lunes, 31 de agosto de 2020

Volver a empezar


De continuo nos preguntamos lo rápido que pasa el tiempo y, de forma invariable, siempre habrá alguien que nos responda: "No pasa el tiempo, pasamos nosotros". El tiempo o nosotros. Da lo mismo, pues al final el tiempo nos hace viejo y nosotros hacemos viejo al tiempo. Posiblemente hayamos pasado (o estemos pasando todavía) el Verano más extraño de nuestras vidas. Nos movemos por la Ciudad como autómatas con mascarillas y con una desinfección permanente de manos. Nos saludamos juntando levemente los codos o inclinando levemente la cabeza como educados japoneses. Todos, eso sí, con el convencimiento de que esto va para largo. Vivimos inmersos en un bucle que nos lleva y nos trae de nuestro corazón a nuestros asuntos. Salvo algunos irresponsables (posiblemente más de la cuenta) la gente muestra un comportamiento bastante cívico. De manera generalizada existe un alto grado de desazón ante el incierto futuro que nos aguarda. Los principios y los finales están hoy seriamente alterados por lo difuso que se presenta lo cotidiano. Septiembre siempre ha sido un mes de reencuentros y de vuelta a la (bendita) rutina. Sigamos avanzando montados en su grupa con calores membrilleros y olores a lápices por estrenar. Se fue el Rey; se fue Messi; se fue Cayetana (más bien la echaron) pero el maldito virus no hay forma de que se vaya. Llega Septiembre y aquí estamos para lo que guste mandar.

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