jueves, 14 de mayo de 2026

José Domínguez “El Cabrero”



Dale alas y volará
al pueblo de Andalucía
que es un ave doloría
que busca la libertad
que le han negado toa la vía” 
 (Fandango de El Cabrero)



Ayer, día 13 de Mayo de 2026, falleció a las 81 años de edad José Domínguez “El Cabrero”. Hace unos siete años sufrió un ictus apoplético que lo dejó maltrecho y desde entonces pasaba sus días sin soles y sus noches sin estrellas en la Residencia de San Juan de Dios de la localidad sevillana de Bormujos. “El Cabrero” se nos configura como la voz rebelde del Flamenco. Un cantaor que hizo de la ortodoxia cantaora virtud y de la rebeldía una forma de existir donde poder denunciar, con la fuerza jonda y expresiva de su Cante, las injusticias padecidas en nuestra maltratada tierra. En su época de esplendor jondo era el cantaor más demandado en los numerosos Festivales que se desarrollaban por toda Andalucía. Siempre utilizaba su indumentaria de cabrero tanto para la trashumancia de su rebaño de cabras como para subirse a un escenario para cantar. Con su inseparable sombrero y su barba de pastor itinerante era una especie de Clint Eastwood del Arte Jondo. Sus letras, sobre todo en los Fandangos de Huelva, eran demoledoras y suponían un aldabonazo en la conciencia de un pueblo ahíto de caciques inmisericordes y huérfano de las ventoleras de los aires de la Libertad. Un rayo de luz en tiempos sombríos y tenebrosos. El ascuas que nunca termina de apagarse.
Nacido para la vida y el Cante en Aznalcóllar (1944) siempre fue un verso suelto en el universo sonoro del Flamenco. Hasta que su cuerpo se pudo mantener en pie nunca abandonó el cuidado de sus cabras y el desarrollo de su jonda expresividad cantaora. Siempre supo dotar a su Cante de profundos sentimientos populares. Repudiado por la oficialidad “cultural” del Flamenco y siempre molesto para los usurpadores políticos que se apropian de los verdaderos intereses de la gente. Un Robin Hood en la Corte, hoy secuestrada y en manos de la mentira, de Blas Infante. El último mohicano que le quedaba al Arte Jondo. El eco de su voz siempre quedará viva y latente por entre los riscos y veredas de Andalucía. La rebeldía, en tiempos de adocenamiento y cortoplacismo, siempre tuvo un precio y “El Cabrero” lo pagó con creces. En una época como la actual donde la gente se deja engañar tan fácilmente la figura de “El Cabrero” cobra una especial relevancia. La rebeldía duerme el sueño de los justos y, lo peor, los justos han enterrado el sueño de la rebeldía. Descanse en la paz de los nobles andaluces.

viernes, 8 de mayo de 2026

Entre los Andes y el Monte Gurugú



Se llama José como el patriarca que tuvo que emigrar junto a su esposa la Virgen María para alumbrar a quien luego sería el mayor referente de la luz en el mundo. La Tierra nunca ha dejado de moverse y sus habitantes desde tiempos ancestrales tampoco han dejado de hacerlo. Cualquiera que se preocupe de indagar en sus propios ancestros comprobará que en ellos siempre habrá gente que emigraron buscando nuevas oportunidades. José es un peruano de unos cuarenta años de edad. Es vecino, un buen vecino, del bloque donde tengo la vivienda que mantiene mis días y apura mis noches. Aquí lleva viviendo no menos de diez años. Vive junto a su compañera y sus tres hijos (dos niños y una niña). A mi me da la impresión de que los tres son iguales. La niña es guapísima con esa tez morena que da su tierra, una trenza tan laboriosa como espléndida y unos ojos verdes que se abren y cierran como los antiguos abanicos de Casa Rubio. Los niños siempre van muy repeinados con los pelos de punta como si hubieran metido los dedos húmedos en un enchufe. Salen del ascensor disparados cual bolas de acero rodando por la rampa del Salvador. Son gente muy educada y siempre dispuesta a colaborar en cuanto la Comunidad requiera de ellos. José trabaja desde que llegó a Sevilla en la construcción y parece ser que es un albañil muy cualificado. Es de esos grandes albañiles que con un palaustre y un cubo de mezcla son capaces de hacer una replica de la Catedral de Burgos. María Elena su mujer siempre lleva una sonrisa a cuesta y se dedica al cuidado de personas mayores y alterna esta noble tarea limpiando todo aquello que demande una bayeta y una fregona. Con ellos vive Camila, una joven que es hermana de María Elena y que es quién se encarga del cuidado diario de los niños.
Un día, un feliz día, los vi salir del ascensor y comprobé que los niños llevaban sendas camisetas del Betis. Me comentó el padre que debido a algunos compañeros del colegio sentían una fuerte predilección por el Equipo de las Trece Barras. Que están deseando ver algún partido del Betis. Le dije que eso tenia facial solución. Que se vinieran a mi casa a ver el próximo partido que televisaran al Equipo verdiblanco. Dicho y hecho. Le dejo al padre una nota en el buzón con el día y el horario que lo televisan. Poco antes de que empiece el partido yo los tengo llamando al timbre de mi puerta. Allí aparecen el padre y sus dos vástagos en perfecto estado de revista. Desde entonces son puntuales a su cita futbolera. Nunca vienen de vacío y siempre traen algunos dulces que les ha preparado la madre. Llegan con la lección bien aprendida en cuanto a modales y forma de comportarse. A los dos les pirra el batido de fresa y siempre hago acopio ese día para que lo puedan complementar con los pasteles de su madre. Durante el partido no paran de preguntarme por cuestiones relacionadas con el encuentro deportivo y más concretamente por determinados jugadores. Les comento que se liberen y que griten cuanto quieran que estaban en territorio amigo. Han conseguido los intransigentes que estos niños vivan con el miedo en el cuerpo y estén siempre temerosos por no defraudar. Es como si tuvieran que darnos las gracias por dejarlos vivir entre nosotros. Ya han cogido confianza conmigo y se explayan (siempre dentro de un orden) con las distintas jugadas del partido. Los partidos del Betis ya se me configuran como un encuentro cultural fraterno que supera los ámbitos de lo estrictamente deportivo.
Me hacen sentirme vivo y, lo fundamental, solidario con los demás y también conmigo mismo. El Betis nos ha unido con unos lazos tan firmes como sorprendentes. La vida te proporciona unas determinadas circunstancias totalmente imprevisibles y que terminan por resolver la cuadratura del círculo. Nuestra condición de humanos siempre anda dando voces en nuestro interior para que la saquemos a desarrollar su noble función. Tratar con desprecio a quienes no son como nosotros nos hace caer en el pantanoso terreno de la infinita maldad. Gente mezquina que llevan el odio por bandera.
En el ultimo partido del Betis que jugó contra el Oviedo noté que José venia especialmente contento. Me dijo que ya ¡¡por fin!! había podido legalizar su situación en España y se consideraba uno más de la tribu sevillana. Noté que se emocionaba y se le humedecían los ojos. Le di un fraternal abrazo y abrí una botella de vino de esas que esperan para su apertura una ocasión como esta. Los niños a lo suyo y uno de ellos me preguntó el motivo de por qué no jugaba Isco de principio. Le dije que todavía no se encontraba físicamente al cien por cien y que todo llegaría igual que ha llegado la legalización de una buena familia como la de ellos. Ya han dejado de ser invisibles y forman parte activa de nuestras vidas y, lo mas importante, de la vida de la Ciudad. Conviene no dejarse engañar con los falsos mensajes “nacionales-prioritarios”. No están atacando a los que vienen de fuera; lo que de verdad atacan es a la pobreza. Dios nos creó iguales y fueron las leyes mezquinas de los hombres las que crearon y fomentaron las mercantilistas fronteras. El Santo Padre acertó de lleno cuando ha sabido ejercer más como Padre que como Santo. Lo importante no es dormirse cada día reliao a una bandera; lo que es verdaderamente importante es poder dormir con la conciencia tranquila.

lunes, 4 de mayo de 2026

50 años de “El País”. 50 años de libertad.



Hoy, 4 de Mayo de 2026, se cumplen 50 años desde la aparición en la Sociedad española, europea y mundial del periódico “El País”. Al día de hoy se nos configura como el mayor referente planetario de un periódico en lengua castellana. Aquellos comienzos fueron fulgurantes y esperanzadores cuando todavía, en el plano democrático, estaba todo por hacerse. Fueron días donde se mezclaba la incertidumbre y la esperanza y donde éramos muy conscientes de la fragilidad de la incipiente y recién nacida Democracia. Aquello significaba para muchos españoles y españolas un necesario soplo de libertad y un canto al europeísmo militante. Con el diario “El País” se estableció en España un antes y un después para la liquidación definitiva de la dictadura franquista.
Desde el primer número y durante estos 50 años nunca he dejado un solo día de mi vida de leer “El País”. Bien cierto es que en estos últimos años lo hago solamente los fines de semana. Siempre en la versión de papel pues considero que la magia de comprar el periódico una mañana de domingo y leerlo pausadamente tomando un café en tu bar de referencia es insuperable. Hay placeres que le dan sentido y forma a esto que llaman el ejercicio del vivir. Hoy, que todo se hace de manera apresurada y compulsiva, vivimos a salto de mata y ya solo leemos los titulares de los periódicos en aquellas cosas que nos resultan más interesantes. Las prisas marcando nuestro deambular por los senderos de la vida y sus circunstancias. Leer mucho y rápido para terminar no disfrutando de la lectura. Estamos inducidos por fuerzas exógenas para que nuestra mirada se fije tan solo en determinadas cuestiones. Un periódico es (o debería ser) un compendio de actualidad, cultura, publicidad y curiosidades donde tu puedes elegir que lees de manera prioritaria. Una vez que adquieres el periódico en el kiosko ese universo te pertenece de manera preferente. Lo vas leyendo durante el día en distintos lugares de tu casa para al final, una vez cumplida su misión, terminar en el contenedor de los papeles.
Durante la ultima etapa de la dictadura era la revista “Triunfo” quien me cubría (entre cierres y censura) el necesario sabor de la libertad informativa. Luego desapareció la revista “Triunfo” y apareció el diario “El País” para ya, de forma definitiva, seguir en la senda del necesario trio que configuran la información, la formación y la cultura. No es casualidad que el “del rotulador negro” le tenga declarada la guerra (esa esa su gran especialidad política: las guerras) a un determinado tipo de prensa que no “le baila el agua”. Los dictadores del ayer, del hoy y del mañana siempre consideraron a la prensa libre y a los escritores independientes los principales enemigos a batir.
Larga vida a “El País” en estos sus primeros 50 años de existencia. Corren malos tiempos donde ha tomado cartas de naturaleza el insulto más soez, la descalificación más abrupta e incluso las agresiones verbales y físicas. Se financian y protegen a macarras mafiosos para que puedan acosar con total impunidad a personas indefensas. Quienes amamantan lobos no terminan de entender que con el paso del tiempo se volverán contra ellos. Solo nos puede salvar de esta barbarie programada el papel fundamental del verdadero periodismo. 50 años no son nada. ¿O sí?