miércoles, 18 de marzo de 2026

Teoría del esfuerzo


Cuando llegué al mágico y contradictorio mundo de la Tierra de María Santísima hacia siete años que había finalizado la cruenta Guerra Civil Española (1936-1939).  A los niños de mi Generación nuestros padres nos advertían desde edades muy tempranas que las circunstancias nos iban a resultar muy difíciles y que, sobre todas las cosas, debía prevalecer el espíritu de superación.  La Teoría del esfuerzo desarrollada hasta sus últimas consecuencias.  Nada nos resultaba gratis y los logros se conseguían siguiendo el sendero de la perseverancia. La mayoría de nosotros ya estábamos  trabajando a los catorce años de edad.  El poco dinero que podías ganar era fundamental en tu casa para que pudiera prevalecer la necesaria supervivencia.  Algunos acudíamos a recibir clases nocturnas con el objetivo de poder ampliar nuestros escaso bagaje de frustrados estudiantes  (solo llegábamos al Certificado de Estudios Primarios que te exigían para poder trabajar).  Con dieciséis años de edad acudir a clases nocturnas después de traer en el cuerpo ocho o nueve horas de trabajo no era tarea fácil.  Las hormonas te pedían calle, mucha calle,  y el pertinente roneo con las muchachas de tu edad.  La cabeza te decía o que te sacrificabas o tu inapelable destino de membrillo integral seguiría su curso.  La experiencia me demostró que en la vida existe tiempo para todo.  Esa lección de vida ha permanecido inalterable con el paso de los muchos años ya vividos.  Las obligaciones, las devociones y las aficiones formando un tridente de ejercicio existencial.

Mi nieta Lola ganó (más bien ganaron pues compite en formato de trio) el pasado domingo -dentro de su modalidad-  el Campeonato de Andalucía de Gimnasia Rítmica.  Este evento deportivo se celebró en Jerez, la tierra donde el buen vino y el buen cante tomaron cartas de  naturaleza.  Desde una edad muy temprana muestra una gran afición por esta bella  modalidad deportiva y difícilmente se pierde algún entrenamiento.  Sus padres, con muy buen criterio, le han enseñado que en el deporte como en la vida unas veces se pierde y otras se gana.  Saber priorizar los estudios como elemento fundamental sin dejar de lado las aficiones deportivas.  Es una niña que pone los cinco sentidos en cuanto lleva a cabo y siempre muestra un deseo de mejoría permanente.  También compite a nivel nacional y se muestra orgullosa de representar a su ciudad natal  (Dos Hermanas).

En estos tiempos actuales donde manda la incertidumbre y el mercantilismo la  Teoría del esfuerzo ni está ni se le espera.  Se ha estandarizado el trampeo y se avanza con la mentira por bandera.  En muchas ocasiones a través de la senda de la oscuridad.  Todo vale  para conseguir objetivos que solo tienen como ultima finalidad el Poder y el Dinero.  Se están perdiendo las antiguas  vocaciones para desembarcar abruptamente en la pista de aterrizaje de las  “profesiones”.   Prima por encima de todo la ley del mínimo esfuerzo para conseguir el máximo de beneficio.  Parece una contradicción pero con sus artimañas han conseguido que no lo sea.  La Teoría del esfuerzo arrinconada en el rincón de pensar esperando a voluntarios que la saquen de su ostracismo.   La vida no es más que una lucha permanente donde el espíritu de superación consigue que la dignidad humana recupere su perdida autoestima.  Lo importante es pelear por conseguir objetivos nobles y decentes.   En esa batalla existencial es donde toma forma la Teoría del esfuerzo.

jueves, 12 de marzo de 2026

El Cristo de los Desamparados


El Cristo de los Desamparados (1617) de Martínez Montañés atiende y recibe en el corazón del Centro de la Ciudad. Allí, en la calle Rioja sevillana, donde se aposenta la Iglesia Conventual del Santo Ángel de Sevilla. La frailes de la Orden de los Carmelitas Descalzos velan y cuidan a este Cristo montañesino para que a su vez Él cuide y vele por todos nosotros. El próximo Sábado de Pasión, si el tiempo lo permite, podremos verlo atravesar este maremágnum de gente desnortada en que se ha convertido el Centro de la Ciudad. Gente, mucha gente, que mira pero que no ve. Creo que en el año 2027 le acompañará en su discurrir por las calles sevillanas la Virgen de la Salud. La pena, con una Madre cerca siempre es menos pena.  
Estos días donde el humo de las bombas y el llanto de la víctimas inocentes impregnan de dolor los informativos este Cristo, en su inexorable muerte terrenal, cobra una especial relevancia. Podemos verlo estos días en su Capilla donde nos muestra toda la plenitud expresiva del dolor supremo. Remata el pie de la cruz una calavera como un signo inequívoco de la muerte como el resultado final todos los caminos terrenales. El bien llamado “Dios de la madera” talló esta imagen dotándola de un palpito divino donde la pena y el desconsuelo se nutren de la Esperanza que nace de la Fe verdadera. El Cristo de los Desamparados nos ampara con el dolor solidario de su divina presencia. No resulta cuestión menor que antiguamente fuera conocido como el “Cristo de la sopa” por las numerosas obras caritativas que se hacían en su nombre. 
El mundo, este mundo desnortado y con un rumbo claramente destructivo, está hoy comandado por primates fascistoides y con claras tendencias homicidas. Les importa más conseguir un nuevo pozo de petróleo que la vida de 167 niñas masacradas por las bombas en un colegio. ¿El lado correcto de la Historia? No existe alternativa: o se está con los que tiran las bombas o estamos con los inocentes que las reciben. Existe un gran temor si se contradice al “dueño del rotulador negro”. Sus represalias pueden dañar los espurios intereses económicos de dirigentes de mentirijilla que se pliegan a sus erráticos caprichos. Los tiene contra las cuerdas. Por la mañana dice blanco, al mediodía dice gris y por la noche dice negro. Todo envuelto en un estética cutre color zanahoria. 
Son días de desosiego e incertidumbre donde de nuevo aparecen los falsos profetas que en su día fueron también responsables de las matanzas del ayer. Hoy se disfrazan de estadistas universales cuando no son más que frikis de cabezas huecas y, eso si, con las carteras llenas. Ante tanta ignominia y tanta perversidad cobra una enorme fuerza exponencial el Cristo de los Desamparados. La sangre inocente que brota de su costado nos impregna el alma con el llanto de los desamparados de la Historia. Ya parece ser que todo empieza a darnos igual. Nos importa más el precio de la gasolina que el de la sangre.

martes, 10 de marzo de 2026

La personalidad secuestrada


Recuerdo que el principal ensamblaje de mi futura personalidad lo configuraron los ejemplos y los consejos de mis padres y abuelos. Para los que tuvimos hermanos mayores sabemos el importante papel que ellos jugaron en nuestro andamiaje de personas en construcción. Eran los más cercanos a nosotros y sabíamos que siempre podíamos confiar con su discreción y su indesmayable lealtad. Sabían soslayar la rigurosidad de los padres y la noble complicidad de los abuelos. Después, algunos queridos profesores que trataron de modularnos contra viento y marea. Luego, con el paso de los años, la vida con sus luces y sombras nos fue horneando a fuego lento. Recuerdo que en un uso arbitrario del libre albedrío unos le dábamos de comer a los pájaros y otros les disparaban con escopetas de perdigones. Lo importante, lo verdaderamente importante, era disponer de una entramado sentimental donde poder refugiarse cuando arreciaran las tormentas. Sin pretensiones de falso cultureta reconozco que las tres grandes aficiones que conservo desde muy joven (la Literatura, el Cine y la Música) me han resultado el complemento perfecto para que mi personalidad se haya desarrollado en armonía y sin grandes sobresaltos. 
Ahora son mis hijas (pronto lo harán mis nietos) las que han tomado el relevo de mi siempre inacabada educación. Me arroparon e ilustraron para que no fuera un analfabeto tecnológico y supiera moverme con cierta soltura por los difíciles campos de las nuevas tecnologías. En lo albores de ese aprendizaje también jugó un papel fundamental Fran Silva (antiguo Capìller de Pasión) abriéndome las puertas a la comprensión de un mundo que cada vez entendía que se me podía hacer más necesario. De hecho el confinamiento de la COVID lo cubrí con un móvil que me regaló pues el mío ya estaba algo obsoleto. Nunca me interesaron las RRSS y siempre procuro que estos artilugios estén a mi disposición y no yo a la de ellos. Ordenador, Tablet y Móvil se me configuran como el Triangulo de las Bermudas que me facilitan la vida y la comprensión de las cosas que me rodean. Hago un uso moderado y racional para no sucumbir en la batalla. 
Mis hijas me gestionaron la instalación de distintas plataformas de series y películas, con el añadido de toda una gama de partidos de fútbol (cosa que agradezco infinito dada mi condición de gran futbolero). Eso si, casi sin darme cuenta, entré en el difuso terreno del consumismo compulsivo de imágenes (no confundir con cinéfilo). Existe un bombardeo permanente en tu móvil con las novedades de series y películas que casi no te da tiempo a gestionarlas. Si has terminado una película o una serie a renglón seguido te preguntan si te han gustado y, caso afirmativo, te proponen un número de series o películas que seguro te van a gustar. Te llevas todo el santo día borrando mensajes del móvil. Lo verdaderamente importante es tenerte todo el día pegado al televisor. Incluso te proponen maratones donde puedas ver del tirón los diez capítulos de una serie. El enganche (la adición) como fórmula comercial para que no te pierdan como cliente. Se invierte el orden natural de las cosas: pasas de ser tú quien elige a que sean otros los que elijan por ti . Pocas dudas tengo de que el Cine donde más se disfruta es en las salas pero ya las circunstancias te van arrinconando en los brazos del Cine domestico. 
Es aconsejable que después de la visión de una buena película o la lectura de un buen libro nos marquemos un tiempo de asimilación antes de empezar a ver o leer nuevas propuestas. La pausa, la necesaria pausa, que nos resulta imprescindible en cualquier faceta de la vida. Dado que ya existen Días para casi todo se debía instaurar el “Día Internacional de la Reflexión”. Pensar hoy se nos muestra como una tarea imposible.
Escuchar en una larga noche de insomnio a Fran Sinatra o a Miles Davis. Leer una tarde otoñal mientras la lluvia repiquetea en los cristales a Joseph Conrad. Escuchar por tangos a Camarón una tarde de primavera. Ver con placer en la sobremesa “Siete novias para siete hermanos” de Stanley Donen. Empaparse antes de irse a la cama de la celestial música de Mozart, Bach o Beethoven Placeres que no hacen más que defender nuestra personalidad ante el permanente secuestro a la que está sometida.