lunes, 16 de noviembre de 2009

Recuerdos de la Collación de San Nicolás

Recordar tus raíces, sin caer en la nostalgia sensiblera, sino más bien como un acto de reafirmación de tu presente, es un ejercicio no solo saludable sino absolutamente imprescindible.

Tuve la suerte de nacer en el Corral de las Vírgenes, Conde de Ibarra, 3 y posteriormente 5. Sin lugar a dudas este Corral de vecinos fue uno de los mejores viveros de hermanos de la Candelaria. De allí salieron José Martínez Raposo, que a la postre se nos antoja como uno de los pilares de la Hermandad. El Poeta Antonio Fernández Montes, que nos ha legado espléndidos versos de los mas lúcidos y bellos de nuestra Semana Mayor (aún metiéndome donde no me llaman creo que sería de justicia que diera el Pregón del Cofrade de la Candelaria), e indudablemente, Salvador Reina, alma máter de una Hermandad a la que siente como parte de su familia. La triste pérdida de su hijo le hizo profundizar todavía más en su fe. Recuerdo un día que me comentó:….”Mientras me queden fuerzas siempre iré por Sevilla delante de mi Señor de la Salud”. Dejo en el tintero algunos nombres más, pero quiero ejemplificar en ellos tres lo que este Corral de humildes pero nobles vecinos significó para la Candelaria.

A principios de los sesenta llegaron a salir del mismo: 16 hermanos de nuestra Hermandad; 2 en Las Aguas (entonces en San Bartolomé) y 1 en Santa Cruz.

Desde primeras horas del Martes Santo, la actividad en patios y habitaciones era frenética. Túnicas blancas bamboleando, colgadas en cordeles metálicos, al sol de la primavera sevillana. Planchas de carbón alisando pliegues. Probaturas de capirotes con antifaces buscando una simbiosis entre los ojos y los agujeros. Siempre con los nervios a flor de piel, y concertando con tu abuela o tu madre donde te darían el bocadillo. Utilizando la mayor discreción, pero siempre necesario a ciertas edades. Bolsa de caramelo de Mauri. Con la papeleta de sitio oculta entre el corazón y el estomago y ya sin más preámbulos: ¡a la calle!.

La llegada a la muy cercana Iglesia de San Nicolás -con bastante antelación por cierto- la hacíamos en grupos pero guardando la distancia, había que cumplir lo que nos exigía la papeleta de sitio:…..”Solo y por el camino más corto”.


Una vez en el interior del templo las manecillas del reloj apenas avanzaban, escuchándose poco a poco el runrún de gentes que se iba formando en la Plaza de San Nicolás (hoy Jesús de la Salud). ¡Por fin!, un miembro de la Junta de Gobierno se subía al púlpito y pasaba lista (nunca tu nombre te sonó más hermoso y contundente). Ya todo estaba listo para el gran día. Aquel que soñabamos en noches invernales, tapados hasta las cejas con mantas de aviación o procedentes de la Bolsa de Caridad de la Parroquia. En rigurosos veranos calzados con sandalias del Sanatorio de la Goma de la calle San José, buscando el frescor del mármol de los zaguanes de las casas señoriales. Entre balones de badana destrozados a punterazos en el Prado de San Sebastián. Comiendo dátiles de las palmeras de los jardines de Murillo. Disfrutando de cantarines domingos en una Alfalfa plagada de pajaros. De los recordados encargos de tu madre con el: “correveydile……. a tu padre que estará en Viña Sol o en Candilejos”.
Todo era ya secundario y quedaba en un segundo plano. Llegaba el gran día y las puertas estaban a punto de abrirse. Alguien decía…”poneros los capirotes y ocupad vuestro sitio en la fila”. Empezábamos sin saberlo el mayor ejercicio de sevillanía jamás soñado. Éramos niños de barrio humildes e ilusionados, acompañando a Dios hecho hombre y a su bendita Madre por las calles de Sevilla.

Nada más y nada menos.

Nota: Con el presente Toma de Horas se cumple el número 100 de los editados en este blog (lo de colgados es una palabra que no me gusta mucho. Posiblemente haya que colgar a quien los escribe). Fue creado con la principal finalidad de rendir pleitesía –y defender- a una Ciudad a la que me enseñaron a querer desde niño. En ello estamos y estaremos. Todo ha sido posible por la inestimable ayuda de Salva Gavira (Dios le guarde). El Destino o la intersección divina ha querido que el número 100 esté dedicado a San Nicolás y lo que ello representa para mí y mi gente. Intentaré en un futuro darle forma de libro a estos 100 primeros Tomas de Hora. Gracias eterna a la media docena de amigos que me leeis desde el aprecio y la crítica constructiva.

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