Hace muy pocos días salió al mercado (donde todo se compra y se vende) el cuarto álbum de Rosalía. Una autentica joya discográfica donde los sentidos se adormecen y se enaltecen a partes iguales. Esta obra maestra (LUX), nace de una mujer en plena ebullición artística y emocional y con una clara tendencia al misticismo. Un título más que apropiado pues la luz que dimana te envuelve en un sano y necesario ejercicio espiritual. Esta antológica obra discográfica ha sido motivo de comentarios en todas las televisiones y periódicos del mundo. Entiendo que la valoraciones (a favor o en contra) siempre nacen de la subjetividad de quien escribe. El New York Time desarrolla una más que interesante tesis de si estamos ante una obra operística o de pop. En este país nuestro, germen de tantos mediocres y arribistas, tenemos la inmensa suerte de contar con una artista a la que se le valora y reclama en todos los confines de la Tierra. Una Estrella universal. Rosalía es un islote del Mar Mediterráneo donde hasta los temporales se aplacan para poder verla y escucharla.
Nacida para la vida en un pueblo de la parte norte del Bajo Llobregat llamado San Esteban Sasroviras. Sus orígenes artísticos siempre estuvieron enraizados con firmeza (cosa que ella siempre lleva a gala) en el Mundo del Flamenco. Con 15 años de edad recorría las Peñas Flamencas de su tierra catalana y, los que la escuchaban, dan crédito que además de cantar bastante bien era conocedora de todos los “palos” del Flamenco. Siempre ha mostrado una profunda admiración por artistas flamencos contemporáneos como Enrique Morente o Camarón pero también se siente fuertemente atraída por la Paquera de Jerez o Fernanda de Utrera. Ser flamenca (o flamenco) representa un firme ADN sentimental que te acompañará el resto de tus días.
Este pasado domingo estuve escuchando a Rosalía en el por ahora su último trabajo discográfico. Lo hice hasta en tres ocasiones (vía Spotify) y la verdad es que aquello me pareció “una experiencias religiosa”. Un ejercicio de misticismo que no es más que una fugaz introspección donde retomamos la búsqueda de lo espiritual obviando por un rato las prisas y convulsiones de esta vida a la que llaman moderna. Rosalía -como suele hacer siempre- se ha rodeado para esta obra discográfica de un núcleo de artistas tan variopintos como extraordinarios. Aquí están la Orquesta Sinfónica de Londres; Björk; Ives Tumor; Carminho; Yahritza; Silvia Pérez Cruz y Estrella Morente. El resultado donde aparecen hasta 13 idiomas distintos es sinceramente majestuoso. Estos tiempos que nos han tocado vivir son extremadamente complicados y estamos “tutelados” por primates analfabetos y fascitoides. El Arte y la Cultura como antídoto y Rosalía como permanente oración existencial. La radiante LUX de Rosalía entrando por nuestras ventanas.
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