jueves, 7 de noviembre de 2013

El Correo de Andalucia





El “Correo de Andalucía”, decano de la prensa sevillana, fundado el 1 de febrero de 1899 por don Marcelo Spínola y Maestre, Arzobispo de Sevilla, está abocado si entre todos no lo remediamos a un fatal desenlace. Se encuentra actualmente en una encrucijada de ventas y reventas de su cabecera. Las mismas que en muy pocas ocasiones tienen un final feliz. Procuremos que esta sea una de ellas. Periódico íntimamente ligado al devenir social, político, cultural y deportivo del último siglo de la Ciudad.  Dejarlo morir se nos presenta como un pecado de lesa humanidad. Sus páginas han sido –y esperemos que lo sigan siendo- fieles testimonios de todos los avatares acontecidos en la Tierra de María Santísima. Algo se muere en el alma cuando un periódico cierra y, con su cierre, siempre se nos escapa una porción importante de las libertades conquistadas. La Prensa escrita, con sus defectos y virtudes,  se nos representa como algo fundamental en un Sistema democrático.  Poder elegir cada mañana que periódico compramos  y comenzar el día, mientras tomamos el primer café, oliendo todavía su tinta fresca es algo absolutamente insustituible. Las ediciones digitales, la falta de publicidad y la siempre omnipresente Crisis han terminado por “tumbar” al Decano de la Prensa sevillana. Hace tiempo que se veía venir que las cosas solo podían ir a peor. Recortes drásticos de la plantilla y una serie de medidas tendentes a una casi imposible supervivencia. Ignoro cuales serían las posibles soluciones que posibiliten la salvación de “El Correo de Andalucía”. Inmersos como estamos en una feroz “Ley de Mercado” los sentimientos difícilmente pueden ser canalizados. Creo sinceramente que este periódico bien gestionado y con una inyección paralela de medios económicos y responsabilidades compartidas tiene todavía mucho futuro.  No lo dejemos morir sin hacerle siquiera el boca a boca. El Cardenal Spínola lo creó para que fuera un fiel testigo de los aconteceres de una Ciudad a la que él tanto quería.  Salvemos “El Correo de Andalucía” antes de que, como pasó siempre, ya no tengamos quien nos salve a nosotros de la barbarie.  Don Marcelo practicó la caridad más absoluta pidiendo de puerta en puerta.  Procuremos que en el rellano de esas puertas –las de Sevilla- nunca falte el trabajo, el pan y “El Correo”, su “Correo de Andalucía”.

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