martes, 3 de noviembre de 2026

Cuando morir no es una prioridad


El ciclo natural de la existencia humana es nacer, crecer, madurar, envejecer, enfermar y como diría el Beni de Cádiz “Pa el jardín”. Cuando ese ciclo no se cumple y se altera el orden natural de las cosas queda claro que la tragedia ha hecho acto de presencia. El terrible accidente de tren en Urda (Toledo) se ha llevado por delante la vida de 69 personas y algunas decenas de heridos donde algunos de ellos se encuentran en estado grave. Las secuelas físicas y psicológicas de esta tragedia es de una magnitud absolutamente demoledora. Aunque el verdadero alcance de este terrible accidente se produce cuando se le pone rostro humano a algunas de estas personas y nos adentramos en sus historias personales. Leo con gran interés, no exento de cierto estremecimiento, un reportaje que se publicaba en el periódico “El País” del pasado domingo. Allí se reflejan algunos de los perfiles humanos y profesionales de algunas de las personas fallecidas. Distintas edades y distintos motivos que les hicieron viajar en esos trenes ese fatídico día. A todos y a todas les movía algún motivo bien fuera personal, lúdico o profesional. Estremecedor el relato que unió a un guardia civil llamado Salvador Correa con una muchacha sevillana llamada Almudena. Junto con un compañero fueron los primeros en entrar en el vagón 8 que había sufrido el mayor impacto del siniestro. La imagen que presencian fue absolutamente dantesca. Un amasijo de cuerpos inertes destrozados entre hierros retorcidos. Un profundo olor a muerte envuelto en un silencio total. Empiezan a llamar a los pasajeros por si hubiera alguien con vida. Nada, nadie responde. De repente se escucha a un mujer chillando que contesta a sus llamadas. Se encuentra atrapada por el fuselaje. Solo se le ve una mano y en la misma destaca una pulsera verde. Se agarra con fuerza a la mano que le tiende Salvador Correa como un náufrago a un tablón en alta mar. Ya empiezan a llegar algunos bomberos y comienzan su laborioso rescate. Se turnan entre todos para que nunca le falte a la mano de Almudena una mano amiga donde poder agarrarse. Ya por fin consiguen verle su rostro donde destacan sus ojos azules. El último escollo para poder sacarla es su pelo que todavía sigue atrapado. Con unas tijeras se lo cortan y por fin logran rescatarla. Le dice a Salvador que se llama Almudena y que tiene 32 años de edad. La pulsera verde es de una hermandad sevillana. La ingresan en estado muy grave y ya el guardia civil Salvador Correa se queda con la duda de si habrá podido sobrevivir dada la gravedad de sus heridas. Utiliza algunos contactos del hospital para saber de su estado. Como datos solo les puede aportar que se llama Almudena, tiene 32 años, los ojos azules y lleva una pulsera verde de una hermandad sevillana. Esa noche antes de acostarse y preso de la incertidumbre recibe una llamada telefónica donde alguien entre sollozos le dice : ¡¡Está viva!! Es Julio, el prometido de Almudena, quien le comenta que la han intervenido quirúrgicamente pero que “saldrá adelante”. Emocionado les da miles de gracias por haberle salvado la vida. Desde entonces ya no han perdido el contacto. Dentro de la gravedad Almudena se va recuperando. Julio le ha presentado a Salvador la familia de Almudena y lo tratan como a uno de ellos. El enorme y sincero agradecimiento que le muestran es infinito. Una historia de una enorme grandiosidad humana y que tendrá su capitulo más emotivo cuando Salvador pueda ver a Almudena.  
Conviene no situar a los fallecidos dentro de la frialdad aritmética. Eran personas con sus proyectos de vida completamente activados y donde la posibilidad de fallecer no entraba en sus planes existenciales. No les tocaba morir todavía. Que la aparición de la muerte es algo imprevisible y que nos puede abordar en cualquier esquina resulta inapelable. Aquí lo que ocurre es que conviene determinar las responsabilidades de aquellos que han sido partícipes activos o responsables indirectos de esta tragedia. Investigar a fondo y con los resultados obtenidos depurar a fondo a las responsabilidades (jurídicas y políticas) de esta enorme tragedia. No nos mostramos excesivamente optimistas con las tan cacareadas “Comisiones de Investigación”. Estos días se han cumplido 2 años de las inundaciones producidas por la Dana en Valencia. Fallecieron 233 personas y la zona quedó completamente devastada. Cada mes los familiares de las victimas se manifiestan públicamente esperando respuestas que nunca terminan de llegar. En el terrible accidente de tren ocurrido el pasado 18 de Enero en el pueblo cordobés de Adamuz perdieron la vida 46 personas. Decir que las investigaciones de este terrible accidente van “a paso de tortuga” sería ser demasiado optimista. Conviene nos ser ingenuos y saber buscar algunas respuestas en las estructuras del sistema capitalista. El número de viajeros en lo que se refiere a servicios de alta velocidad (AVE y competidores) aumentó un 100% en los últimos diez años. Motivado fundamentalmente por la liberalización del sector ferroviario (para entendernos el acceso privado a una parte del servicio de alta velocidad). En el año 2025 el número total de viajeros que utilizaron la los trenes de alta velocidad ascendió a 44,5 millones. Aumentó un 12 % con relación al año 2024 y sigue subiendo cada día. ¿Están preparadas las estructuras ferroviarias para esta incesante avalancha de pasajeros? ¿Se adecuan y modernizan permanentemente los medios técnicos y humanos? ¿Desde cuando los negocios tienen rostro humano? Las respuestas ya las conocemos de antemano. Lo dejó muy claro James Carville (asesor de la campaña electoral de Bill Clinton) cuando dijo: “Es la Economía, estúpidos”. 


viernes, 30 de octubre de 2026

¿En efectivo o con tarjeta?


Esa es la pregunta del millón y que te suelen hacer al comprar cualquier cosa bien sea grande, mediana o pequeña. Ya las tarjetas imponen su absoluto dominio en nuestras vidas cotidianas. Da lo mismo un café que un ventilador. Las respuesta se acercan cada día más a pagar con tarjeta. El dinero en efectivo tiene todas las trazas de pasar a mejor vida. Es más que previsible que en un futuro nada lejano solo pueda pagarse con tarjeta. Erróneamente son muchos los que piensan que la tarjeta (la suya) es un ente abstracto y que lo único que hace es facilitarle los gastos de su economía domestica. Que en definitiva las compras no las paga él sino su tarjeta. Al separar estos dos elementos (persona y tarjeta) estamos iniciando un tortuoso camino hacia la quiebra. Si pierdes el control de tus gastos eres carne de cañón para los carroñeros financieros. Cuando la deuda sea sustanciosa te quitarán hasta los calzoncillos. Esa es la trampa, comprar sin freno a través de la tarjeta que ya luego veremos quien paga “la roncha”.  
Hace pocos días viví en primera persona a lo que hemos llegado. En mi indesmayable afán de potenciar al pequeño comercio suelo comprar siempre en pequeñas tiendas. Conozco y me conocen que en tiempos de indiferencia no es una cuestión baladí. El pan y algunos dulces los suelo comprar en una panadería-confitería de la calle Baños. La señora que nos atiende se maneja con un trato amable y educado. Suelen vender unos productos de primerísima calidad y a precios excelentes. Acudo una mañana para abastecerme de pan y me encuentro, cosa inusual, con ocho personas esperando ser atendidas. El problema era que desde esa mañana estaba cortada la conexión con Internet ( la avería procedía de las obras del Metro por una rotura de cables en la Macarena) y no se podía operar con tarjetas. Todas las personas que allí estaban habían elegido la tarjeta como forma de pago. Por las bolsas intuí que casi todas llevaban pan y algún que otro dulce. Es decir que las cuentas resultantes serían de 3, 4 o 5 euros. Pues bien nadie llevaba ese dinero encima. A esta mujer se le planteó un problema de difícil solución. De las ocho personas cinco eran clientes habituales y ahí no había problema pues quedaron que ya le pagarían al día siguiente. Lo que ocurre es que se quedaron descolgadas tres personas que eran clientes circunstanciales. ¿Qué solución se les podía dar? ¿Qué se llevarán el pan y ya lo pagarían otro día que pasaran por allí? ¿Sacar el pan de las bolsas y volver a ponerlo en las canastas? Un dilema de difícil solución pues ninguna llevaba encima ni 5 euros. El plástico definitivamente le ha ganado la batalla a los euros en efectivo. Nadie niega la comodidad que supone en la actualidad operar con tarjetas pero esto debe hacerse compatible con el manejo diario de una cierta cantidad en efectivo. Debemos tener presente que la alta tecnología es voluble y que cualquier caída de la Red sitúa los problemas en su justa dimensión. Abracemos lo nuevo en cuanto de comodidad ha traído a nuestras vidas pero no obviemos de un plumazo aquello de donde procedemos. Siempre somos de donde venimos y no hacia donde vamos. Que los arboles de la alta tecnología no nos dejen ver el bosque de lo cotidiano.



jueves, 29 de octubre de 2026

La Muerte cabalgando sobre los railes


Demoledora, absolutamente demoledora se nos presentan las imágenes del accidente ferroviario de Urda. Una catástrofe de unas dimensiones gigantescas y que ha sumido (una vez más) a España en el dolor, el desconsuelo  y la perplejidad.  Vidas destrozadas y familias enteras instaladas en la pena más infinita.  España, la España ferroviaria, ha producido en nueve meses la escalofriante cifra de 114 fallecidos en dos accidentes (Adamuz y Urda) y en el corto periodo de nueve meses.  La investigación se empieza a abrir paso y las conversaciones grabadas entre el Centro de Control de Atocha y los dos trenes siniestrados te dejan perplejo y sumido en la duda permanente.  El antecedente de la tragedia es un fallo informático que tenía a un tren AVE pendiente de arrancar y a otro del Iryo  varado en las inmediaciones de Urda.  Sin estar resuelta del todo la avería informática se le da instrucciones al AVE que puede salir a velocidad normal (es decir a 250 kilómetros por hora) cuando lo que procedía por protocolo es a  “velocidad vista” con una limitación de 40 kilómetros por hora.  A la maquinista del Iryo también se le da (con algunos titubeos) la misma orden: reanudar la marcha a velocidad normal. Siete minutos  después esta maquinista llama para decir que continua detenida por no poder activar el sistema LZB.  Sin embargo nadie avisa al AVE, ni incluso a cinco minutos del choque,  que debía frenar con urgencia.  Todo absolutamente surrealista y todo carente de algún atisbo de sentido común.  El AVE avanzaba a velocidad de vértigo cuando en la misma  vía estaba parado el de Iryo.  Fueron ¡¡17 minutos!!  en el Centro de Control donde nadie se percató que el AVE se dirigía a un terrible choque contra el Iryo.  La tragedia encima de la mesa y nadie parecía percatarse de nada.

Son muchas las incógnitas que se mantienen en el aire y a las que una profunda investigación debe dar respuesta.  En el mundo de la Alta Tecnología las vidas de las personas que viajan en tren no pueden depender de un fallo humano. 114 muertos y un número indeterminado de heridos reclaman con urgencia que se investiguen a fondo las causas de estos accidentes (el de Adamuz lleva cinco meses sin que avancen las investigaciones) y que se depuren responsabilidades de todo tipo.  No se puede consentir que subirse  a un tren ya se considere una cuestión de alto riesgo.  Las victimas y las familias así lo demandan y reclaman.  Ahora lo que procede es prestar la máxima atención y el mayor de los apoyos a los heridos y a sus familiares.  Cada cosa a su tiempo. Tratar de sacar redito político y electoral de esta enorme tragedia me parece de una mezquindad absoluta.  Este es un país honesto y solidario y al que tratan de envenenar con los dardos de la mentira, el bulo y la insidia.  Anoche acompañé a un buen amigo a la Estación de Santa Justa para recabar información de una sobrina desaparecida en el accidente.  La desesperanza y el desosiego que allí pude presenciar son de esas cosas que nunca se pueden olvidar.  Ayudar a estas familias se nos presenta como una cuestión fundamental.  Darles respuestas veraces  sobre esta enorme tragedia es lo menos que le debemos.  Investigar todo lo investigable se nos presenta como una tarea ineludible.