El recordado, admirado, añorado y llorado Paco de Lucía decía que las
músicas de raíz (jazz, blues, flamenco…) tenían en común que todas procedían
del dolor, la injusticia y de las “neveras vacías”. El hambre perentoria como
plataforma para que la música se nutra de la rabia y el desconsuelo donde, a
través de la belleza más honda, puedan ser el santo y seña de nuestras
sensibilidades de seres desvalidos. Paco
siempre mantuvo una lucha titánica para que el Flamenco fuera considerado un
elemento cultural y artístico equiparable a las disciplinas culturales y
artísticas de mayor rango y envergadura. Se dejó en el empeño hasta su propia
vida pero el resultado no pudo ser más positivo y esperanzador. Conoció en sus
propias carnes a través de su padre Antonio Sánchez (un guitarrista de noches
festeras señoritiles interminables) las fatiguitas que pasaron los artistas
flamencos de antaño. ¡Todavía hay “intelectuales” del Flamenco que reivindican
la “pureza” flamenca de ese triste periodo! Flamenco de “cuarto” para que algunos se
lleven los “cuartos”. Paco, apoyado en la sapiencia flamenca de su padre y su
hermano Ramón (un excelente guitarrista de la mejor escuela ricardiana), se
agarró siendo un niño al mástil de una guitarra y transformó un Flamenco de
“neveras vacías” por otro donde los
artistas pudieran comer todos los días. Intentar analizar el Flamenco
contemporáneo sin la vital aportación de Paco de Lucia es tan inútil como
irresponsable. El Arte Jondo o es una manifestación artística sustentada en las
raíces del alma o es solo un pasatiempo para cubrir las noches de señoritos
inmisericordes. Paco llenó las “neveras vacías”
del Flamenco con su Arte inconmensurable y con su pertinaz ejemplo de
artista comprometido con la Cultura
andaluza. No hay más pero tampoco menos.
Hoy, gracias a Dios y sobre todo a artistas de la talla de Paco, los grandes
teatros del mundo se abren y entregan complacidos a este Arte parido, criado y
amamantado en la vieja, hermosa y sabia Andalucía. ¡Que nunca más vuelva el Flamenco a la época
de las “neveras vacías”!
domingo, 6 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
Los Calumniadores
La figura del calumniador más que algo específico de nuestro amado y
maltratado país puede que sea algo inherente a la condición humana. Son, en definitiva, los francotiradores de la
envidia y la perversión que disparan desde la cobarde trinchera del anonimato.
Tiran a matar sobre la credibilidad y la honradez de las personas (famosas o
no) y se retiran con sus sonrisas de hiena a sus infectas madrigueras. Cuando
la critica es constructiva se diferencia de la calumnia en que la primera se
hace con nombre y apellidos y buscando el noble armazón de la dialéctica; la
segunda solo tiene como finalidad destruir a través de la ignominia. Recuerdo, en el pasado mes de enero, un
comentario sibilino realizado (más bien perpetrado) desde el anonimato en el,
más que recomendable, Blog del impagable Antonio Muñoz Molina. En el mismo se
acusaba al escritor de Úbeda de habérselo llevado “calentito” a su paso por la
dirección del Instituto Cervantes de Nueva York. Aparte, claro está, de acusarlo
de interesada complicidad con el “Zapaterismo”. El discurso del anónimo estaba
muy bien construido gramaticalmente con lo que podíamos deducir que estábamos
ante un venenoso ilustrado. Cuando se
hacen acusaciones tan severas o se hacen a pecho descubierto o, las mismas,
quedan inutilizadas por su oscura autoría. La respuesta de Antonio Muñoz
Molina, concisa y despreciativa, puso a cada uno en su sitio. Gracias a Dios y
a mis cortas capacidades nunca he rozado siquiera eso que se llama el dulce
cautiverio de la fama. Debe, de todas formas, resultar cansino y engorroso
andar todo el día defendiéndose del fantasma de la calumnia. ¿Contra que o contra quien te defiendes
cuando desconoces el autor de la “critica”?
Despreciarlos en toda su extensión es la única fórmula que considero
conveniente. Los calumniadores pueblan la Tierra desde sus orígenes más primitivos y
seguirán haciéndolo por los siglos de los siglos. Son como esas serpientes que, de vez en
cuando, necesitan verter su veneno para poder subsistir. Despreciarlos por lo que representan de
perversos debe –o debía- ser nuestra única respuesta.
miércoles, 2 de abril de 2014
El reverso de la moneda
“El mundo cabe en un olvido”
- Jorge Guillén -
Bien cierto es que los éxitos son efímeros y los fracasos eternos. Es
legítimo que el ser humano busque triunfar en cualquier faceta de su vida.
Conseguir alguna meta de manera exitosa dará sentido a una parte de nuestra
existencia. La vida ya se encargará en demostrarnos de forma descarnada que la victoria,
aparte de fugaz, lleva implícita una corte de aduladores con fecha de
caducidad. La derrota cuando es bravamente peleada hasta sus últimas
consecuencias es lo que verdaderamente humaniza al “perdedor” y a su entorno
más íntimo. Quien tiene fama y dinero siempre tendrá como dudoso compañero de
viaje el fantasma de la “ojana”. Es legítimo preguntarse: ¿me valoran a mí como
persona o a lo que tengo y represento?
Gestionar acertadamente la cima del pedestal debe ser una tarea
hartamente complicada. La ambición humana cuando se realiza de manera decente y
productiva nunca puede ser rechazada. Procurar de manera prioritaria la mejora
de tu círculo más íntimo y afectivo es un canto a la esperanza. Empecé a
trabajar para ayudar a mi familia cuando aún no había cumplido los catorce años
de edad. Mis hijas tienen carreras universitarias y mis nietos (si los
políticos y los tiburones de las finanzas no lo impiden) deben –o deberían-
tener todavía mejores expectativas. Ese
debe –o debía- ser el verdadero triunfo de nuestra existencia más personal: mejorar
cultural y socialmente el eslabón familiar que te precede. Una vida, incluyendo la de aquellos que están
tocados por la varita mágica de la genialidad, es sumamente compleja y su
gráfico existencial está lleno de picos gravitatorios. Salud, dinero, amor y
fama siempre se relacionaron entre ellos de manera conflictiva y de forma poco
duradera. Éxito o fracaso; fracaso o éxito, son elementos convergentes y
rotatorios. Desgraciadamente, al final
todo quedará sujeto con las ramas del tiempo al pantanoso campo de las
pertenencias materiales. Poseer y acumular riquezas para que, en definitiva, te
quieran y valoren. Posiblemente será
triste comprobar con los años que “Éxito” y “Fama” eran los apellidos de
alguien que, en realidad, se llamaba de nombre “Fracaso”. Elementos resultantes
de la decrepitud de la existencia y del finiquito terrenal que nos espera en la
ventanilla del Cielo. El reverso de la moneda siempre tendrá la última y
definitiva palabra.
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