lunes, 22 de noviembre de 2010

Españoles por el mundo



Españoles por el mundo. Andaluces por el mundo. Extremeños por el mundo. Madrileños por el mundo. Gallegos por el mundo. Lebrijanos por el mundo. Hoy no existe Cadena televisiva estatal, autonómica o privada que no se de un garbeo por esos mundos de Dios para comprobar como les va a nuestros compatriotas. Los encontramos desparramados e integrados en los confines más diversos de este maltratado planeta llamado Tierra. Mayoritariamente se trata de gente joven que cambió el terruño donde juega “La Roja”, por otras latitudes bien ajenas en modos y costumbres a sus lugares de origen. Unos, lo hicieron siguiendo el sendero, bendito sendero, que marca la llamada del amor y su imprevisible desenlace. Otros, buscando alternativas profesionales que aquí les fueron vilmente negadas. Se fueron como se suele decir, con una mano detrás y otra delante, sin saber la suerte que les aguardaba, y sin un conocimiento profundo del idioma del país anfitrión. Sin más equipaje que sus dos T: Talento y Tesón (conceptos hoy tristemente devaluados en nuestra España, que en la actualidad trata a sus mejores hijos no como Madre sino como la Madrastra de Cenicienta). Me alegra verlos integrados plenamente en sus lugares de destino ocupando cargos de responsabilidad, o desarrollando muy satisfactoriamente tareas acordes con su preparación profesional. Desempeñan trabajos para los que fueron preparados en España, posibilitando que los países de acogida se beneficien de su excelente formación y su capacidad de trabajo. Puro desperdicio patrio de una juventud obligada a exiliarse profesionalmente. Todos se muestran contentos con sus países de acogidas y sus condiciones de trabajo y, en un gesto que les honra, no muestran ningún rencor hacia aquellos que les obligaron un día a hacer las maletas. Añoran, eso si, a familiares, amigos, la comida y el clima de su nunca olvidada España. Ante la pregunta de si piensan retornar todos responden afirmativamente, aunque sin poder determinar cuando podrá producirse el retorno. Triste paradoja es el comprobar que mientras lo mejorcito de nuestra juventud anda deambulando –y triunfando- por tierras foráneas, por aquí andan campando a sus anchas mediocres personajillos, y un montón de inútiles integrales que andan de continuo chupando las ubres de Papa Estado, o en su defecto de los padres biológicos. Una excelente Generación, talentosa y responsable, exportada a países sensibles hacia la voluntad y la inteligencia, ninguneada en todo su esplendor a la Sociedad española. Están integrados en los países de acogida y la Televisión nos muestra su ámbito profesional, social o afectivo, dejando claro aquello de que nadie es extraño en el paraíso (cuando te dan posibilidades para fabricártelo a tu medida). Comprobar que un malagueño es a sus 31 años Director de una de las Compañías aseguradoras más importante de Hamburgo, que un pintor cordobés es de los pintores más cotizados en Tokio o que una Profesora de Guitarra Clásica sevillana tenga abierta una Academia en Estocolmo a pleno rendimiento, hace que nos sintamos orgullosos y tristes a la vez. Orgullo por comprobar como se emocionan desde sus exitosas atalayas profesionales cuando nombran a la Madre Andalucía. Tristeza al comprobar como los andaluces, antes con la maleta de cartón y hoy con un titulo universitario bajo el brazo, siguen buscando nuevos horizontes donde poder vivir y respirar. Andaluces, en definitiva, obligados ayer y hoy a abandonar su tierra por las circunstancias políticas y sociales de la época que les tocó vivir.


Aquí, en Andalucía, las cosas funcionan por ciclos de” Modernización” (ya no se si vamos por la Tercera o la Cuarta, como el baile por Sevillanas) y, todo queda supeditado a un brillante mañana que nunca termina por ver el alba. Se trabaja –políticamente- por el futuro y al presente que le den por culo (con perdón). Con razón dice nuestro Himno: “Andaluces levantaos”. Quien valiendo y teniendo ganas de trabajar no lo haga y no vuele hacia otros horizontes, corre el riesgo de que se lo coman las moscas en una cola del INEM (vulgo Paro). Los lunes al sol, pero eso si, esperando siempre sentados que nos llegue el mañana.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Bienvenido Mister García Berlanga



“Dios crea el mundo y el artista lo recrea”
- Joaquín Romero Murube –
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El cine español está de riguroso luto. Hace tan solo unos días que nos dejó huérfanos de su siempre grata presencia, don Luís García Berlanga. Tenía 89 años de edad y estaba encadenado a esa terrible enfermedad a la que llaman Alzheimer. Cuando se nos murió doña Roció Jurado y, de manera unánime, había coincidencia en que se nos había ido la más grande. Pues bien, extrapolen ese comentario a la Historia del Cine Español, y por ahí andaba este Mago valenciano del Séptimo Arte. Para siempre quedarán impregnadas en nuestros sentimientos películas tales como: “Plácido”; “El Verdugo”; Bienvenido Mister Marshall”; ¡Vivan los novios! o, “La Escopeta Nacional” entre otras. Profundo conocedor de nuestra esperpéntica manera de afrontar la vida y las cosas, supo retratarnos en el celuloide con la apoyatura extraordinaria de los guiones de don Rafael Azcona. A través del pequeño resquicio que le dejaba la ventana de su ya deteriorada lucidez, supo, antes de irse para los cielos, dejarnos algunas perlas demostrativas de su inigualable talento: “Almodóvar tiene a sus chicas y yo a mis viejecitos Berlanga”; “No he dejado huella en el cine sino en la gente”; “El cine español no debería vivir de las subvenciones” y apostillaba, “El dolor me jode, pero morirme me jode más”.

Siempre fue muy reacio a utilizar la música en sus películas. No quería aditamentos colaterales que distrajeran a la gente de aquellas hermosas historias contadas en imágenes. Su cine es inmortal y, a que dudarlo, crecerá con el paso de los años. Es el sino de los genios creadores: crecer, crecer y crecer después de muertos. Supo beberse la vida a sorbos rodeado de grandes amigos, y con una inveterada atracción hacia el género femenino. Nunca le bailó el agua a nadie, sabiendo alejarse de las esferas del Poder a la que tan acostumbrados están algunos creadores españoles. Era una compensada mezcla de anarquista liberal y libre pensador, con el añadido de una sorna y una cultura verdaderamente extraordinarias. Una de sus apostillas en vida fue: “La crispación política me da mucho miedo. Y ahora hay mucha. Como en el 36”. Se fue pero nos deja una filmografía apasionante sobre este convulso batiburrillo llamado España. A que dudarlo, Pepe Isbert y Manolo Morán, ya lo estarán esperando en el Cielo donde van las alma nobles. Portarán una pancarta que dirá: “Bienvenido Mister García Berlanga”. De fondo se escuchará la canción de Lolita Sevilla que comenzaba diciendo: “Los yankis han venío, ole salero, con mil regalos…….”. Gloria eterna a aquellos que, como don Luís, nos hicieron la vida más agradable y llevadera.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El Barbero de…..Pino Montano

Desde que arribé a la Barriada de Pino Montano ya han transcurrido una treintena larga de años. ¡Como pasa el tiempo! Llegué con la tinta fresca en el Libro de Familia y hoy ya pertenezco al noble gremio de los abuelos. No tengo reparos en reconocer que mi estancia, en los terruños sentimentales de Ignacio Sánchez Mejías, ha sido enormemente grata y positiva. Definida queda la diferencia entre Barrio y Barriada: en el primero la gente tomaba la calle de manera lúdica y participativa (supeditada por las condiciones de vida de los hoy prácticamente desaparecidos corralones de vecinos) y, en la segunda, la calle representa un hueco donde aparcar, un contenedor donde depositar la basura y unos breves paréntesis para saludar con brevedad a vecinos y amigos. Todo deprisa y corriendo. Hemos ganado en comodidad y hemos perdido en calidad humana. Estoy firmemente convencido de que en la actualidad el último reducto de barrio existente en Sevilla está, como no, cruzando el Puente de doña Isabel II: la Triana eterna e inmortal.

Existen personas en Pino Montano a las que llevo saludando en la calle durante un cuarto de siglo y no se ni como se llaman. Ignoro sus quehaceres laborales/profesionales ni a que dedican su tiempo libre. Evidentemente en los antiguos barrios esto era prácticamente imposible. Vivo bien, en paz y armonía, encuadrado en esto que administrativamente llaman Distrito Macarena Norte y me siento, que no es poco, valorado y apreciado. Aquí y motivado por circunstancias personales ya tengo fecha de caducidad. Si alguna vez desaparecen los nubarrones de la crisis y sale de nuevo el sol de la abundancia, seguramente con las gafas que me ponga para protegerme ya veré un nuevo y, posiblemente, último territorio. Si pudiera elegir, Triana o el Aljarafe serían mis preferencias vivenciales. No serían malos sitios para terminar mi aventura sentimental con esta Ciudad de mis amores y desvelos.

Siempre llamaron poderosamente mi atención los personajes que generaba cada Barrio, por considerarlos la esencia de sus calles y plazoletas. Sin ellos todo sería mas anodino y en los baúles de los recuerdos, en cuanto a anécdotas se refiere, reinarían las telarañas. En Pino Montano conozco a unos cuantos, e incluso, algunos de ellos me honran con su noble amistad. Posiblemente ni ellos mismos sean conscientes de lo que representan en nuestro acervo afectivo. Por estos derroteros sentimentales se mueve Emilio “el peluquero” (me gusta más lo de barbero, y prefiero decir calentitos antes que churritos. Cosas de la edad). Este ilustre personaje pinomontanero forma parte del famoseo popular y sano (otros se han hecho famoso aquí por meter la mano en el cajón) de la Barriada. Él nunca –como otros- te toma el pelo, más bien te lo corta. Sin salir de su entorno reparte sus actividades laborales entre una charcutería familiar en la Plaza, y sus menesteres en el noble oficio de dejar las cabezas –por fuera- en perfecto estado de revista.
Por las mañanas y, dada la crisis, corta mucha mortadela y poco jamón y, por las tardes, emulando al apache Jerónimo nos corta el cuero cabelludo. Buen tipo este Emilio. Engarzado está a peine y tijeras con la mejor tradición barberil sevillana. Tiene la virtud de saber escuchar, siempre con una sonrisa en los labios y dotando a su Barbería del sacrosanto ejercicio del sano debate. Allí se habla de cuestiones serias y fundamentales en nuestras vidas: Fútbol, Cante y Toros.
Configura, junto al querido Miguel Ángel Fernández de “Cortefié”, mis dos asesores de imagen. Uno, por poco dinero, me tiene como un pincel y, el otro, me reinventa mi estética de busto romano en decadencia. Debo reconocer que hubo una etapa, felizmente superada, en la que Emilio cuando me perfilaba navaja en mano el contorno del cuello, siempre me cortaba levemente detrás de la oreja izquierda. Creo, con toda sinceridad, que dada su condición de “palangana” converso y confeso, lo hacia para cerciorarse de que los béticos también tenemos la sangre roja. De lo que estoy convencido es que cuando ya forme parte de la frágil memoria sentimental de Pino Montano, Emilio siempre será una excusa perfecta para volver por estos lares. Vendré a pelarme y, rogando por el camino de que, por favor, de vez en cuando tambien corte a algún sevillista que otro. Que reparta los leves tajos navajeros para así poder evitar cualquier indicio de sospecha. Grande, muy grande, nos resulta este barbero reciclado a charcutero por las mañanas. Cuarto de salchichón curado por la mañana y, cortito y a tijera por la tarde. Con la crisis hemos topado Sancho.