viernes, 8 de marzo de 2013

La Familia y uno más



La Crisis, esta maldita palabra tan repetida como temida, ha propiciada unas situaciones -tanto sociales como familiares- verdaderamente inauditas. Se ha hecho verdad un axioma tan antiguo como el mundo: a los ricos los protege su fortuna y a los pobre su familia. A través de los medios de comunicación, o de testimonios directos, nos llegan casos personales impensables en los mal llamados años de bonanza.  El eje vertebrador que está propiciando que la gente solvente a duras penas el día a día se encuentra, y se consolida, en el bondadoso y solidario mundo de los pensionistas (los mayores de cada familia en definitiva). Nunca una pensión dio para tanto y para tantos.  Hace un par de días me tropiezo (la gente en la calle no se encuentra: se tropieza. A la inversa ocurre en los caminos y veredas) con un amigo de esos de toda la vida. Me cuenta las circunstancias por las que está pasando y, las mismas, me dan una idea de cómo “marcha” en la actualidad este sufrido país nuestro. Padre de un solo hijo ya casado, “emancipado” y con dos críos pequeños. A su “niño” lo dejaron parado (también a la mujer) y ya han agotado las prestaciones por desempleo. Su hogar, dulce hogar, lo han tenido que entregar al Banco en dación de pago para liberarse de unos años de hipoteca pendientes e imposibles de asumir. Reunidos en conclave familiar han adoptado una solución salomónica: Ricardo (el vástago de mi amigo), se ha ido a vivir con su hijo de cuatro años de edad a casa de sus padres. Su esposa, Mariló de macarena cuna y ascendencia, se marchó con su niña de seis años a casa de su viuda madre y una tía que nació, vivió y morirá soltera. Aquí tenemos un claro ejemplo de un matrimonio joven con un proyecto de vida en común roto en mil pedazos (¡como para no acordarse de las “ametralladoras” de Pancho Villa!). La última modalidad social que últimamente se está dando es “recuperar” a los abuelos (es decir: a sus pensiones) de las Residencias para retornarlos al hogar del que fueron desalojados. Hacen falta sus “Pagas” para sobrevivir y donde caben cuatro caben cinco. Estamos instalados por culpa de esta “plebe” que dice representarnos y defender nuestros intereses en el más puro surrealismo. Sin dudas ni paliativos nos hemos cargado a golpe de decretazo a toda una Generación (posiblemente de las mejores que ha dado este país). Afortunadamente la familia ha salido al rescate de sus miembros más desfavorecidos y se ha podido solventar la dura supervivencia del día a día. ¿Cuánto tiempo podrán seguir haciéndolo? ¿Cuánta gasolina les queda en sus menguados depósitos? Estamos inmersos en un mar de contradicciones que posiblemente no tengan un final feliz. Unos gastan un dineral en globos para el cumpleaños de sus hijos y otros ya no tienen ni para darles de comer.  ¿Demagogia?  Que cada cual lo interprete como estime conveniente.  La Familia, siempre la Familia, como el último salvavidas donde agarrarse para evitar el naufragio.  La Familia siempre, invariablemente siempre, contando con uno más a la mesa.

miércoles, 6 de marzo de 2013

La vida suspendida



 “Comenzaron a desaparecer
 como el oasis en el espejismo,
 a desaparecer sin últimas palabras”
- Mario Benedetti –

María Herrera Magdaleno es una ciudadana mejicana de 65 años de edad.  Ha conocido en sus carnes lo que significa el dolor más profundo que imaginarse pueda.  De sus seis hijos cuatro han sido secuestrados por las temibles bandas de narcotraficantes mejicanas. Las mismas que tienen aterrorizadas a una parte de la población y en permanente vilo a las autoridades. Ella, María Herrera Magdaleno, sabe a ciencia cierta que sus cuatro hijos nunca aparecerán ni vivos ni muertos.  Habrán sido asesinados y sus cuerpos convenientes desaparecidos a perpetuidad. Nada extraño cuando sabemos que en Méjico las personas secuestradas y hechas desaparecer superan las 24.000 y, por desgracia, este número se incrementa diariamente. Esta mujer rota por el dolor se ha convertido en una activista civil de primer orden con un doble objetivo: que el crimen organizado no le quite a los dos hijos que le quedan y que ninguna madre tenga que pasar por el durísimo calvario que ella ha padecido. Dice esta mujer de manera textual: “Con la muerte de mis hijos tengo la triste sensación de tener la vida suspendida”. La situación de países como Méjico y Colombia atrapados en las redes de los narcos es simple y llanamente terrorífica. Los medios de comunicación nos cuentan a diario historias que dejarían en pañales a los guiones de cine más retorcidos y perversos. Leo la historia, triste historia, de esta mujer mejicana y uno no puede sino conmoverse ante su dolorosa tragedia. Las drogas han convulsionado nuestra sociedad generando ingentes cantidades de dinero y envileciendo todos los estamentos de la misma.  Recientemente ha salido elegido un nuevo Presidente en el querido Méjico, Enrique Peña Nieto (PRI). Como es habitual, desde hace años, ha prometido emplear todos los recursos necesarios para acabar con esta banda de criminales. El dolor de madres como María Herrera Magdaleno bien merecería que no todo quede, una vez más, en buenas intenciones y vanas promesas. Vivimos tiempos convulsos donde la justicia y la ley en cualquier lugar del mundo hablan distintos lenguajes. Nada de cuanto ocurre en este castigado planeta llamado Tierra nos debía resultar ajeno. Somos compañeros de viaje y hacerlo con los vagones perfectamente ensamblados tiene mayor importancia que determinar cuales son nuestras estaciones.  María Herrera Magdaleno es una madre mejicana que simboliza el dolor de todas la madres del mundo.  Dejarlas solas es hacerle un flaco favor a aquellas que un día nos parieron. Mientras el Hijo del Carpintero en su última agonía le recrimina a su Dios el haberlo abandonado; Ella, su Madre, le acompaña firme en su condición materna y abre la senda dolorosa de todas las madres.  En definitiva: la vida suspendida.

lunes, 4 de marzo de 2013

El Reino de la templanza



La vida cotidiana de los españoles, y sobre todo de los andaluces, está llena de símiles procedente del campo de la tauromaquia.  Cualquier situación a lo que nos enfrentamos siempre podrá explicarse en clave taurina. Si alguien no está siendo claro con nosotros argumentaremos que “no para de darnos capotazos”.  Serían muchos los ejemplos que podríamos argumentar en ese sentido. Si algo define la magia del toreo es cuando se consigue que la faena entre de lleno en el reino de la templanza.  Decir que un torero tiene mucho temple es, como conjunción de arte y valor, de los mayores elogios que pueden hacérsele. Esto es perfectamente extrapolable a la idiosincrasia que mueve y configura nuestras vidas. Cuando médicamente se nos dice que tenemos destemplanza es que algo no funciona bien por nuestro interior. Cuando decimos en el Flamenco que un artista no consigue nunca templarse más vale que cambie de profesión. Quien no disfruta de manera pausada de lo que hace difícilmente conseguirá que disfruten los demás. Reconozco sin ambages que llevo toda mi vida intentando romancear con la templanza sin haberlo conseguido. Asumo su importancia pero mi innata condición de bondadoso neurótico compulsivo determina que siempre sea mi gran asignatura pendiente.  En mi descargo, si esto fuera posible, decir que las circunstancias no pocas veces determina tu carácter.  Puede que sea en estos últimos años cuando noto que voy recorriendo el buen camino que gozoso me lleve al Reino de la templanza. Mis nietos, a que negarlo, han sido un elemento fundamental para aparcar las prisas. No las tengo para verlos crecer pues paralelamente también me veré envejecer. Envidio sin reservas a cuantos conozco, aprecio y valoro que manejan sus barcas valorando más la travesía que el desembarco. Gente pausada que como Salva Gavira le dan a la vida y a las cosas su justa medida. Saber valorar nuestro tiempo en momentos y minutos para saborear plenamente cuanto Dios pone a nuestro alcance. A la cabeza de ellos estaría el trianero Ángel Vela, donde la naturaleza nos muestra sin reservas en que consiste el temple. Tiene andares de torero sabio; hablar pausado y reflexivo y escribe conjugando armoniosamente sentimiento y conocimiento. Todo lo que uno hubiera querido ser en la madurez para exprimirle a la vida sus mejores racimos de uvas.  Cuando vivimos rodeados de la miseria que han provocado una partida de miserables a través de la rapiña es imposible no rebelarse.  Pero incluso la rebelión se debe reconducir –nunca domesticar- por medio de la templanza. Mis nietos han conseguido el milagro de que mi alma se serene.  Todo me sabe mejor y ahora la lectura, la música, el cine y todo cuanto me hace feliz lo saboreo de manera placentera. Verlos crecer sin prisa pero sin pausa me ayudan a comprender y sobre todo valorar los momentos que Dios me ha dado.  Creo que ahora si estoy en el buen camino -¡ya era hora! y cerca de instalarme en el Reino de la templanza.  Como diría el “Pasmo de Triana”: “Nunca es tarde si el temple es bueno”.