Pasa el tiempo, pasan los años, y existen costumbres sevillanas que se anclan en la Ciudad sin que, afortunadamente, el tiempo pueda con ellas. Hubo una época en que esta Tierra de María Santísima era conocida por su Historia, sus Costumbres y sus Tradiciones. Sus Leyendas, algunas hermosas y otras no tanto, se fueron debilitando con el paso de los años hasta ir desapareciendo dentro de la nebulosa de las cosas que en verdad nunca sucedieron (aunque algunas merecerían haber sucedido). La tradición oral algunas veces le ha jugado una mala pasada a los hechos empíricamente demostrables. Se hace verdad una letra del Flamenco que dice:
“Que cosas dice este loco
que la verdad no la dice
pero mentira tampoco”.
Preguntas sin respuesta y que muchas de ellas permanecen ancladas en el tiempo. ¿Por qué cuando las mujeres se pegan una carrerita para coger el autobús siempre lo hacen riendo? ¿A que obedece que cuando alguien ocupa un sitio vacío en el bus suele decir: “Ea, vamo a quitano de en medio”? Quien llega para incorporarse a una cola, ¿por qué siempre le pregunta al último quien es el último? Si te encuentras a un amigo o conocido y se ha enterado que ha fallecido una tía tuya siempre te hará las dos preguntas de manual: que edad tenia y si ella estaba “mala” (mi tía tenia ¡96 años! y padecía una enfermedad que se llama sobredosis existencial). Cuando un turista nos pregunta mostrándonos un mapa como llegar hasta la Catedral, ¿por qué empezamos a gesticular en plan karateka y le hablamos muy despacio y elevando el tono de la voz? ¿En verdad nos creemos que las diferencias idiomáticas se resuelven hablando fuerte y despacio? Te encuentras a un amigo que te comenta si te has enterado de “lo del Lolo”. Tú le dices que si que ya te lo han comentado un par de veces. No le importa en absoluto y te cuenta con toda clase de detalles el tema en cuestión. ¿Para qué pregunta entonces si conocía “lo del Lolo”?
En Sevilla ocurrieron dos hechos fundamentales que cambiaron radicalmente la idiosincrasia de la Ciudad. A saber: la demolición de los Corrales de Vecino y la desaparición de las antiguas tabernas. La vida en los Corrales era muy dura por las grandes carencias en cuestiones fundamentales de supervivencia. El día a día era durísimo para algunas familias que no sabían si podrían comer aquel día. Sin agua corriente en las “cuartos”; teniendo que hacer “las necesidades” en un cubo y donde tenias que vivir hacinado junto a tus padres y hermanos. ¿La contrapartida? Unos niveles altísimos de humanidad y una convivencia plena de solidaridad y con un alto grado de gracejo sevillano. Posiblemente añoren aquellos tiempos quienes nunca los vivieron pero los que arrancamos nuestras vidas desde aquel contexto social sabemos valorar lo malo y lo bueno de aquella dura experiencia. Allí y en las antiguas tabernas se germinaron muchas de las costumbres populares sevillanas y que el paso del tiempo no ha conseguido derrotar del todo. Esto que hoy llaman “la vertebración social” ha quedado diluida en las pantallas de los móviles y en la de los televisores. Somos gente surrealista por nuestra propia idiosincrasia y por nuestra forma de entender la vida y sus consecuencias colaterales. Sabemos de donde venimos y nunca hacia donde vamos.