Los frenéticos acontecimientos internacionales de estos pasados días no han hecho más que confirmarnos hasta donde está dispuesto a llegar el “dueño del rotulador negro”. Muchas cosas podemos criticarle pero nunca que no hace lo que dice. Con el bombardeo a Venezuela y la posterior captura (¿o más bien secuestro?) de Nicolás Maduro y su esposa le ha demostrado al mundo que para él sobran las leyes nacionales y/o internacionales. Ni el Congreso de su país ni los organismos internacionales tienen por que autorizar las medidas que él estime oportuna y conveniente en cada momento. Es el dueño absoluto de esto que llaman la Aldea Global y quien se enfrente a sus decisiones que se atenga a las consecuencias. Primero lanza amenazas y a continuación ya va desarrollando acciones concretas. Este no va de farol y eso todos los países lo saben. Es completamente imprevisible y lo blanco de por la mañana puede ser negro por la tarde. Puede hablar bien y mal en un mismo día de una misma persona.
Quede claro que Nicolás Maduro no es más que un dictador-bananero que le hurtó al pueblo venezolano el resultado de unas Elecciones. Un tirano de tres al cuarto enfundado en un chándal estéticamente horroroso y diluido en una verborrea infumable y casposa. El “Jefe” de unas Fuerzas Armadas anacrónicas y obsoletas que se entrena con escobas y se retroalimenta de manidas consignas pretendidamente anti-imperialistas. Una figura que se mueve entre el esperpento y poseedor de una catadura moral y “política” que lo convierten en un guiñol parlante. La singularidad de este estrambótico personaje no justifica la enorme tropelía que han cometido contra él y contra su esposa. Todo -a la manera Trump- se ha hecho en clave televisiva. Es decir: todo encuadrado en un voraz y grandilocuente espectáculo-televisivo. Los imágenes televisadas en directo de esta cacería humana están contextualizadas dentro de los “valores” más espurios y denigrantes de la Sociedad de Consumo. Ver a esta pareja encadenada y andando a duras penas son un rotundo ejemplo de como podemos elevar a espectáculo los momentos más sombríos. Mostrar las presas de una anunciada cacería.
Sobre las postrimerías del siglo XVIII el colonialismo se encontraba en su mayor apogeo. Funcionaba estratégicamente la siniestra dualidad entre Imperio y Colonia. Países que como España, Gran Bretaña, Portugal o Francia explotaban miserablemente a países de América, África o Asia. Explotadores haciendo uso de su fuerza represiva y política para someter y expoliar a países muy pobres y con recursos naturales de un gran interés geopolítico (¿les suena esto en pleno siglo XXI?). En la actualidad estamos viviendo una situación que aunque se ancla en el pasado nos ofrece elementos novedosos. Ya no solo explotan y someten unos países a otros. Todo gira en torno a un pequeño grupo de mercaderes-dictadores que dominan literalmente la economía y las vidas de todos los habitantes de esto que llaman la Aldea Global. Se pasan por el forro todas las normativas legales e internacionales para crear su propio contexto jurídico. ¿Derechos sociales y valores humanitarios? No seamos ingenuos aquí lo que prevalece son los intereses privados de un Grupo que tiene las llaves de la Caja Fuerte. Un capitalismo salvaje que trata de camuflarse bajo la ambigua bandera del liberalismo. Las reglas establecidas son eliminadas por otras que estén más acorde con los intereses de esta casta.
Nos abren los paraguas hacia abajo para que la lluvia nos cale los huesos y después nos venderán las toallas para secarnos. Nos mienten sabiendo que asumiremos mansamente sus mentiras. Saben que en nuestra docilidad y conformismo está la base de sus continuas patrañas. Llegan al poder arropados por millones de ciudadanos que más que electores son fanáticos partidarios (la legión de sus acólitos). Lo que diga el “Jefe Supremo” nunca se cuestiona y hay que seguir sus instrucciones (ordenes) al pie de la letra. Da lo mismo que sea en EE.UU., Rusia, China, o Corea del Norte.
Los países (incluyendo a los más democráticos) están en estado de shock. El dudoso posicionamiento y la ambigüedad mostrada por la UE es bastante significativo sobre el particular. Nadie quiere moverse para que no lo apunten en la lista negra. La consigna es no molestar al “dueño del rotulador”. Fueron legión los que se frotaban las manos pues daban por hecho que sería María Corina Machado quien encabezaría la transición venezolana. ¡¡Por Dios, que lee este gente y en que mundo viven!! Lo de Venezuela no es más que una forma de gestionar y quedarse (sin que nadie lo impida) con todo el petróleo venezolano (el 20 por ciento de la producción mundial). Lo del narcotráfico y el terrorismo de Nicolás Maduro y su esposa es una burda patraña que no se la creen ni ellos mismos.
Donald Trump -como la prueba del algodón- nunca engaña y desde el principio siempre ha dicho que el petróleo venezolano era la primera cuestión a tratar. Ya ha movilizado a una serie de empresarios afines para que se encarguen de inmediato de la producción y gestión del “oro negro” venezolano. Este petróleo es de alta densidad, con un gran contenido de azufre y más espeso de lo normal lo que requiere un fuerte proceso de refinamiento y ahí es donde entran las inversiones del capital estadounidense. Invertir en un producto que no te pertenece para rentabilizarlo en unos cuantiosos beneficios. Hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.
¿Qué nos queda o que podemos hacer nosotros? Recurrir a la Aldea de Astérix y Obélix y rememorar su permanente lucha contra los invasores romanos. Lucha pacífica y sin fisuras ni dobles lecturas para combatir al invasor. El Arte y la Cultura siempre como antídotos necesarios contra la barbarie programada. El ancestral analfabetismo de las fuerzas invasoras siempre se estrella contra las corazas de las almas sensibles. La pócima mágica de la decencia que nos trasmina verdad democrática y que unta nuestros corazones de eternos combatientes. Buscar siempre la paz sin tener desolladas las rodillas de tanto hincarlas en el suelo. La dignidad siempre por bandera y la Democracia como fin y meta de todas las cosas. Ellos nos ganan en aranceles y accionariados pero nosotros los vencemos con la poesía y la magia de la música del alma. Ellos hace tiempo que les vendieron su alma al diablo; nosotros todavía estamos a tiempo de no hacerlo. Lo malo, lo verdaderamente malo, no es que nos humillen es dejarnos humillar. No existe peor esclavo que aquel que le saca brillo a sus cadenas. Vienen tiempos difíciles, muy difíciles, siendo conveniente no pasar de ellos. ¡¡Vivan los Astérix y los Obélix del mundo!!