lunes, 29 de noviembre de 2010

La magia del folio en blanco


“El hombre necesita, como quien bebe agua, beber sueños”
- Álvaro Cunqueiro –
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En el pasado más remoto en un pergamino. En el más reciente en un folio en blanco. En el presente más palpitante frente a los destellos blancos de un ordenador. El Escritor dispuesto a mover su varita mágica y sacar de su chistera un variopinto mundo de letras ordenadas. La Novela como generadora de mil y una Historias que nos harán soñar con infinitas formas de entender la vida y las cosas. Eficaz antídoto para liberarnos de nuestra alienante vida cotidiana, inmersa en laberintos profesionales y familiares que, con frecuencia, nos dejan varados en el puerto de la desesperanza. Viajar por países exóticos; ser participe de hermosos romances; pelear a espadazos limpios en la cubierta de un barco; acompañar la aventura de un personaje histórico; adentrarse en las profundidades de la Tierra; cruzar la selva a la caza de tesoros y al encuentro de tarzanes o, buscar por enésima vez el Santo Grial y descubrir, bajo la rentable pluma de Dan Brown, que Leonardo no era un genial arquitecto y pintor, sino más bien un agente de la CIA (perdón, borren de un plumazo desde Santo Grial hasta CIA). Todo esto, y mil formas más de reinventar nuestro mundo interior te lo proporciona la Novela, digerida placidamente en el sillón de tu casa. El Ensayo, como generador de reflexiones sobre la condición humana. Y la ¡Poesía! Dardos de belleza y sentimientos dirigidos a los recovecos de las almas sensibles. Frases entrelazadas que consiguen sacudir nuestro dormido espíritu, y llevarnos allí donde las almas se cogen de la mano. Antonio, soñando atardeceres en Soria y amaneceres sevillanos. Federico, entre facas plateadas por la luna y sangre siguiriyera que salpica los verdes olivos. Rafael, caminando solitario entre portuenses arboledas perdidas, padeciendo el sabor amargo de la lejanía entre rumores de fuentes romanas. Juan Ramón en su dulce soliloquio con Platero, impartiendo sus lecciones magistrales en Puerto Rico. Luís, respirando el Aire de su calle con el eco de los vendedores de búcaros lebrijanos, y dejando su alma eternamente reposar en su Jardín Antiguo sevillano. Vicente, Pablo, Manolo, Jorge, Pedro, Dámaso, Emilio, José, Gerardo y…. ¡Miguel! Pastor de poemas a niños yunteros que abren surcos de orfandad por los senderos de la Poesía. Define Miguel el dolor y duele hasta el leerlo: “Tanto dolor se agrupa en mi costado que por doler me duele hasta el aliento”. Como diría Gabriel: “La Poesía es un arma cargada de futuro”, y donde afirma:

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un si que glorifica.

Se nace escritor adherido al halo divino del talento. Luego se adentra compulsiva pero amorosamente en el maravilloso mundo de la lectura. Después se aprende el oficio de ir ordenando palabras y conceptos y a ver que sale. Nada más hermoso que la Literatura y su vertiente lectora. Nadie que sea un buen lector debe –o debería- de sustraerse del placer de escribir. Lo que salga será bueno, regular o malo pero, a que dudarlo, intrínsicamente personal e intransferible.

Romper la magia del folio en blanco es algo que descubrí hace muchos años y es rotundamente gratificante.

Nadie debería morirse sin dejar plasmada sus vivencias y emociones dentro de la cuadratura del espacio en blanco. Miguel lo hacía mientras pastoreaba cabras en Orihuela y alcanzó la cumbre de la Poesía española.

Hoy, los blogs internautas han conseguido romper muchas reticencias y falsos pudores. Todo el que tenga algo que decir que lo haga ahora o guarde su pluma para siempre. Las posteridad, a que dudarlo, solo esta al alcance de unos pocos. No nos engañemos, no escribimos para conseguir el halago fácil, sino más bien por descargar una parte de nuestros sentires y vivencias. Dispongo de cuatro ediciones del “Ocnos” de Luís Cernuda (lo mejor que se ha escrito sobre esta Ciudad). Tres de ellas las conseguí en el Mercadillo del Jueves. Pagué un euro por cada una de ellas. Todo triturado por el paso del tiempo y hoy más que nunca sujeto a la ley de la oferta y la demanda. La belleza estética sevillana cambiada por una litrona. Encuentros amorosos pendientes que se realizan cuando alguien decide romper la magia del folio en blanco.

Nota adicional para aquellos que todavía no estén familiarizados con la Generación Poética del 27. Completamos sus nombres (con la inclusión de tres de sus maestros y un glorioso contemporáneo) según aparecen en este Toma de Horas.

- Antonio (Machado)
- Federico (García Lorca) *
- Rafael (Alberti) *
- Juan Ramón (Jiménez)
- Luís (Cernuda) *
- Vicente (Aleixandre) *
- Pablo (Neruda)
- Manolo (Altolaguirre) *
- Jorge (Guillén) *
- Pedro (Salinas) *
- Dámaso (Alonso) *
- Emilio (Prados) *
- José (Bergamín) *
- Gerardo (Diego) *
- Miguel (Hernández) *
- Gabriel (Celaya)

viernes, 26 de noviembre de 2010

La Mampara del Señor

Esta mañana desde que me saludó el alba me hice el firme propósito de ir a verte. Leí hace unos días en la prensa local que te habían instalado una nueva mampara para garantizar tu seguridad. La física, pues la espiritual es traspasada continuamente por los sentimientos que nacen de la Fe y la Tradición. Han tenido que pasar cuatro siglos para que alguien, por motivos espurios, se atreviera a agredirte. No busquemos rocambolescos complots en aras de resucitar viejas y sangrientas trincheras. ¿Cuándo dejará España de oler a pólvora y a sangre? Todo se debió a la voluntad individual de un ¿desequilibrado? Seres que en aras de su oportunismo, o de su perturbada y solitaria soledad, atacan el Centro de nuestras emociones. Te atacan, más que por Ti mismo, por lo que significas para todos nosotros. Quien hoy, magníficamente por cierto, nos representa al conjunto de los miembros de tu Hermandad, Enrique Esquivias de la Cruz, se ha visto obligado por la circunstancias a blindarte para salvaguardarte de los vándalos. Por cierto, aunque Tú lo sabes de sobras, tu Hermano Mayor dio, con diferencia, el mejor Pregón de los últimos años. Ignoro si fue “una pieza literaria muy bien construida” o, si consiguió emocionar a la Sevilla cofrade. Fue, simple y llanamente, un Canto de amor a la Ciudad y a sus Cofradías, y una demostración de compromiso cristiano ante los problemas de la Sociedad que hoy nos ha tocado en suerte (o en desgracia). Si, ya se de sobras, que Tú no permitiste que estuviera solo en el atril maestrante. ¡Bueno eres Tú para abandonar a su suerte a ninguno de tus hijos!

Entré a media mañana por el pórtico de tu Basílica y me desplacé, según se avanza, por la orilla izquierda de este río de sentimiento sevillano. Allí estabas dentro de esta capsula de metacrilato que te evita a Ti, y sobre todo a nosotros, graves sobresaltos como los del pasado e infausto 20 de junio. El Señor de Sevilla es tan inmenso en su Divina Presencia que hasta consigue humanizar la mampara. Pareciera como si la hubieras tenido desde siempre. ¡Por fin están abiertas las puertas que conducen a tu Divino talón! Ya podemos de nuevo, después de posar nuestros temblorosos labios en él, contemplar tu hermoso y rotundo perfil barroco. Subimos a tu camarote buscando el consuelo como Patrón del barco de nuestras vidas, y bajamos, despacio y rehechos, hacia las arenas de la playa de tu Columbario. En Ti anidan Alfa y Omega. Orto y Ocaso. Sombra y luz. Principio y fin de la existencia sevillana. Tus plantas fueron regadas, por los siglos, con las lágrimas que dimanan de las plegarias sevillanas. Siempre has estado -y estas- Omnipresente. En devoto Besamanos. Paseando tu dolor misericordioso por las calles sevillanas, notando bajo tus pies el rachear de las alpargatas de tus costaleros. Verte cruzar la Plaza de Molviedro es la mayor conjunción posible entre Dios y Sevilla. Hay momentos que tumban por si solos todos los planteamientos teóricos de la Teología. En tu Paso, arriado en la Basílica, después de dejarle el relevo de la Madrugá sevillana a la Esperanza. En el Convento de Santa Rosalía diciéndole, una vez más, al Arte Barroco quien manda aquí. En el solitario y permanente soliloquio que cada sevillano/a proyecta hacia tu misericordia. Hoy, no podía ser de otra forma, te adentras en el Siglo XXI rodeado de sus artilugios de seguridad. Tú no eres antiguo ni moderno: Tú eres Eterno. Tenemos la obligación, hazte cargo y no te enfades, de velar por Ti, como un pequeño tributo a los siglos que Tú lo llevas haciéndolo por nosotros. Pretendemos que los nietos de nuestros nietos te sigan venerando y confiando en tu Divina Providencia.

Nosotros te ponemos una mampara, y Tú, desde siempre, nos proteges a nosotros con la que emana de la Fe. Tu Mampara era artificial hasta que cruzó el umbral de tu Basílica y Tú estuviste dentro de ella. Desde entonces ya es divina, y conocida en toda la Ciudad como: la Mampara del Señor.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La Mirada de Dios



Matibalú es un pequeño poblado de Kenia que puede rondar los quinientos habitantes. Lo bordea uno de los afluentes del río Mara y en él acechan enormes y feroces cocodrilos de ojos amarillentos y apetito insaciable. Sus aguas son cenagosas y turbias, y en sus orillas nacen juncos cuyas puntas siempre parecen mirar al cielo. Es un poblado laborioso y que se mantiene de sus propios recursos. Los niños eran apercibidos, desde su más temprana infancia, que bajo ningún concepto pueden acercarse solos a la orilla del río. Un día, cuando una mañana agosteña todavía no había perdido del todo el frescor de la noche, un niño de algo más de dos años y en un descuido de los mayores, encaminó sus pasos hacia el borde del río, adentrándose y perdiéndose en las turbias aguas. Cuando comenzaron los alaridos de dolor por su segura muerte ocurrió un hecho que los hizo enmudecer. Salió lentamente hasta la superficie un enorme cocodrilo como si emergiera del fondo de los avernos. En su lomo iba sentado el niño sonriente y aparentando una pasmosa tranquilidad. El enorme saurio se desplazó lentamente hacia la orilla y avanzó solo unos metros por tierra firme. Se detuvo mientras el niño se bajaba lentamente de su insólita cabalgadura, empezando a andar hacia el poblado. Desde este hecho que se sitúa, como tantas hermosas historias africanas, entre la historia y la leyenda, los cocodrilos son considerados sagrados e intocables por los habitantes del poblado. Les dan de comer copiosamente –aunque ellos no coman- y conviven con los saurios en plena armonía. La Madre Naturaleza ha creado un vínculo difícilmente explicable desde el campo de la racionalidad: humanos y cocodrilos entrelazados por la cotidianidad.

África. Memorias de África, donde se mezcla naturaleza salvaje con los sangrientos tráficos de armas y diamantes. África, tierra de despóticos dictadores y de sacrificados misioneros. Atrocidades tribales que harían llorar de rabia y pena al mismísimo Satanás. Y la hambruna inmisericorde que nos corta la digestión de europeos complacientes y felices viendo los informativos. Niños, los niños africanos, como ejemplo rotundo de que hemos fracasado en nuestra condición de seres humanos. En ellos, solamente en ellos, y no en báculos y mitras se encuentra la Mirada de Dios. Ojos enormes en cuerpos esqueléticos que de continuo nos preguntan: ¿Quién o quienes nos habéis robado el pan? ¿Quién ha transformado los arados en campos de batalla? ¿Quiénes han permitidos tantas atrocidades? ¿Quién nos roba nuestra agua para regar los campos de golf y las piscinas de lujo? Hace ahora más de dos mil años Uno le preguntó a Dios: “Padre porque me has abandonado”. Hoy nos los preguntan a todos nosotros, con su mirada, los niños famélicos de África.

Unos, van de safaris de nuevos ricos a cazar animales salvajes para luego disecar sus cabezas y, que adornen en sus salones los testeros de las chimeneas. Otros, van a la caza y captura del hambre que devora a los niños africanos, perdiendo en muchos casos la vida en el empeño. Esos parece ser que no cuentan en el haber de la Cristiandad. Son gente que saben que, tarde o temprano, tendrán que enfrentarse a la Mirada de Dios y podrán mantenerla de frente y sin agachar la cabeza. África, Kenia, Matibalú, Mara, cocodrilos y…… ¡Niños!, los olvidados niños africanos. En ellos, solamente en ellos, depositó Dios su Mirada. Aunque nosotros al percibirla miremos para otro lado. Ojos que no ven corazón que no siente.