El próximo día 24 de Mayo Bob Dylan cumplirá 83 años de edad. Ya tiene programada una nueva Gira. Con el girar de Dylan también gira el mundo al compás de sus canciones. Es realmente complicado analizar las últimas décadas del siglo XX y las primeras del sigo XXI sin la aportación cultural y artística del Genio de Minnesota. Nunca tendremos claro si Dylan es un poeta que canta o un cantante que escribe poesía. Lo cierto es que unida a su guitarra o a su armónica se desgrana el Arte en su máxima expresión de nobleza. Las letras de sus canciones son un compendio contemporáneo en lo social, lo filosófico y lo espiritual (acorde con sus profundas convicciones religiosas y su indesmayable lectura de la Biblia). Su hermetismo y su animadversión hacia algunos medios “deformativos” no son mas que una defensa de su legado ante el filtro de la superficialidad. En el año 2016 la Academia Sueca le concedió el Premio de Nobel de Literatura y tardó tres meses en recogerlo. No haré un falso ejercicio de progresismo para decir que Bob Dylan ocupa el epicentro de mis más íntimas emociones musicales. Ese sitio lo ocupa desde hace muchos años el gran Paul McCartney y ya dudo que nada ni nadie pueda sustituirlo. Esto no es óbice para reconocer sin ambages las enorme trascendencia de Dylan en la Cultura y el Arte contemporáneo. Sus progresivos avances en distintas modalidades musicales son un canto a la perseverancia y al talento. Con casi 83 años de existencia su vida y su obra lo convierten en una leyenda viviente. Un cantante-poeta de soles y lunas que trasluce en sus canciones nuestras grandezas y flaquezas como seres humanos. Bob Dylan es el testaferro principal de un tiempo que huele a pólvora, a hachís, a rosa tempranera, a libros prestados, a búsqueda de libertades, a incertidumbre existencial, a amores de contrabando, a manifestaciones pacifistas, a amaneceres luminosos y a largas noches de insomnio. Un Profeta de canciones inolvidables que busca siempre en el horizonte un mañana que nunca termina de llegar. Dylan, Bob Dylan como ejemplo paradigmático de lo que fuimos y lo que somos. Imaginar esta época sin sus canciones y su presencia sería como imaginar la noche sin el día. Una perfecta comunión entre el mensajero y los receptores del mensaje. Bob Dylan ante la insoportable levedad del ser.
jueves, 7 de marzo de 2024
martes, 5 de marzo de 2024
Plaza de la Contratación
La Semana Santa sevillana se retroalimenta de recuerdos emocionales donde la familia y los amigos forman un núcleo sentimental absolutamente imprescindible. La pertinaz aparición de la nostalgia por lo vivido y, fundamentalmente, por los seres queridos ya ausentes y perdidos por los senderos de la vida. Quienes se fueron siempre serán un bastión donde poder agarrarse ante las incertidumbres de la existencia humana. La orfandad de los hijos del azahar. Alguien dijo que conviene vivir “con” los recuerdos y nunca “de” los recuerdos. La aparición de la nostalgia en la Navidad y la Semana Santa son diametralmente opuestas. La primera es una fiesta familiar intimista donde a ciertas edades se padece el síndrome de las sillas vacías. La segunda se manifiesta en un espacio publico (la calle) logrando que la nostalgia se difumine de manera gozosa por las calles y plazas de la Ciudad. Las ausencias añoradas y sentidas bien de puertas adentro o bien de puertas afuera. Todos tenemos en estos días un mágico sitio callejero donde, cada año, se producen los encuentros sentimentales entre los presentes y los ausentes. El mío siempre será la Plaza de la Contratación. Allí, cuando de niño procesionaba con mi Hermandad de la Candelaria, siempre me esperaban mi madre y mi abuela Teresa. Con su presencia, aparte de ánimos, también me daban un bocadillo de tortilla y una botella de agua. Siempre me aconsejaban que racionara la tortilla con el agua pues, fruto de la sed del camino, podía beberme la botella de agua de un tirón y luego engolliparme con la tortilla. La presencia de estas dos mujeres con su aliento y el suculento condumio me aportaban lo que yo necesitaba para aguantar el tirón hasta el puerto de San Nicolás. ¿Quién puede olvidar aquellos mágicos momentos de la niñez? Las Fiestas Mayores de la Ciudad no lo son tanto por grandes sino por intensas. ¿Cómo olvidar aquellos primeros amores juveniles contemplando emocionados el discurrir de un paso de palio? ¿Quién un Domingo de Ramos a las tres horas de estar en la calle no se acordaba de toda la familia de Calzados Segarra? La Primavera sevillana se nutre en estos mágicos días con los sublimes compases de Vivaldi; con una saeta de La Niña de la Alfalfa ; con una sevillana de El Pali y con una mirada turbadora en la cola de la noria. Estoy convencido de que cuando la Candelaria pasa cada Martes Santo por la Plaza de la Contratación mi memoria sentimental se activa y se nutre de los mágicos recuerdos. Allí siempre estarán dos mujeres que cada año bajan del cielo para animar y cuidar a un niño que es sangre de su sangre. Al final la ecuación no era tan dificil: Martes Santo, una Plaza, una Virgen, dos mujeres, una tortilla de patatas, una botella de agua y un nazarenito con una túnica blanca como el armiño. Una Historia interminable y siempre inacabada unida por los eslabones de quienes se fueron, quienes están y quienes vendrán. La vida según Sevilla.
viernes, 1 de marzo de 2024
Un fantasma recorre España
Ese fantasma que decían que recorría Europa era el comunismo hoy ese fantasma se llama corrupción. El comunismo terminó sus días con un baño de sangre entre sus mejores revolucionarios (el cruel y feroz estalinismo) y una gran alteración en sus principios fundamentales: al final no se repartió la riqueza, se repartió la pobreza. La corrupción política es un fenómeno global que no hace más que mostrarnos la enorme miseria moral de algunos seres humanos. España que desgraciadamente siempre se suele apuntar a todo aquello que la envilece no podía ser una excepción. Cuando una persona roba (sin ningún acto de violencia) para cubrir las necesidades extremas de su familia no es un ladrón es un superviviente. Los corruptos forman parte de otro grupo de ladrones. Roban (de forma prioritaria del erario publico) para tener acceso al lujo mas desmedido y así poder desarrollar una personalidad que se mueve entre la avaricia y la horterada. Todo para poder poseer coches de alta gama, lujosas casas, fiestas bacanales y viajes paradisiacos (sin entender que el verdadero paraíso está allí donde duerme plácidamente la conciencia). Como diría Machado: “mala gente que camina y va apestando la Tierra”. Les da igual conseguir su ansiado botín en la situaciones mas extrema de la población (Pandemia). Carecen de escrúpulos y todo gira en torno al “poderoso caballero que es don dinero”. Los ladrones de lo público no tienen más ideología que la acumulación de riqueza. Mal hacemos cuando solamente situamos a los corruptos en aquellas ideologías distintas a la nuestra. Los hay en todas partes y, es verdad, que no todos los Partidos actúan con sus corruptos con verdaderas medidas ejemplarizantes. Cuando un político proclama a los cuatro vientos tolerancia cero con la corrupción hay que investigar de cuantos ceros se componen algunos saldos bancarios. Es preocupante que entre los dos grandes Partidos de este país no se unifiquen criterios para crear leyes que ataquen a la corrupción desde sus raíces. Se prefieren los numeritos parlamentarios del “y tú más” antes de profundizar en el fondo de las cuestiones. Hace tan solo unos días leía un informe sobre los miles de millones robado por los corruptos en los últimos año a las Arcas Públicas. ¡Cuantos graves problemas sociales se podían haber resuelto con ese dinero! Aquellos espeluznantes datos te situaban entre el vértigo y el asco. Al ser pillados in fraganti los corruptos se buscan buenos (sobre todo caros) abogados que se saben mover dentro de los laberintos burocráticos de la Ley. No se puede evitar que la gente de la calle siempre haya tenido la percepción que las leyes, en sus aspectos punitivos, siempre se aplican contra los mas desfavorecidos. Un fantasma recorre España y arrastra sus cadenas doradas entre el estupor de las personas decentes y la parsimonia de algunos Partidos políticos.
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