viernes, 30 de octubre de 2026

¿En efectivo o con tarjeta?


Esa es la pregunta del millón y que te suelen hacer al comprar cualquier cosa bien sea grande, mediana o pequeña. Ya las tarjetas imponen su absoluto dominio en nuestras vidas cotidianas. Da lo mismo un café que un ventilador. Las respuesta se acercan cada día más a pagar con tarjeta. El dinero en efectivo tiene todas las trazas de pasar a mejor vida. Es más que previsible que en un futuro nada lejano solo pueda pagarse con tarjeta. Erróneamente son muchos los que piensan que la tarjeta (la suya) es un ente abstracto y que lo único que hace es facilitarle los gastos de su economía domestica. Que en definitiva las compras no las paga él sino su tarjeta. Al separar estos dos elementos (persona y tarjeta) estamos iniciando un tortuoso camino hacia la quiebra. Si pierdes el control de tus gastos eres carne de cañón para los carroñeros financieros. Cuando la deuda sea sustanciosa te quitarán hasta los calzoncillos. Esa es la trampa, comprar sin freno a través de la tarjeta que ya luego veremos quien paga “la roncha”.  
Hace pocos días viví en primera persona a lo que hemos llegado. En mi indesmayable afán de potenciar al pequeño comercio suelo comprar siempre en pequeñas tiendas. Conozco y me conocen que en tiempos de indiferencia no es una cuestión baladí. El pan y algunos dulces los suelo comprar en una panadería-confitería de la calle Baños. La señora que nos atiende se maneja con un trato amable y educado. Suelen vender unos productos de primerísima calidad y a precios excelentes. Acudo una mañana para abastecerme de pan y me encuentro, cosa inusual, con ocho personas esperando ser atendidas. El problema era que desde esa mañana estaba cortada la conexión con Internet ( la avería procedía de las obras del Metro por una rotura de cables en la Macarena) y no se podía operar con tarjetas. Todas las personas que allí estaban habían elegido la tarjeta como forma de pago. Por las bolsas intuí que casi todas llevaban pan y algún que otro dulce. Es decir que las cuentas resultantes serían de 3, 4 o 5 euros. Pues bien nadie llevaba ese dinero encima. A esta mujer se le planteó un problema de difícil solución. De las ocho personas cinco eran clientes habituales y ahí no había problema pues quedaron que ya le pagarían al día siguiente. Lo que ocurre es que se quedaron descolgadas tres personas que eran clientes circunstanciales. ¿Qué solución se les podía dar? ¿Qué se llevarán el pan y ya lo pagarían otro día que pasaran por allí? ¿Sacar el pan de las bolsas y volver a ponerlo en las canastas? Un dilema de difícil solución pues ninguna llevaba encima ni 5 euros. El plástico definitivamente le ha ganado la batalla a los euros en efectivo. Nadie niega la comodidad que supone en la actualidad operar con tarjetas pero esto debe hacerse compatible con el manejo diario de una cierta cantidad en efectivo. Debemos tener presente que la alta tecnología es voluble y que cualquier caída de la Red sitúa los problemas en su justa dimensión. Abracemos lo nuevo en cuanto de comodidad ha traído a nuestras vidas pero no obviemos de un plumazo aquello de donde procedemos. Siempre somos de donde venimos y no hacia donde vamos. Que los arboles de la alta tecnología no nos dejen ver el bosque de lo cotidiano.



jueves, 29 de octubre de 2026

La Muerte cabalgando sobre los railes


Demoledora, absolutamente demoledora se nos presentan las imágenes del accidente ferroviario de Urda. Una catástrofe de unas dimensiones gigantescas y que ha sumido (una vez más) a España en el dolor, el desconsuelo  y la perplejidad.  Vidas destrozadas y familias enteras instaladas en la pena más infinita.  España, la España ferroviaria, ha producido en nueve meses la escalofriante cifra de 114 fallecidos en dos accidentes (Adamuz y Urda) y en el corto periodo de nueve meses.  La investigación se empieza a abrir paso y las conversaciones grabadas entre el Centro de Control de Atocha y los dos trenes siniestrados te dejan perplejo y sumido en la duda permanente.  El antecedente de la tragedia es un fallo informático que tenía a un tren AVE pendiente de arrancar y a otro del Iryo  varado en las inmediaciones de Urda.  Sin estar resuelta del todo la avería informática se le da instrucciones al AVE que puede salir a velocidad normal (es decir a 250 kilómetros por hora) cuando lo que procedía por protocolo es a  “velocidad vista” con una limitación de 40 kilómetros por hora.  A la maquinista del Iryo también se le da (con algunos titubeos) la misma orden: reanudar la marcha a velocidad normal. Siete minutos  después esta maquinista llama para decir que continua detenida por no poder activar el sistema LZB.  Sin embargo nadie avisa al AVE, ni incluso a cinco minutos del choque,  que debía frenar con urgencia.  Todo absolutamente surrealista y todo carente de algún atisbo de sentido común.  El AVE avanzaba a velocidad de vértigo cuando en la misma  vía estaba parado el de Iryo.  Fueron ¡¡17 minutos!!  en el Centro de Control donde nadie se percató que el AVE se dirigía a un terrible choque contra el Iryo.  La tragedia encima de la mesa y nadie parecía percatarse de nada.

Son muchas las incógnitas que se mantienen en el aire y a las que una profunda investigación debe dar respuesta.  En el mundo de la Alta Tecnología las vidas de las personas que viajan en tren no pueden depender de un fallo humano. 114 muertos y un número indeterminado de heridos reclaman con urgencia que se investiguen a fondo las causas de estos accidentes (el de Adamuz lleva cinco meses sin que avancen las investigaciones) y que se depuren responsabilidades de todo tipo.  No se puede consentir que subirse  a un tren ya se considere una cuestión de alto riesgo.  Las victimas y las familias así lo demandan y reclaman.  Ahora lo que procede es prestar la máxima atención y el mayor de los apoyos a los heridos y a sus familiares.  Cada cosa a su tiempo. Tratar de sacar redito político y electoral de esta enorme tragedia me parece de una mezquindad absoluta.  Este es un país honesto y solidario y al que tratan de envenenar con los dardos de la mentira, el bulo y la insidia.  Anoche acompañé a un buen amigo a la Estación de Santa Justa para recabar información de una sobrina desaparecida en el accidente.  La desesperanza y el desosiego que allí pude presenciar son de esas cosas que nunca se pueden olvidar.  Ayudar a estas familias se nos presenta como una cuestión fundamental.  Darles respuestas veraces  sobre esta enorme tragedia es lo menos que le debemos.  Investigar todo lo investigable se nos presenta como una tarea ineludible. 

martes, 27 de octubre de 2026

Alfredo Sánchez Monteseirín


Ayer falleció Alfredo Sánchez Monteseirín. El Alcalde más longevo que ha tenido la Ciudad de Sevilla (1999-2011). Reconozco que tenía ciertas dudas sobre si procedía escribir sobre su persona. Resultaría contradictorio que un Blog que tiene como especial predicamento a la Ciudad de Sevilla ignorase el fallecimiento de, posiblemente, su mejor Alcalde. Lo que me resultaba falso y cansino era unirme al coro de falsos aduladores que aparecerían por doquier de todas las formas posibles. No pocos de ellos son los mismos que durante su mandato municipal lo atacaron sin piedad por tierra, mar y aire. La sempiterna teoría de lo bien que entierra Sevilla a sus hijos más ilustres. Alfredo Sánchez Monteseirín tenía 69 años de edad y era medico de profesión. Un político socialista visionario que supo, contra viento y marea, dotar a la Ciudad de unas herramientas urbanísticas que la meterían de lleno en el siglo XXI. El Metrocentro, el carril bici, las necesarias y demandadas peatonalizaciones, la reorganización de la Alameda, las Setas de la Encarnación o la Torre Pelli fueron algunos de sus logros más relevantes. Siempre tuvo como principal obsesión el convertir a Sevilla en “la Ciudad de las Personas”. 
 Fueron numerosos los permanentes conflictos que tuvo con los empleados municipales (en más de una ocasión le hicieron escraches en la puerta de su casa en Triana). Todas sus medidas fueron duramente cuestionadas por las fuerzas más reaccionarias de la Ciudad. Tuvo que gobernar en continuas alianzas. Primero con el apoyo del Partido Andalucista y después en coalición con Izquierda Unida (en versión Antonio Rodrigo Torrijos). Supo lidiar con todas las situaciones que se le presentaron y siempre sin perder su media sonrisa y su aspecto de bonachón sevillano. Hombre austero, poco dado a la jarana, de espíritu machadiano y parco en palabras inútiles. Lo traté personalmente en algunas ocasiones (Comisión Pro-Monumento a Manuel Vallejo) y reconozco que, por tirios o troyanos, aquello nunca llegó a buen puerto. Esto no es óbice para recordarlo con afecto y con la gran consideración que me merece su labor al frente del Ayuntamiento. La gente siempre lo conocía como “el Monteserín” (comiéndose la penúltima i). Se fue por la Puerta Grande del Ayuntamiento. Sin llevar escándalos en su mochila ni tampoco algún atisbo de corrupción (cosa difícil en los tiempos que corren) y con su conciencia limpia y tranquila por el deber cumplido. Descanse en paz este oriundo de La Rinconada que pasó por la Alcaldía dejando el listón muy alto. Sevilla, la Ciudad que tanto le debe, le estará siempre eternamente agradecida. Es justo y necesario que así lo haga.