“Dale alas y volará
al pueblo de Andalucía
que es un ave doloría
que busca la libertad
que le han negado toa la vía”
(Fandango de El Cabrero)
Ayer, día 13 de Mayo de 2026, falleció a las 81 años de edad José Domínguez “El Cabrero”. Hace unos siete años sufrió un ictus apoplético que lo dejó maltrecho y desde entonces pasaba sus días sin soles y sus noches sin estrellas en la Residencia de San Juan de Dios de la localidad sevillana de Bormujos. “El Cabrero” se nos configura como la voz rebelde del Flamenco. Un cantaor que hizo de la ortodoxia cantaora virtud y de la rebeldía una forma de existir donde poder denunciar, con la fuerza jonda y expresiva de su Cante, las injusticias padecidas en nuestra maltratada tierra. En su época de esplendor jondo era el cantaor más demandado en los numerosos Festivales que se desarrollaban por toda Andalucía. Siempre utilizaba su indumentaria de cabrero tanto para la trashumancia de su rebaño de cabras como para subirse a un escenario para cantar. Con su inseparable sombrero y su barba de pastor itinerante era una especie de Clint Eastwood del Arte Jondo. Sus letras, sobre todo en los Fandangos de Huelva, eran demoledoras y suponían un aldabonazo en la conciencia de un pueblo ahíto de caciques inmisericordes y huérfano de las ventoleras de los aires de la Libertad. Un rayo de luz en tiempos sombríos y tenebrosos. El ascuas que nunca termina de apagarse.
Nacido para la vida y el Cante en Aznalcóllar (1944) siempre fue un verso suelto en el universo sonoro del Flamenco. Hasta que su cuerpo se pudo mantener en pie nunca abandonó el cuidado de sus cabras y el desarrollo de su jonda expresividad cantaora. Siempre supo dotar a su Cante de profundos sentimientos populares. Repudiado por la oficialidad “cultural” del Flamenco y siempre molesto para los usurpadores políticos que se apropian de los verdaderos intereses de la gente. Un Robin Hood en la Corte, hoy secuestrada y en manos de la mentira, de Blas Infante. El último mohicano que le quedaba al Arte Jondo. El eco de su voz siempre quedará viva y latente por entre los riscos y veredas de Andalucía. La rebeldía, en tiempos de adocenamiento y cortoplacismo, siempre tuvo un precio y “El Cabrero” lo pagó con creces. En una época como la actual donde la gente se deja engañar tan fácilmente la figura de “El Cabrero” cobra una especial relevancia. La rebeldía duerme el sueño de los justos y, lo peor, los justos han enterrado el sueño de la rebeldía. Descanse en la paz de los nobles andaluces.
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