viernes, 17 de mayo de 2024

Jesús Navas o la verdad del Fútbol

Se ha cumplido la crónica de una marcha anunciada.  Jesús Navas dejará a final de temporada la disciplina de su querido Sevilla FC.  Le contemplan 688 partidos con la Entidad sevillista y ha sido uno de los principales artífices de la Edad de Oro del Sevilla.   Ha jugado 51 partidos con la Selección Española  y ha participado en tres títulos fundamentales de la misma. Le cabe el inmenso honor de haber participado en el gol más famoso de la Historia de la Selección (gol de Andrés Iniesta contra Holanda).  Ignoro los vericuetos directivos que han impedido la renovación del jugador de Los Palacios y Villafranca aunque resulta evidente que Jesús Navas  tiene todavía mucho fútbol en sus botas.  Estamos a que dudarlo ante un futbolista excepcional y, lo más importante, alguien respetado y querido en toda la esfera del mundo futbolero. Un deportista integro en el más noble sentido del término.  Como futbolista reúne unas condiciones que lo hacen entrar por derecho propio en el Olimpo de los grandes jugadores.  La banda es su espacio natural y con unas condiciones físicas y técnicas excepcionales la recorre cientos de veces en cada partido. Incansable en sus subidas y bajadas es una bala que percute siempre por el lado derecho del campo. Sabe elegir en cada momento la opción más acorde con lo que reclama la jugada. Debajo de una apariencia física de una cierta fragilidad se esconde un enorme potencial físico de difícil parangón entre los jugadores de banda.  Hombre sencillo y poco dado a las exposiciones mediáticas.  Jesús Navas reparte su tiempo entre su profesión de futbolista y un fuerte apego por su familia.  Introvertido y tremendamente afectivo en las distancias cortas se nos configura como ejemplo y modelo de gran deportista y mejor persona. Cuando en la actualidad la imagen le ha ganado su sitio natural a la imaginación Jesús Navas se nos representa como el adalid de la verdad de este mercantilizado deporte.  No sabemos donde será su próximo y posiblemente último destino futbolero.  Desearle suerte, mucha suerte, es nuestra obligación moral ante este futbolistas tan excepcional.  Engrandeció y ennobleció el deporte que ha practicado intensamente desde niño.  La recta de Los Palacios es la senda que lo trajo a la Ciudad de Sevilla para mayor gloria de uno de sus grandes Equipos.  Jesús Navas sevillista ejemplar y deportista integro tanto en el continente como en el contenido.  Una forma de jugar; una forma de sentir; una forma de pensar y una forma de actuar que lo configuran como alguien absolutamente admirable.  Se marcha el jugador y nos deja una huella imborrable por los vericuetos sentimentales del Barrio de Nervión.  Suerte Jesús y eternamente agradecidos por tanto como nos ha dado.  Poner de acuerdo a béticos y sevillistas en afectos compartidos solo está al alcance de los mas grandes.  Jesús Navas o la verdad del Fútbol. 

jueves, 16 de mayo de 2024

La meritocracia de sus señorías

Decir que en la actualidad existe una fuerte desafección ciudadana hacia el mundo de la política creo que no es más que constatar un hecho evidente. Los tan necesarios  razonamientos; la necesaria confrontación dialéctica y la validación de los argumentos propios (en confrontación con los ajenos) han pasado a mejor vida.  Ahora, en política y de manera definitiva, impera el mundo de la calumnia, el bulo, la descalificación y, en no pocas ocasiones, el insulto más soez.  Los más peligrosos son los “meritorios” y “meritorias” que tratan de abrirse camino en sus Partidos a golpes de exabruptos.  Son personajillos que pululan por el Parlamento y el Senado buscando una oportunidad para demostrarles a sus jefes su verdadero “potencial” político.  Hace ya muchos años que desistí de presenciar en directo o en diferido como remueven cada día el fango de la política.  Lo hago en primer lugar por una simple cuestión de higiene moral y por no asistir como espectador a este lamentable espectáculo.  Han convertido el intentar estar bien informado en un ejercicio de masoquismo.  Entiendo y creo firmemente que en todos los Partidos políticos existen personas sensatas que desarrollan su actividad dentro de los cauces del respeto y las buenas formas.  Son, desgraciadamente, una minoría que se ven arrastrados por este alud de mierda política y mediática.  El buen político se sostiene y se nutre de cuatro elementos fundamentales.  A saber: honradez, sensatez, espíritu constructivo y buena capacidad de gestión.  Parece fácil pero busquen a estos ejemplares en la selva de la política actual y comprobarán que son una especie en vías de extinción.  Ya no hace falta argumentar nada pues la verdadera valoración siempre vendrá de su alto grado difamatorio y su nivel de descalificación.  ¿Qué puñetas leerá esta plebe?  ¿Van alguna vez al Cine o al Teatro¿  ¿En que parte de su recorrido existencial perdieron el morral de los valores?  ¿Qué principios cívicos y morales les enseñan a sus hijos?  Insultan, descalifican y calumnian mientras su bancada se parten las manos aplaudiendo. No tienen limites pues saben que, desde la racionalidad, poco o nada le pueden aportar a una sociedad democrática.  Se encuentran muy cómodos descalificando al adversario (para ellos siempre enemigos) y han conseguido algo muy peligroso: la completa desafección política de la ciudadanía.  Aunque, eso si, siempre son los otros los que embarran las cosas de la política y ellos, en uso de su legitimo derecho, no hacen más que defenderse.  Son personajillos irrelevantes que con tal de hacer méritos son capaces de perpetrar los “discursos” más miserables.  Crean de manera permanente “Comisiones de Investigación” cuando son ellos, como demócratas,  los que de verdad necesitan ser investigados.  La mala gente que decía Machado que va apestando la tierra.  Lo más triste es que viven opíparamente a costa del dinero de los sufridos contribuyentes.  Los “jefes” de los Partidos los jalean y los mantienen hasta que ya ven que no les son de ninguna utilidad.  Entonces los dejan caer y pasan de inmediato al ostracismo más absoluto.  El merito, los “méritos” contraídos en sus quehaceres políticos ya les resultan insuficientes para seguir chupando de la teta del Estado.  Se van como se van las nubes en la Primavera: sin que nadie añore su ausencia.  Debilitan con su comportamiento a las instituciones democráticas y al final consiguen que la gente considere a la Democracia como un mal menor.  Por sus “méritos” los conoceréis.  La meritocracia, la falsa meritocracia de sus inocuas señorías.

martes, 14 de mayo de 2024

La magdalena de Proust


Marcel Proust escribió su monumental obra (“En busca del tiempo perdido”) entre 1908 y 1922. Fueron siete volúmenes que la sitúan entre las obras cumbres de la Literatura Universal. La famosa “magdalena de Proust” aparece en el primer volumen (“Por el camino de Swann”). Al mojar una magdalena recién hecha en una taza de té al personaje de la novela le vienen de repente una serie de recuerdos que lo retrotraen al paraíso de la infancia. Es la eterna cantinela de vivir de los recuerdos o vivir con los recuerdos. Mientras nuestra salud no se resquebraje en exceso lo verdaderamente importante en la vida es seguir avanzando y poder cubrir días, meses y años. Todo envuelto en las inevitables secuelas de luces y sombras. Acumular experiencia con los errores y aciertos cometidos y reinventarse cada día con los amaneceres que todavía se nos regalan. Recordar a quienes bien quisiste y, lo más importante, mucho te quisieron es una noble manera de mantenerlos con vida. Se vive siempre hacia adelante como así nos marca las agujas del reloj. Sentir permanentemente lo vivido llevando contigo el fardo de los sentimientos compartidos. Siempre lo verdaderamente importante será que todavía los proyectos le ganen la partida a los balances. La memoria es un almacén de vivencias compartidas donde los recuerdos adoptan las formas mas heterogéneas. Aquellas porfías con tu hermano a ver quien aguantaba mejor el equilibrio de la bola de helado del cucurucho. El olor a cloro de una piscina pública donde abrir los ojos bajo el agua era sinónimo de escozores visuales. El embriagador perfume de la alhucema que tu madre depositaba en el brasero. El olor del aftershave (Floid) que usaba tu padre y que al besarte te dejaba reminiscencias de antigua barbería. El mareante humo del tabaco de picadura de tu abuelo. Los mágicos efluvios de la ropa recién planchada por tu abuela. El primer “Bisonte” al que le diste una calada y que juraste (y lo cumpliste) que sería la última vez que fumabas. Marcel Proust fue capaz de crear una obra literaria inmortal con el recuerdo de una magdalena mojada en un té. Recordar no es simplemente un ejercicio de nostalgia es más bien una demostración de que ha valido la pena nuestra andadura terrenal. Las personas, los objetos, los momentos y todo cuanto tocamos para transformarlos en mágicos. Al final del trayecto se nos presentan como un armazón sentimental que siempre nos devuelve a los ausentes. “El esplendor en la hierba” del gran Elia Kasan como muestra inequívoca de que cuando construyes tu existencia con los momentos vividos no quedará hueco para la melancolía. “La magdalena de Proust” mojada en una taza de té. Recordar siempre será vivir por partida doble. No dejar que los muertos sean solo imágenes inertes en una foto sepia. Intentar resucitarlos sentimentalmente es una de nuestras más nobles tareas.