo varado en las inmediaciones de Urda. Sin estar resuelta del todo la avería informática se le da instrucciones al AVE que puede salir a velocidad normal (es decir a 250 kilómetros por hora) cuando lo que procedía por protocolo es a “velocidad vista” con una limitación de 40 kilómetros por hora. A la maquinista del Iryo también se le da (con algunos titubeos) la misma orden: reanudar la marcha a velocidad normal. Siete minutos después esta maquinista llama para decir que continua detenida por no poder activar el sistema LZB. Sin embargo nadie avisa al AVE, ni incluso a cinco minutos del choque, que debía frenar con urgencia. Todo absolutamente surrealista y todo carente de algún atisbo de sentido común. El AVE avanzaba a velocidad de vértigo cuando en la misma vía estaba parado el de Iryo. Fueron ¡¡17 minutos!! en el Centro de Control donde nadie se percató que el AVE se dirigía a un terrible choque contra el Iryo. La tragedia encima de la mesa y nadie parecía percatarse de nada.
Son muchas las incógnitas que se mantienen en el aire y a las que una profunda investigación debe dar respuesta. En el mundo de la Alta Tecnología las vidas de las personas que viajan en tren no pueden depender de un fallo humano. 114 muertos y un número indeterminado de heridos reclaman con urgencia que se investiguen a fondo las causas de estos accidentes (el de Adamuz lleva cinco meses sin que avancen las investigaciones) y que se depuren responsabilidades de todo tipo. No se puede consentir que subirse a un tren ya se considere una cuestión de alto riesgo. Las victimas y las familias así lo demandan y reclaman. Ahora lo que procede es prestar la máxima atención y el mayor de los apoyos a los heridos y a sus familiares. Cada cosa a su tiempo. Tratar de sacar redito político y electoral de esta enorme tragedia me parece de una mezquindad absoluta. Este es un país honesto y solidario y al que tratan de envenenar con los dardos de la mentira, el bulo y la insidia. Anoche acompañé a un buen amigo a la Estación de Santa Justa para recabar información de una sobrina desaparecida en el accidente. La desesperanza y el desosiego que allí pude presenciar son de esas cosas que nunca se pueden olvidar. Ayudar a estas familias se nos presenta como una cuestión fundamental. Darles respuestas veraces sobre esta enorme tragedia es lo menos que le debemos. Investigar todo lo investigable se nos presenta como una tarea ineludible.
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