lunes, 4 de octubre de 2010

Quince años tiene –tenía- mi amor

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Recuerdo con absoluta nitidez un día que mi tío Antonio fue a recogerme a la Estación de Autobuses del Prado. Llegaba en un autocar que hacía el trayecto Algeciras-Sevilla y viceversa. Lo tomé horas después de que el Regimiento Ligero de Acorazados de Caballería Montesa número 3 de Ceuta me dijera que les devolviera el uniforme militar, las botas y el cetme. A cambio me dejaban vestirme de “paisano”, me daban una cartilla y también me concedían permiso indefinido para irme a mi casa en la añorada Sevilla. Era libre como las palomas de la Plaza de América y atrás quedaron guardias, “ardores guerreros”, toques de corneta y maniobras militares tan ajenas a mi personalidad pacifista (también momentos de amistad inolvidables. En las dificultades es cuando más se aprecia el autentico valor de la fraternidad). Con mis 22 años recién cumplidos iba como unas castañuelas cruzando los jardines de Murillo en compañía de mi querido tío Antonio. Un inciso: siendo consciente del gran cariño que me tenía, ¿cómo me hizo socio del Betis a los 8 años de edad? ¿Será por aquello de: quien bien te quiere bien te hará sufrir? Sobra decir que un servidor encantado de la vida con este masoquista ejercicio verdolaga de existencia sevillana. Ganar la gloria celestial sin hacer méritos en la tierra es misión imposible. Pues bien, como os decía, cruzaba con mi tío la Puerta de la Carne cuando me comentó que todavía me quedaban unos años por vivir donde el tiempo transcurre lentamente, que a partir de cumplir los 40 es cuando los años vuelan a una velocidad de vértigo. Que ya me enteraría de lo que vale un peine (siempre contando con que me quedase pelo). Lo clavó este cortador de calzados, que desde el taller de Bernardo en la calle Bailén le hacía los zapatos a medida a Juan Belmonte y a Pepe Marchena entre otros.


El pasado 10 de agosto cumplí 64 “tacos” del ala. Doy fe de que -sobre todo la última década- se me han pasado volando. El crecimiento de mis hijas fue supersónico y las hojas del almanaque se perdían como un billete de cincuenta euros en el bolsillo de un ludópata. Puedo hacerme cómplice de mi querido poeta Pablo Neruda y decir con él: “Confieso que he vivido”. Mezclando lo bueno, lo regular y lo malo el saldo –para mí- ha sido enormemente positivo. Nunca hice nada en contra de mis principios y de mi conciencia. Supe diferenciar desde niño la frontera que separa las aficiones de los vicios. No me arrepiento de nada de lo hecho y muchos menos de lo deshecho. Espero y deseo que Dios me conceda una tregua –contra más larga mejor- para seguir disfrutando de cuanto la vida nos ofrece en la fuente de lo bellamente efímero, lo hermosamente ludico y lo solidamente fraternal. En definitiva, beber la vida a sorbos para no atragantarse. Seguir creciendo como persona sin más pretensiones que hacer verdad aquella afirmación de Sir Winston Churchill: “Si durante tu vida no has podido mejorar el mundo, al menos no lo dejes peor que como lo encontraste al llegar”.



Ahora, con 64 años a cuestas, me pregunto: ¿Qué habrá sido de la quinceañera que nos enamoraba del Dúo Dinámico”( “lalalalalá, lalalalalá, quince años tiene mi amor….”) y, de la “No tengo edad para amarte” de Gigliola Cinquetti.

La musa juvenil de Manolo y Ramón ya será una bondadosa abuela inmersa en la tarea de ayudar a la crianza de sus nietos. La artrosis de su rodilla derecha ya no le permitirá bailar el rock con el brío de su ya lejana juventud. La otra será una abuela italiana que, paradojas de la vida, posiblemente ahora tampoco tenga ya edad para amar a nadie. Estará en la Toscana soñando con el Festival de San Remo de 1964 que ganó con esta hermosa canción italiana.

Cerremos por hoy este nostálgico Toma de Horas. Lo hacemos recordando el tema que le dio fama a Julio Iglesias (por cierto, ¿cuántos hijos tiene el cantante madrileño contando los “aspirantes” a serlo?) cuando decía:

Siempre hay por que vivir por que luchar /
Siempre hay por quien sufrir y a quien amar/
…………………..
Unos que nacen otros morirán /
unos que ríen otros llorarán.
………………….
Al final, las obras quedan las gentes se van /
otros que vienen las continuarán
la vida sigue igual.

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