miércoles, 22 de abril de 2015

Carita de porcelana







Era una monja del Convento de las Salesas enclavado desde tiempo inmemorial en la Plaza de Las Mercedarias sevillana. Menudita, frágil, como diría mi madre bajita de cuerpo y con una carita angelical que a mi siempre me pareció de porcelana. Era la encargada de gestionar las relaciones exteriores del Convento. Atendía en la puerta a los visitantes que tiraban de la cadenita de la campana situada bajo un Corazón de Jesús. Su indumentaria era un hábito que combinaba el negro con el marrón y siempre me llamó poderosamente la atención dos detalles de su austera vestimenta: un delantal blanco como la nieve y unas alpargatas negras de cáñamo (o quizás fueran de esparto). Difícilmente levantaba la vista del suelo mientras hablaba y cuando salía a realizar gestiones callejeras lo hacia acompañada de una monja más joven que ella. La Plaza de las Mercedarias era el centro neurálgico de los juegos infantiles de mi generación del Barrio y allí solíamos acudir a diario. La veía en la puerta del Convento barriendo los escalones de la entrada o atendiendo a cualquier visitante.  Me llamaba poderosamente la atención su carita de porcelana y su entrega absoluta a la causa de un Cristo Redentor. Siempre me ha fascinado este mundo interior conventual femenino donde la avaricia, la vanidad y la usura ni están ni se les espera.  Reparten su tiempo entre los rezos, las plegarias, las faenas de costura, huertos y hornos confiteros y el mantenimiento de un recinto que, más que su casa, lo consideran una antesala hacia la eternidad. Los hombres, para lo bueno y lo malo, cuando abrazan el sacerdocio no consiguen apartarse de los males humanos. Las mujeres que se hacen monjas renuncian a todo menos a rendirle culto y pleitesía al Dios de Abrahán. No hace muchos años volví a ver a “mi monjita de la carita de porcelana”. Pasé en el coche de un amigo por la Puerta Carmona y allí estaba sentada sola en la parada del autobús con una enorme bolsa a sus pies. El semáforo en rojo me permitió observarla durante un par de minutos y la noté muy mayor y con aspecto de estar ya muy cansada.  Eso si, su carita de porcelana seguía intacta. Ahora ya estará barriendo los escalones de la Puerta del Cielo.


Juan Luis Franco – Miércoles Día 22 de Abril del 2015

lunes, 20 de abril de 2015

Manolo y Ramón






Decir en España Manolo y Ramón (nunca Ramón y Manolo) es decir simple y llanamente “Dúo Dinámico”.  Después de medio siglo ahí siguen incombustibles al desaliento y desafiando el paso de los años. Siguen cantando sus canciones de siempre aunque nosotros ya no seamos los de siempre (¿o quizás si?).  Cubrieron una etapa gloriosa y soñadora de nuestra juventud y siempre figurarán con letras de oro en el libro de nuestros sentimientos juveniles. Ser joven en cualquier etapa histórica (en la actual ni les cuento) nunca resultó una tarea fácil en este sufrido y amado país nuestro. Ellos, Manolo y Ramón, cubrieron con especial brillantez una época donde ser joven y ser aficionado al cine, la música o la lectura era objeto de ser puesto bajo sospecha. Pretendían una juventud bucólica y complacientemente obediente con los poderes establecidos en todos los órdenes de la Sociedad.  Músicos de la talla del “Dúo Dinámico” consiguieron que soñáramos con un mundo sin ataduras y donde los besos y los anhelados arrechuchos furtivos nunca pudieran considerarse un delito. Las canciones de Manolo y Ramón llenaron de sueños los bailes juveniles en azoteas y patios de corrales de vecinos. Decirle a la guapa del baile si quería bailar y que su respuesta fuera afirmativa era como tocar el cielo con la palma de la mano. Si además no rehusaba el lento pero inevitable acercamiento danzón ya ni les cuento. Como no podría ser de otra forma tengo en mi Archivo la discografía completa de este inmortal Dúo Dinámico. Para colmo Paco Chaparro instituyó en el vestuario del Betis la canción “Resistiré” para intentar salir del pozo donde casi siempre estábamos y estamos los sufridos béticos (por cierto, ¿cómo es posible que Chaparro no esté trabajando en el Betis?). Un homenaje en la Primavera eterna de la juventud para Manolo y Ramón. Un Dúo Dinámico que dinamizó nuestras emociones y que consiguió con sus canciones que todo nos resultara mucho más hermoso.  Lo que está claro es que nosotros hemos envejecidos pero ellos no: su música y sus canciones los han hecho eternamente jóvenes.  Manolo Y Ramón.

domingo, 19 de abril de 2015

Uno de los nuestros





Intenté de niño no hacer nada de lo que mis abuelos se avergonzaran. Intenté de adolescente llevar un comportamiento del que mis padres se sintieran satisfechos. Intenté como persona madura que nada de cuanto hiciera fuera motivo de vergüenza para mis hijas. Intento de abuelo que mi manera de actuar sea recordada por mis nietos de manera placentera. Tengo sobradas razones para creer que en las distintas etapas de mi vida esto ha sucedido así.  Mis amigos han representado y representan el mayor soporte de mi existencia. Con algunos reconozco que no terminé de la manera más adecuada. Nuestra relación terminó en muchos casos no por lo pudiera hacerles sino por dejar de hacer lo que ellos pretendían que hiciera. Siempre he actuado de acuerdo con mi conciencia y a través de una serena reflexión. ¿Errores cometidos? Seguramente para llenar un barco. Pero, eso si, todos desde la decencia, la solidaridad y con el convencimiento de que aquello era, en ese momento, lo que tenía que hacer. El pasado solo me interesa como un interminable proceso de madurez pues, para lo bueno y lo malo, lo vivido ya no tiene vuelta atrás. Lo importante y fundamental para mí es el nuevo día que se me ofrece. La vida es tan breve como una puesta de sol y perderse en divagaciones insustanciales es literalmente dejar de vivir. El libro leído, la película visionada, la música escuchada, la copa o la comida degustada o el amor resuelto ayer entre sabanas de seda forman parte del pasado. Lo importante siempre será el próximo libro, la próxima película, el próximo disco, la nueva copa por tomar, la nueva comida por degustar y el nuevo amor por explorar (en esto ultimo es conveniente saber retirarse a tiempo).  Intenté, por y para siempre, ser “Uno de los nuestros” pero al final la vida me enseñó que “los nuestros” varían según las distintas etapas de tu vida. Nada es para siempre y todo queda supeditado al ejercicio de vivir.  Uno de los nuestros.


Juan Luis Franco – Domingo Día 19 de Abril del 2015