jueves, 30 de abril de 2026

Entre el no me consta y el no lo recuerdo



“Resulta muy difícil pedirle a la ciudadanía que respete algunas decisiones judiciales cuando la Justicia, en algunos casos, no se respeta ni a sí misma”

Los llaman a declarar para asuntos de especial relevancia y ya todos van con la lección bien aprendida. Llegan a los juzgados en plena concordancia entre ellos para no cometer algún desliz que los sitúe a los pies de los caballos. Unas veces acuden como testigos y otras como imputados pero para ellos esto carece de importancia. Tienen la fortaleza que proporciona la impunidad. Otras veces utilizan el comodín del silencio y “argumentan”: “Por consejo de mi abogado no voy a contestar”. De manera sorprendente la amnesia ha tomado cartas de naturaleza y ya nadie conoce a nadie. Utilizan dos comodines para salir indemnes judicialmente: no me consta y no lo recuerdo. Es más, niegan de manera categórica reconocerse en algunas grabaciones que los retrata en toda su crudeza. En algunas ocasiones causa sonrojo comprobar como algunos fiscales proceden de manera sospechosa al no hacerles ninguna pregunta. En otras hay jueces que reconducen las preguntas para condicionar las respuestas que se precisen en cada momento. Estos jueces han conseguido algo que parecía imposible, que la gente de la calle considere que la Justicia supera en descrédito a la muy devaluada clase política. En otros casos la ciudadanía asiste perpleja al comprobar como se instruyen “procesos judiciales” que no son más que cacerías políticas. En algunas ocasiones los veredictos de culpabilidad se llevan a cabo de manera vertiginosa (incluso sin estar todavía redactadas las sentencias) y en otros se alargan definitivamente en el tiempo (trece años han tardado en llamar a declarar al Jefe del Clan de los Pujol, cuando ya tiene noventa y cinco años de edad y su estado físico y mental ya no está para muchos trotes). Aquí parece que no ha funcionado eso que llaman “Juicio exprés”. Lo que funciona es el ancho del embudo. Se aplican las leyes a la carta y se sienten seguros caminando altaneros por los Juzgados.
La corrupción en España se podrá intentar solucionar cuando no se establezca una radical diferencia entre “corruptos buenos” y corruptos malos”. Los “buenos” son los de mi bando a los que debo tapar y justificar. Los “malos” son los del bando contrario y a esos los machaco de manera inmisericorde. Tampoco estaría de más que algunos jueces no se olviden que ideología y toga resulta un perverso maridaje. Una encuesta sociológica encargada por la SER a una empresa demoscópica de gran prestigio nos lleva en una determinada pregunta a que la gente (en un 62%) considere que esta Democracia no los representa. Esto es peligrosísimo pues en Política no existen los términos medios: o Democracia o Dictadura. Ya estamos comprobando tanto a nivel internacional como nacional quienes son los grandes beneficiarios de esta desafección política. La amnesia de algunos políticos se ha unido de manera insoslayable con la falta de dignidad y vergüenza y así nos va. No les consta ni tampoco se acuerdan. Se saben protegidos y a salvo de cualquier contingencia jurídica. Aquí lo justo y lo legal caminan por sendas distintas. En nuestro país se trata a los diferentes como delincuentes y a los delincuentes como diferentes. Nada nuevo bajo el cómplice silencio de los intereses espurios.

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