miércoles, 30 de junio de 2010

La cuadratura del círculo





Empieza a clarear –como pasó siempre- después de la tormenta de salvaje irracionalidad que cayó sobre el Señor de Sevilla. Poco, o nada, debe extrañarnos algunos de los “comentarios” escupidos sobre este espinoso tema en las ediciones digitales de los periódicos. Soltaron amarras los barcos de la sinrazón y empezaron a navegar con los fardos del odio más casposo y visceral, pero eso si, todo adornado con un barniz de falsa progresía de salón. Repetir algunos de los “comentarios” vertidos esos días, con el añadido de alguna “fotito” de sumo mal gusto y ofensiva para los sentimientos sevillanos más profundos es, simple y llanamente, hacerles el juego a estos “demócratas” de cartón piedra. Aquí ya cualquiera se considera anarquista sin que ni siquiera conozca el significado de las siglas FAI. Añoran desde su ignorancia una España que huela a pólvora y sepa a sangre recién derramada. Les puede el rencor y se les nota. Sinceramente, es motivo de preocupación como frivolizan con los sentimientos ajenos más profundos (hablo de tirios y troyanos). No quiero –ni deseo- más pólvora que la que producen las tracas en la larga y hermosa noche alicantina de San Juan. No apetezco más sangre que la que se sirve encebollada en un plato, sin hacerle asco a lo que se adereza de tomate frito. Estos lodos vienen de los barros que propician algunos políticos irresponsables que, para tapar sus carencias gestoras, desentierran a nuestros muertos para sacarlos a pasear un rato. El político nefasto tiene dos salidas para tapar su ineficacia: o bien culpar al adversario de todo lo humano y lo divino, o buscarse formulas magistrales de distracción, donde los árboles nunca nos dejen ver un bosque talado, saqueado y en completo abandono. Quede meridiamente claro que la agresión al Gran Poder es obra –y responsabilidad- exclusiva de un perturbado mental o más bien de un perturbador social, pues parece ser que las ultimas investigaciones apuntan a la segunda opción. Tampoco he visto, dicho sea de paso, rotundas y claras condenas por parte de algunos responsables políticos que, debían de saber, que se han lastimado gravemente los sentimientos más profundos de muchísimos sevillanos/as. El delito al que se le acusa a este “perturbado” es el de causar daños al Patrimonio Artístico. Por tanto hace bien la Hermandad del Gran Poder en renunciar a presentarse como acusación particular. Considerar al Señor de Sevilla tan solo como una excelsa obra del Arte Barroco, puede tener una cierta lógica desde el descreimiento espiritual (que dicho sea de paso es absolutamente legitimo dentro de la libertad personal de cada uno) y el tratamiento jurídico. Lo que resulta incuestionable, es que para muchos –muchísimos- sevillanos y sevillanas es bastante más que una interesante talla de madera. Representa, ni más ni menos, el Faro espiritual donde acuden, desde hace ya muchas generaciones, sevillanas y sevillanos en busca de esperanza, sosiego y consuelo. Creer o no creer resume en definitiva esta simple cuestión. Hacerlo –o no- sin cubrirse con el negro ropaje del fundamentalismo es clave para una convivencia en paz y donde ondee siempre la bandera del respeto.

Ahora, eso si es verdad, se abre una nueva interrogante de si estamos haciendo todo lo posible para salvaguardar la seguridad e integridad del Señor de Sevilla. Hoy, ya nada ni nadie está a salvo de la demencia o la barbarie irracional.


Enrique Esquivias de la Cruz (del Gran Poder), con el que Dios se mostró generoso a la hora de dotarle del sentido de la sensatez y la inteligencia, lo expresó con absoluta claridad: “a una imagen como la del Señor con tantísimos devotos y con tantas horas expuesta a la devoción popular resulta muy complicado garantizarle el cien por cien de su seguridad. De todas formas intentaremos estudiar que mejoras podemos introducir en ese sentido”.

Posiblemente haya sido el Señor de Sevilla quien en definitiva haya propiciado este “aviso para navegantes” y ya, las distintas hermandades sevillanas, se están planteando seriamente el mejorar la seguridad de sus imágenes. En la querida y hermana provincia gaditana también han empezado a moverse sobre este espinoso tema. Siempre será preferible prevenir que curar (lamentar). No se debe caer en provocaciones radicales minoritarias que solo buscan ingenuas dianas para sus envenenadas flechas. Cada persona en su libre capacidad de pensar y sentir puede optar por cualquier opción social, política o –no- religiosa. Nadie está en posesión de la verdad absoluta, y solo a través de la dialéctica y el contraste de los argumentos razonados, podemos crecer intelectualmente en todos los sentidos. Quien estos folios emborrona milito en su juventud en el –para mí- volátil mundo de los agnósticos, pero siempre respetando aquello en lo que entonces no creía. Hoy, y ya desde hace años reciclado –afortunadamente- en un creyente de base, sigo respetando a los que piensan de distinta manera a la mía. Esto, que no debía ser tan difícil de entender y aplicar recibe el nombre de tolerancia y, en su cultivo, esta el sedimento de un futuro –posiblemente utópico e idílico- de una Sociedad en la que merezca la pena vivir y pertenecer. Aquella donde crecerán nuestros hijos y nietos.

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