lunes, 31 de enero de 2011

¿Abrefácil¿, y un c…….



Acudo a Internet y entro en las páginas de la RAE. Pretendo en definitiva, y antes de “columpiarme”, asesorarme de como define nuestra docta y sabia Academia de la Lengua la palabra “abrefácil”. Dice lo siguiente: “Sistema de apertura fácil incorporado a las tapas de algunos envases herméticos”. Leo con detenimiento esta oportuna explicación y la misma no hace más que aumentar mi preocupación. Vale que sea un “Sistema de apertura incorporado a las tapas de algunos envases herméticos”, pero ¿fácil?; ¿qué entiende nuestra Real Academia por fácil?

En la actualidad vivo solo sin más compañía que mi tortuga “Pastori” (como ahora está invernando es como si no estuviera). Tengo como única dolencia crónica una “Artrosis nodular erosiva”; vamos que tengo las manos chungas para jugar al Tenis, y tampoco podré “aplaudir” la salida del actual Alcalde. Es una satisfacción que no me ganase la vida tocando el piano pues estaría pasando más hambre que un sacristán en China. Tengo días buenos y otros regulares pero me defiendo sin demasiados problemas.

Como es fácil de suponer una gran parte de mi alimentación gira en torno a envases encuadrados dentro del grupo de los “abrefácil”. Latas y tetrabrick se configuran como los mayores y más asiduos visitantes de mi frigorífico. Pues bien, si no fuera por un sano ejercicio de pudor, relataría con pelos y señales (la de los cortes en las manos) mis andanzas y desventuras con tan hostiles artilugios.

Las latas de conservas traen una especie de argolla y se supone que con un leve tirón, las anchoas o el bonito en escabeche, estarán prestos para pasar al plato. Pues no, de eso nada. Se abren con facilidad hasta la mitad y luego tienes dos opciones: hacer pesas en un gimnasio cercano o irte a vivir cerca de Schwarzeneggr. Como me quedaba el más difícil todavía, se me ocurrió la semana pasada comprar una lata de hueva y esto ya fue el disloque padre. Había que levantar primero la argollita, luego darle un medio giro a la izquierda y otro a la derecha. Por último darle un suave tironcito hacia arriba y ya está. ¿Qué ya está?, y un ca…. Terminé usando un primitivo abrelatas por la trasera de la lata, y jurándome a mí mismo que cuando quisiera hueva me iba a Sanlúcar a comerlas en cualquier bar.

La puntilla me la dio un salchichón curado y finito que compré hace unos días en la Plaza de la Encarnación. No había manera de quitarle el pellejito y estuve a punto de llevarlo al Virgen del Rocío y que le hicieran la fimosis. No creo que sea buena cosa abusar de los que formamos el grupo de los irremediablemente torpes. Torpes y mancos que no es cuestión baladí. Hombre, una ayudita por caridad, que no todo va a ser darles facilidades a los que abren los cajones en algunas entidades oficiales. Bien está que los productos estén herméticamente cerrados, pero joé, yo pretendo comerme lo de su interior y no mantener con ellos una lucha greco-romana. Ya es que prefiero antes de que me regalen una lata de 1 kilo de caballa de Tarifa que me den una sardina arenque. Me apestarán las manos pero me la comeré en paz y armonía. ¡Estoy como para que me regalen un jamón y tener que cortarlo yo solo! Al final lo caro sale barato: cortado al corte pero listo para saborearlo. Abrefácil, abrefácil…… ¡menos lobos caperucita!

domingo, 30 de enero de 2011

Entre cristianos anda el juego


Suerte, enorme suerte, es la que tenemos los aficionados al buen fútbol de que los dos mejores futbolistas de la actualidad militen en la Liga española. Son jóvenes, rabiosamente jóvenes, y esto no ha sido óbice, para que ambos hayan saboreado ya las dulces mieles del triunfo en sus exitosos carrerones futboleros.
Son distintos en las formas pero quizás coincidentes en el fondo. Piensan y desarrollan, a una velocidad vertiginosa, extraordinarias jugadas que, no pocas veces, terminan en el fondo de las redes contrarias. Sus perfiles fuera de la cancha son claramente divergentes y, en ese terreno, sería misión imposible buscarles afinidades. A ambos les une, aparte de sus excelsas cualidades futbolísticas, un sentido cristiano de la existencia. Los dos desarrollan una ingente tarea en beneficio de los más desfavorecidos, la misma que muchas veces –fundamentalmente en el caso de uno de ellos- queda disimulada por una vida cuyas formas entran de lleno en el lujo y la ostentación (los “periodistas” del corazón se han llevado un gran chasco, pues el “gran juerguista”, al que pensaban sacar mucho jugo, lleva una vida monacal en la Villa y Corte. Todavía –y toquemos “madeira”- desde que llegó a los madriles no le han pillado en un renuncio).

Sobra decir a estas alturas que me estoy refiriendo a Cristiano Ronaldo y a Leo Messi. Máximas figuras del Madrid y Barcelona, respectivamente y, que han conseguido sin pretenderlo que la Liga española tenga dos velocidades: la de ellos y la de los demás equipos (si el Betis consigue -¡al fin!- subir a Primera ya esto sería cosa de tres). Ambos proceden de familias trabajadoras y sus orígenes se configuran en humildes barrios obreros. Explotaron muy jóvenes para la galaxia pelotera y ahí presumimos que estarán –afortunadamente- algunos años más.

Lionel Andrés Messi, Leo Messi, nació en Rosario (Argentina) un 24 de junio de 1987. De niño ya deslumbraba con las habilidades que mostraba su zurda de oro. Sus padres estaban ciertamente preocupados, pues observaban que el niño Leo no tenía un crecimiento acorde con su edad (todo como consecuencia de una enfermedad hormonal). Cruzaron el charco y arribaron en Barcelona (donde ya tenían noticias de las habilidades de este niño argentino de 13 años de edad). Siguió un riguroso tratamiento médico a la par que se formaba en la Masía como futbolista y como persona. Luego lo demás es conocido por todos los amantes al fútbol. Debuta con 16 años ante el Español en partido oficial (el jugador en hacerlo más joven en la Historia del F.C. Barcelona). Sus logros son increíbles en un jugador tan joven, habiendo conquistado a nivel personal y de club todo lo habido y por haber. Si su trayectoria no la corta algún “tuercebotas” de turno, creo que estamos ante el mejor jugador de la Historia del Fútbol. Tiempo al tiempo.
El portugués nació en Funchal, Madeira, un 5 de febrero de 1985. Llegó con 16 años al Sporting de Lisboa causando la admiración y el asombro por su vertiginosa velocidad y su pegada de balón. El Manchester United se fija en él y lo contrata cuando contaba 18 años de edad. Los éxitos y los goles que consigue son estratosféricos a titulo individual, quedándole algunas aristas pendientes en lo colectivo. Hace un par de años aterrizó en el Real Madrid (el Equipo para el que estaba predestinado), y sigue marcando goles a pares –y a veces a trío- para deleite de los aficionados merengues. Este año puede –y debe- ser el suyo a la hora de conquistar títulos (siempre, eso si, contando con don Leo).
El fútbol, el buen fútbol, tiene la suerte que estos dos “monstruos” hayan coincidido en la ecuación espacio-tiempo. En ellos toma cuerpo y forma el fútbol-arte. Nacieron para seducirnos con sus rápidas y majestuosas maniobras. Uno, el argentino enfila la puerta contraria como si lo estuvieran persiguiendo todos los municipales de su Rosario natal. Tiene poco tiempo para maniobrar y a la par que huye de la pobreza, también lo hace de todos los dictadores latinoamericanos. Debe darse prisa en terminar la jugada antes de que llegue el niño-rico dueño del balón y se lo reclame.

El portugués corre que se las pela por la banda con el balón cosido al pié. Trata de zafarse de las redes de los pescadores de su hermosa Madeira natal. Solo tiene en la mente una sola red: la del marco contrario. Piensa en su difícil niñez junto a sus padres y sus tres hermanos y sabe, bien que lo sabe, que en terminar las jugadas en gol está la clave para abandonar definitivamente la miseria.

Niños descalzos del ayer distrayendo al hambre con partidillos callejeros interminables y, en un presente deslumbrante, primerisimas figuras del deporte del balompié. Muito obrigado y gracias pibe es lo menos que podemos deciros los buenos aficionados españoles.

viernes, 28 de enero de 2011

Hizo la trampa

Nuestras vidas desde el mismo momento de nuestro nacimiento están reguladas por normas, estatutos, reglas,……leyes en definitiva. No inventamos nada pues resulta evidente que las mismas ya empezaron a funcionar desde nuestra más primitiva prehistoria. No era plan de que quien cazaba más de un mamut no estuviera dispuesto a compartirlo, y a no pagar un plus de almacenamiento en la cueva. Luego la civilización griega y, fundamentalmente la romana, marcaron un conjunto de leyes proclives –siempre en teoría- a potenciar una prospera y civilizada convivencia ciudadana. Con el rodar de la rueda de los tiempos las leyes se han inclinado muchas veces –quizás demasiadas- en favorecer los intereses de minorías muy cualificadas y tendentes al abuso y a la “mangancia”. Teóricamente las leyes en dictaduras –de todo signo- se establecen para perpetuar en el poder a la clase dirigente y, prioritariamente, buscando el frenar por todos los medios los aires de libertad. El pueblo era un sujeto pasivo a la hora de confeccionarlas y poca, o ninguna, posibilidad tenía de participar en la elaboración de las mismas. Solo podía combatirlas desde la clandestinidad. En los sistemas donde impera la democracia las cosas ya deben –o mejor debían- de funcionar de forma bien distinta. Las leyes consideradas injustas u obsoletas pueden ser modificadas mediante la presión ciudadana o, sustituyendo a través del voto, a aquellos que tienen la obligación de legislarlas: creándolas o cambiándolas.

Viene todo esto a cuento a raíz de una Ley recientemente aprobada y, que como era previsible, ha sufrido un cierto rechazo por una parte –mínima- de la población: la Ley antitabaco. Vaya por delante que un servidor no ha fumado en ninguna etapa de su existencia, aunque por distintos motivos siempre he asumido mi condición de fumador pasivo (mi padre, compañeros de trabajos e íntimos amigos fumaron –y fuman- más que el indio Jerónimo). Creo sinceramente que esta Ley contra el “fumeque” en establecimientos públicos es justa y necesaria, aunque posiblemente se podrían haber marcado algunos territorios más para los fumadores, evitando con ello que se sintieran perseguidos cual ratón ante una jauría de gatos hambrientos. Por ejemplo, en aquellos restaurantes que ya existieran zonas para fumadores deberían permanecer activas. Estos empresarios han efectuado una fuerte inversión y ahora ven que ha sido dinero tirado a la basura. La cuestión es que no se hicieron bien las cosas desde primera hora –leyes made in Spain-, y ahora pagan (nunca mejor dicho) justos por pecadores.

La gente es mayoritariamente sensata y esta Ley no ha provocado esos fuertes conatos de desobediencia civil que anunciaban los agoreros. Todo el mundo asume que es necesaria y buena para la salud de la gente. ¿Qué existen minorías de fumadores y empresarios que se sienten perjudicados? Resulta más que evidente, pero no llegará la sangre al río. Ni tendrán que cerrar muchos de los pequeños establecimientos de hostelería, ni los fumadores se subirán por las paredes. Todo se someterá al noble ejercicio del reciclaje y aquí paz y después humo (pero eso sí en la calle o en la casa de cada uno). O las leyes nos cambian o las cambiamos nosotros a ellas. No hay término medio. Lo curioso es, y dada la legión de andantes fumadores que pululan ahora por las calles, que tendremos que refugiarnos en algún bar o taberna huyendo del humo. Terminaremos borrachos, pero eso si, impolutos del olor a tabaco que Colón nos trajo de América. Con los pulmones limpios pero con incipientes cirrosis hepáticas.