Junio avanza hacia su recta final dejándonos en el aire la sensación de ser el más raro de todos los vividos. El Corpus se nos ocultó en un número rojo en el almanaque y en una triste ausencia callejera. Ese día, el 11 de Junio, se jugó un Sevilla-Betis con el Estadio vacío y huérfano de emociones por la ausencia de Aficionados. Está nueva coyuntura que nos ha tocado vivir está marcada por una difusa línea entre lo normal y lo anormal. La "Nueva Normalidad" puede ser cualquier cosa menos normal. Nos vendieron una "Sociedad del Bienestar" y al final hemos comprado una "Sociedad del Malestar". Junio, como hizo siempre, se marcha de manera lenta y parsimoniosa. Nos deja colgados en los cordeles de las azoteas pañuelos de Esperanza cogidos con alfileres de tristeza e incertidumbre. Junio se va como llegó: en blanco y sin poder sumarlo a los gozos existenciales de la Ciudad. Junio en su laberinto (que ya también es el nuestro). Vaya usted con Dios amigo Junio, espero que volvamos a vernos pero, eso sí, en mejores circunstancias.
lunes, 29 de junio de 2020
sábado, 27 de junio de 2020
Juan Manuel Suárez Japón
Ayer, viernes 26 de Junio, en Coria del Río se rotulo una plaza con el nombre de Juan Manuel Suárez Japón. Este ocasional político coriano fue Consejero de Cultura y Medio Ambiente (1990-1994l), Profesor Universitario y, sin lugares a dudas el político que más sabe y más ha hecho por el Flamenco. Hombre culto, cabal y, en el mejor de los sentidos, profundamente andaluz. Dejar testimonio en su Ciudad natal de una Plaza con su nombre es, aparte de justo, un acto que nos reconforta y nos redime con nosotros mismos. Enhorabuena Maestro.
viernes, 26 de junio de 2020
Calma chicha
El aire cálido de la tarde bambolea lentamente los visillos del salón en calma. El jilguero dormita dentro de su jaula con la cabeza medio camuflada entre el plumaje de su pecho. Mientras, el piano está cerrado a los acordes y a la vida soñando unas manos maestras que revivan la mágica música de Chopin. Un libro abierto reposa en el regazo de un anciano que dormita soñando las caricias de una mano amiga. A lo lejos suena el tañir de una vieja campana anunciando la nueva letanía. En el balcón, un gato siamés de ojos azules, se despereza como si su cuerpo fuera de plastilina. En el pasillo un viejo y cansino reloj de pared da monocorde las siete en punto de la tarde. Por entre las costuras del toldo de un patio, con grandes macetones y sillones de bambú, se cuela una tenue luz sombreada con reminiscencias a poema de Luis Cernuda. La casa, antigua y señorial, reposa entre la melancolía del ayer y la incertidumbre del mañana. Todo discurre envuelto en la monotonía del tiempo sin horas ni medidas. La vida atrapada como siempre en la lenta ruleta de la esquiva suerte de los días. El discreto encanto de la burguesía sevillana.
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