sábado, 10 de septiembre de 2011

Tiempo de incertidumbre



¿Cuántas veces en los últimos meses hemos escuchado, leído y comentado la palabra Crisis? ¿Cuántas han sido las que se erigió en protagonista de alguna tertulia radiofónica, un artículo de prensa o una simple conversación entre amigos? La hemos denominado de todas las formas posibles: crisis económica; crisis social; crisis espiritual; crisis existencial o, inclusive, crisis de valores. Nunca la prensa dedicó mayor número de páginas a los aconteceres económicos -nacionales y foráneos-, y nunca los suplementos color salmón tuvieron mayor acogida. Tratamos todos en definitiva de conocer el origen y la causa de esta tremebunda hecatombe y su futuro desenlace. No hay manera, pues los sesudos y generosamente pagados economistas y políticos que controlan nuestros “jurdeles” y, por extensión, nuestras vidas tampoco lo saben. Nadie se explica el derrumbe de la llamada Sociedad del Bienestar que con tanto esfuerzo y dedicación levantaron nuestros mayores. Los partidos socialistas europeos hace tiempo que enterraron a la socialdemocracia y, los conservadores, ya no saben que merece la pena conservar embarcados en el neo-liberalismo. Vivimos en manos de un reducido grupo de ineptos que nos han llevado a la situación actual. Hemos caído victima de la usura, el despotismo político y, una judicatura que cada día tiene más de legal que de justa. Lograron convencernos que ya casi todos formábamos parte de un amplio espectro en una emergente clase media, y hoy no sabemos que hacer con tantas tarjetas de cuentas en números rojos. Pasas a saludar a un amigo que tiene un pequeño negocio y pueden pasarte dos cosas: que este cerrado con un cartel en la puerta indicando que “Se traspasa”, o de que te comente que la situación es insostenible y tendrá que plantearse el cierre a medio plazo. Los que disponían de un empleado se han visto obligados a prescindir de él, y hoy su mujer o su hija son quienes les ayudan a malvivir comercialmente ahogados por los fantasmas de la Crisis. Si te tropiezas con alguno de los que todavía tienen trabajo, te dirán que la Empresa está pasando serias dificultades y que no paran de reducir personal. Los fijos cada día son menos fijos (¡tiempos aquellos donde un sevillano podía trabajar cuarenta años en una misma Empresa!). Los de contratos eventuales –la mayoría- tienen serias y razonables dudas de que se los renueven. ¿No nos queda otra ante esta difícil disyuntiva que conformarnos? ¿Debemos obviar cualquier atisbo de esperanza? Para nada. Estamos vivos y debemos manifestarnos con toda la fuerza que nos da el civismo en desenmascarar la “Cueva de Alí Babá y los –mucho más- de cuarenta ladrones”. Nos quedan, a que dudarlo, tiempos de extrema dificultad pero peor lo pasaron nuestros abuelos para remontar la empinada y durísima cuesta de la posguerra. Ser solidarios ahora no es un gesto, es más bien una necesidad para con los demás y, fundamentalmente, para con nosotros mismos. Saldremos reforzados si conseguimos reforzarnos en nuestro interior. Lo dejo dicho Martin Luther King: “Los hombres han conseguido volar como los pájaros; también han conseguido nadar como los peces, pero no han conseguido llevarse como hermanos”. Quien quiera que recoja el guante y quien no que siga embobado tocándoles las palmas. Siempre será preferible que te acusen de demagogo antes que de “pasota”. Tiempo de incertidumbre en un barco –que no era el nuestro- hundiéndose bajo el viento huracanado de los poderosos de la Tierra.

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