viernes, 27 de septiembre de 2013

Tormenta imperfecta



Nos sorprendió la tormenta
en plena madrugada.
Nos apretujamos unos
con otros para paliar
soledades de cuerpos
y almas.

La noche nos clavó
su aguda espina de
siglos de pena
y desconsuelo.
Clamamos al Cielo
pero al parecer Dios
no tenía intención
de comparecer.

Las enamoradas suspiraron
en el Libro de bitácora.
Los valientes se arremangaron
las mangas de las camisas.
Los cobardes buscaron excusas
para irse a los camarotes.

Padecíamos la tormenta imperfecta.

Terminamos exhaustos
de remar contracorriente.
Las gaviotas tomaron forma
de buitres carroñeros.
Despertamos a la vida
viendo el arco iris
reflejado en el horizonte.
Alguien dijo: ¡Uf, por los pelos!
y beso su estampa
de la Virgen del Carmen.

Al final concluimos que
nada es perfecto:
ni nosotros,
ni Dios,
ni tampoco la tormenta.


(de “Las Siete Revueltas”-2011)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Ventana entreabierta





Cada mañana, doña María de las Mercedes Lasarte de las Heras, se dirige a escuchar misa de doce a la Iglesia de San Felipe Neri situada en la sevillana calle de Manuel Rojas Marcos. Tiene 72 años de edad muy bien llevados y mejor paseados. No se trata tan solo de una mujer elegante: es la elegancia personificada. Hija menor del Conde de Mármoles y hermana de una prole compuesta de siete hermanos. Su vida fue programada desde su tierna infancia para convertirla en una noble dama. Eterna vecina de la calle Argote de Molina estudió en el cercano Instituto Francés. Con tan solo doce años deslumbraba a las visitas de sus padres tocando el piano y chapurreando un par de idiomas. Un “mono de feria” con lazos rosas en sus tirabuzones rubios y vestiditos de puntilla rematados con zapatitos de charol. Una monada de niña que con el paso de los años se plasmó en una mujer de gran talento y belleza deslumbrante. Estudió la Carrera de Derecho (que nunca llegaría a ejercer) con excelentes notas en la antigua Fábrica de Tabacos. Reprimida por sus mentores ante sus veleidades afrancesadas que se resumían en el cine de Chabrol, las canciones de Aznavour, las “golferías” de Belmondo, los escritos de  Simone de Beauvoir, el vino de Burdeos o la apostura de Alain Delon. La casaron con tan solo veintitrés años con un casquivano oriundo de Jerez de la Frontera con familia de noble escudo y menguada fortuna. Bodeguero sin bodega; bodega sin barricas y barricas sin vino al que dormir el sueño de la vida. Ella vivió soñando y viendo pasar la vida por la ventana entreabierta de su dormitorio. Su “santo” esposo la dejó viuda con treinta y nueve años no sin antes inscribirle cinco vástagos en el “Libro de Familia”. Decían las malas lenguas de Sevilla que a la muerte de don Luis Ignacio algunas destilerías escocesas pusieron un lazo negro en sus barricas de roble americano. Recordaba con profunda emoción cuando despidió en la Estación de Santa Justa a su hija Mercedita que se marchaba a estudiar a París. Hoy María de las Mercedes vive tan solo acompañada de una hija que a no dudar nació para “vestir santos”, maldecir en arameo y devorar culebrones televisivos. Eso si, la señora Lasarte de las Heras-viuda de JB, ha conseguido con el paso de los años abrir las ventanas de su casa de par en par y escuchar a todo volumen las canciones de Edith Piaf. Cada mañana acude a San Felipe Neri a preguntarle a Dios si sabe donde está secuestrada su vida. No encuentra respuestas pero no deja de volver al día siguiente. Ha comprendido, con el paso de los años, que son los hombres y no Dios quienes les tienen a las mujeres las ventanas tan solo entreabiertas. Al final puede que sea verdad aquello de: “París bien vale una misa”.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Y tú partirás (Verano del 72)





....Y tú partirás

Verano enredado en la memoria
dulce amorío fugaz de luna llena,
destellos de ilusión para una historia
desterrando el dominio de la pena.

Las vanas promesas incumplidas
perdidas en la arena de la playa.
Darte el último beso en la partida
deseándote suerte donde vayas.

Moneda juvenil bien empleada
en desflorar la rosa del jardín,
el aliento de tu boca enamorada
susurrando que todo tiene fin.

Te vas donde las rojas cabinas
y Támesis le llaman a su río,
tierra que envuelve la neblina
en poema proclive al desvarío.

Se fue otra vez el calido verano
cargado de efímeros amores,
ya se soltó tu mano de mi mano
y se secó el aroma de las flores.

….Y tú partirás.


(de “Las Siete Revueltas” -2011)


Juan Luis franco – Lunes Día 23 de Septiembre del 2013