jueves, 24 de septiembre de 2026

Espejo, espejito mágico



“El espejo en que te mira
te dice como tú ere
pero nunca te dirá
los pensamientos que tiene” 
 (Soleá de Camarón de la Isla)  

El espejo de mi cuarto de baño lleva no menos de cuarenta años acompañándome cada mañana. A una hora tempranera uno “está” en el cuarto de baño y en el resto del día lo que hacemos es un trasiego intermitente. La importante es la primera incursión del día. Entre el espejo y nosotros existe una desigualdad manifiesta. Él espejo sigue siendo el mismo (con algunos desgastes en los perfiles) mientras que uno cada día va avanzando hacia un inevitable deterioro físico. Al primero que saludas recién levantado es al espejo del cuarto de baño y este se encarga sin cortapisas de reflejar en tu rostro como has pasado la noche. Este espejo ha visto con el transcurrir de los días como mis hijas pasaban de niñas a mujeres. Me han visto envejecer mostrándome, no sin cierta satisfacción, que el paso de los años no me ha tratado tan mal. Es cierto que al tener contigo un trato diario te considera como de la familia y te trata con cierta benevolencia. Intenta no distraerte mientras te afeitas para no terminar con un corte inoportuno en la cara. Por motivos obvios el verano le sienta peor al espejo que el invierno. En el invierno sales de la ducha y tras secarte te enfundas en el albornoz y esto, unido al vaho, impide que el espejo te refleje con toda su crudeza. Te libras por poco pero te libras. El verano ya resulta más transparente y demoledor. Te afeitas en calzoncillos y ya observas que tu antaño “cuerpo serrano” va perdiendo fuelle y cada día es menos cuerpo y también menos serrano. Tu silueta reflejada sin ambages. Gajes del oficio de….vivir.
Recuerdo que cuando “mi cueva” la habitaba mi Libro de Familia al completo había que saber gestionar el uso mañanero del cuarto de baño. Todas se levantaban con prisas de agenda (horarios) y yo solucionaba parte de este problema madrugando para ser el primero. Lo importante era no frenar el recorrido cuarto-bañero de los demás. El Cine y la Literatura están llenos de secuencias o capítulos donde el espejo (los espejos) tienen un papel predominante. Todos los protagonistas utilizan el espejo para mostrarnos sus distintos estados de animo. Nos muestra lo que nos acecha y también lo que acechamos nosotros. Si asumimos que hasta el alma tiene espejo estamos asumiendo que ni lo físico ni lo espiritual se libran de los reflejos que dimana de los espejos. Los cristaleros se cuidan de montar los espejos de las formas más diversas y ambivalentes. Decían los antiguos que un espejo roto solía traer mala suerte y había que retirarlo lo antes posible. Mi padre nunca se miraba en el espejo. Se peinaba a tanteo y se afeitaba con una maquinilla eléctrica. Lo cantaba Serrat en su inmortal canción “Mi Niñez” : - Mi madre crió canas / Pespunteando pijamas / MI padre se hizo viejo / Sin verse en el espejo……   
El espejo, los espejos, marcando sus pautas de reflejos cotidianos. La vida enmarcada en un cristal que nos dice lo que ve de verdad y no lo que nosotros quisiéramos que viera. Esta Ciudad de nuestros amores y desvelos es una ciudad de espejos y luces. Los escaparates de los comercios del Centro reflejan el distraído y continuo pasar de la gente; el reflejo de las bombillas que anuncian las Fiestas Navideños y el colmo de la belleza sevillana reflejada en un Paso de Palio. Sevilla siempre se miró en los espejos del río.
Todo, absolutamente todo, queda reflejado en el mágico mundo de los espejos. Los reflejos del alma y el cuerpo como testigos fieles e inapelables de nuestra andadura por los senderos de la Vieja Híspalis. La primera vez que un niño se mira en un espejo primero muestra cara de asombro y luego se ríe. Llega un momento en que los espejos duermen en pequeños formatos el sueño de los justos en los bolsos de las mujeres. Acicalarse un poquito le llaman a eso. Espejo que nos lleva en volandas por entre las luces y las sombras. Un transparente testimonio de nuestro paso por la Tierra. Existe un momento para todo y también para mirarse en el espejo. Espejo, espejito mágico. 


lunes, 21 de septiembre de 2026

Costumbres al sevillano modo




Pasa el tiempo, pasan los años, y existen costumbres sevillanas que se anclan en la Ciudad sin que, afortunadamente, el tiempo pueda con ellas.  Hubo una época en que esta Tierra de María Santísima era conocida por su Historia, sus Costumbres y sus Tradiciones.  Sus Leyendas, algunas hermosas y otras no tanto, se fueron debilitando con el paso de los años hasta ir desapareciendo dentro de la nebulosa de las cosas que en verdad nunca sucedieron (aunque algunas merecerían haber sucedido).  La tradición oral algunas veces le ha jugado una mala pasada a los hechos empíricamente demostrables.  Se hace verdad una letra del Flamenco que dice:  

“Que cosas dice este loco

que la verdad no la dice

pero mentira tampoco”.  


Preguntas sin respuesta y que muchas de ellas permanecen ancladas en el tiempo.   ¿Por qué cuando las mujeres se pegan una carrerita para coger el autobús siempre lo hacen riendo?  ¿A que obedece que cuando alguien ocupa un sitio vacío en el bus suele decir:  “Ea, vamo a quitano de en medio”? Quien llega para incorporarse a una cola, ¿por qué siempre le pregunta al último quien es el último?   Si te encuentras a un amigo o conocido y se ha enterado que ha fallecido una tía tuya siempre te hará las dos preguntas de manual:  que edad tenia y si ella estaba “mala” (mi tía tenia ¡96 años!  y padecía una enfermedad que se llama sobredosis existencial).  Cuando un turista nos pregunta mostrándonos un mapa  como llegar hasta la Catedral, ¿por qué empezamos a gesticular en plan karateka y le hablamos muy despacio y elevando el tono de la voz?  ¿En verdad nos creemos que las diferencias idiomáticas se resuelven hablando fuerte y despacio?  Te encuentras a un amigo que te comenta si te has enterado de “lo del Lolo”.  Tú le dices que si que ya te lo han comentado un par de veces.  No le importa en absoluto y te cuenta con toda clase de detalles el tema en cuestión.  ¿Para qué pregunta entonces si conocía  “lo del Lolo”? 

En Sevilla ocurrieron dos hechos fundamentales que cambiaron radicalmente la idiosincrasia de la Ciudad.  A saber: la demolición de los Corrales de Vecino y la desaparición de  las antiguas tabernas.  La vida en los Corrales era muy dura por las grandes carencias en cuestiones fundamentales de supervivencia.  El día a día era durísimo para algunas familias que no sabían si podrían comer aquel día.  Sin agua corriente en las  “cuartos”;  teniendo que hacer “las necesidades” en un cubo y donde tenias que vivir hacinado junto a tus padres y hermanos.  ¿La contrapartida?  Unos niveles  altísimos de humanidad y una convivencia  plena de solidaridad y con un alto grado de gracejo sevillano.  Posiblemente añoren aquellos tiempos quienes nunca los vivieron pero los que arrancamos nuestras vidas desde aquel contexto social sabemos valorar lo malo y lo bueno de aquella  dura experiencia.  Allí y en las antiguas tabernas se germinaron muchas de las costumbres populares sevillanas y que el paso del tiempo no ha conseguido derrotar del todo.  Esto que hoy llaman “la vertebración social”  ha quedado diluida en las pantallas de los móviles y en la de los televisores.  Somos gente surrealista por nuestra propia idiosincrasia y  por nuestra forma de entender la vida y sus consecuencias colaterales.  Sabemos de donde venimos y nunca hacia donde vamos.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Playa de la Jara


La tarde con su tono rosáceo y sus perfiles azulones se resistía a abandonar la Playa de la Jara. El viento solano ya había bajado sus persianas de soles refulgentes que acarician los rostros con una falsa calidez que termina siendo abrasadora. La playa poco a poco se iba despoblando de playeros y se quedaban aquellos que siempre supieron ver los misterios y grandezas de los mares. La playa es para que te vean y el mar es para que tu veas una de las expresiones más bellas de la Madre Naturaleza. Enfrente, el mágico entorno de Doñana se iba adentrando poco a poco en el reino de las sombras. Compartió con su padre por wasap una foto de aquel milagro de la Naturaleza. En los aledaños de la orilla dos mujeres muy jóvenes, con el pelo recogido en sendas trenzas, montaban dos jacas jerezanas con unas pintas verdaderamente majestuosas. Caballos mitológicos de lunas llenas, uno blanco y el otro negro como la sempiterna suerte de los humanos. Son de esos momentos en que los ateos dudan de sus propias dudas y los creyentes se entregan volátiles en los brazos del Sumo Hacedor. Con una cierta lentitud cerró la novela de Isabel Allende que estaba leyendo esa tarde y la depositó cuidadosamente en una bolsa de rafia que siempre estaba llena de sueños. Se miró los pies salpicados de arena húmeda y espantó, con una maniobra de su abanico cerrado, una de esas pesadas moscas que uno no sabe si fumigarlas o apuntarlas en el Libro de Familia. Miró de reojo a su madre que tenía puesta la mirada fija en el horizonte. Sintió una especie de escalofrío que no era más que un hondo sentimiento de placer. Estaba feliz de la forma más sincera posible: en paz consigo misma y con la Madre Naturaleza.
Las olas que llegaban para morir en la orilla lo hacían cada vez de forma más pausada. Llegaban para quedarse y parecía que ya les daba pereza volverse a su punto de partida. Desde un grupo algo lejano se escuchaba en la distancia los sones de una canción de Manuel Carrasco. En el horizonte ya mandaban los tonos grisáceos. Destacaba un semicírculo rojo que por momentos iba perdiendo su nitidez para evaporarse en los brazos de la noche. Poco a poco se fue desperezando mientras se quitaba la arena de los brazos. Con su mano izquierda se recolocó su pulsera granate del Señor de la Salud de los Gitanos. Se calzó las chanclas mientras veía como su madre se incorporaba y se ponía una camiseta blanca. Escuchó una voz, sangre de su sangre, que le decía: “Chica, ¿nos vamos ya?”. Dicho y hecho. Recogieron los bártulos y con paso lento pero firme abandonaron la playa. Pasaron por la puerta de un chiringuito que ya estaba recogiendo para empezar a preparar el siguiente día. Apiladas en un rincón dormían en perfecto orden las cajas de cervezas rescoldo del elixir veraniego de los cerveceros. Los restos acristalados de la batalla librada por el Rey Gambrinus. Cerveceros indomables por los senderos de Manolo Sanlúcar, Genio de la guitarra flamenca. “Padre nuestro que estas en los cielos, no permitas nunca que estén vacíos nuestros corazones ni tampoco nuestros botellines”. Sentidas oraciones cerveceras en honor de San Salvador de la Cruzcampo. Todavía se percibía en el aire un tenue pero persistente olor a sardinas “asá”. Soltaron las bolsas y las butacas playeras a los pies del coche y mientras ella metía la llave en la cerradura se intercambiaron una sonrisa. Dos mujeres y un mismo destino.
En los pinares cercanos dos pájaros “carbonero garrapinos” se disputaban una rama oblicua donde poder pasar la noche. En las casas adyacentes ya estaban encendidas las luces artificiales para dejar constancia de que la luz del sol había sido derrotada. La oscuridad se hizo redonda y el coche avanzaba por entre las caricias luneras de las parejas de enamorados en el paseo marítimo. Alguna risa estentórea rompía la magia de la noche que acababa de comenzar su andadura de sombras callejeras. Matizadas por la luz de unas farolas de hierro fundido de estilo sevillano. Mientras conducía veía de reojo como su madre intentaba quitarse del pelo los últimos granos de arena. Observó no sin cierta satisfacción que todo estaba equilibrado y que la Felicidad siempre se encuentra en los gestos más sencillos y cotidianos. A lo lejos, en el horizonte, ya había sido difuminado cualquier vestigio de la paleta con los colores celestiales. La luna lorquiana se mostraba majestuosa proyectando su halo de luz sobre las tranquilas aguas. Dios se sonrió desde las alturas y se dijo para sus adentros: “Hoy de verdad si que lo he bordao”.