Esta Ciudad, de nuestros amores y desvelos, siempre supo celebrar de manera gozosa y placentera las llamadas vísperas. Aun asumiendo que todo tiene un antes y un después es en los preámbulos donde Sevilla se manifiesta con un mayor grado de autenticidad. En pocas horas aparecerá en nuestros hogares una nueva Nochebuena. Tiempo donde conviven (o al menos debían convivir) el gozo de lo que celebramos (el Nacimiento del Mesías) y un acogedor entorno donde la familia siempre ocupó un lugar preferente. Puede que sea verdad que el gran problema de esta época es que, a la par que se han llenado los frigoríficos, se han vaciado los corazones. Decía y dice el villancico que “la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”. Una incuestionable verdad ligada al ciclo de la existencia humana. Las Navidades son un recuento anual de bajas y altas. Por imperativos de la vida se van los abuelos y su sitio lo ocupan los nietos. Estas Fiestas Navideñas siempre se nos han mostrado en el mundo del Arte y la Cultura de una manera subliminal. El Cine, la Literatura, la Música (en cualquiera de sus variantes) y las Artes Plásticas han dado y nos siguen dando un catalogo de obras supremas. La Navidad se pinta, se esculpe, se escribe, se compone, se interpreta, se rueda y, fundamentalmente, se siente. Todo gira y toma forma en torno al repique del tambor de ”El pequeño tamborilero”. Cruza el valle que la nieve cubrió para adorar a Jesús recién nacido. Es muy pobre y solo puede ofrecerle el redoble de su viejo tambor. El Niño Dios sonríe complacido pues sabe que en ese tambor esta la esencia de la verdadera generosidad. La de dar cuanto se tiene sin esperar nada a cambio. La recompensa está en sentir sobre nosotros la caricia del fulgor de las estrellas. Todo mientras caminamos en busca del espíritu de la Navidad. Vivir por los que ya no están es nuestro mejor homenaje navideño.
viernes, 22 de diciembre de 2023
jueves, 21 de diciembre de 2023
Antonio Burgos
Ayer, 20 de Diciembre de 2023, fue un día triste, muy triste, para la Ciudad de Sevilla. Falleció el periodista y escritor Antonio Burgos. El mismo día que la Guitarra flamenca se vistió de luto en Lebrija con el fallecimiento de Pedro Peña. Un enorme guitarrista que se nos configura como el eslabón fundamental de la guitarra gitana. Hijo de “La Perrata”; hermano de Juan Peña “El Lebrijano” y padre del gran pianista “Dorantes”. Es verdad que la muerte nunca viaja sola y ayer se lleva con ella a Pedro Peña y a Antonio Burgos. El Flamenco y la Ciudad compartiendo luto. Antonio Burgos tenia 80 años de edad y su fallecimientos fue debido a graves problemas respiratorios. Su dimensión literaria y periodística se bifurca en dos dimensiones: la de articulista político y la de cronista cultural-sentimental de la Ciudad. Sinceramente mi valoración de la primera me deja en el terreno de la indiferencia sin dejar de asumir que, en aras de la libertad de expresión, todos tenemos derecho a expresarnos libremente. Los artículos “políticos” de Antonio Burgos eran influenciados por una cúpula empresarial y política que, de manera interesada, marcan falsos senderos a grandes escritores (tanto de izquierda como de derecha). Son celdas doradas donde se hipoteca nuestra escritura. El Antonio Burgos que me interesa de una forma excepcional es el que se nos configura como el gran cronista cultural-sentimental de la Sevilla contemporánea. El que compuso ese monumento de canción que se llama “Habaneras de Cádiz”. El que nos descubría en sus escritos los profundos laberintos sentimentales de esta tierra. El que escribió “Andalucía, ¿Tercer Mundo?”; “Folklore de las cofradías de Sevilla” y “El contrabandista de pájaros”. El que tenia la Tacita de Plata como su segunda vocación existencial. El indesmayable bético y currista que teñía de verde y blanco y de romero el tintero donde mojaba su sevillana pluma. Quien nos ponía el alma en cuarentena cuando escribía de nuestra Semana Santa. Su cariño por esta Ciudad (la nuestra y la suya) fue indesmayable. Siempre lo recordaremos por su ejemplo de profunda sevillanía y su legado de profundo sevillano amante de la Ciudad. Descanse en paz y que el Señor del Gran Poder le de cobijo en el Reino de los cielos azules. La Pura y Limpia del Postigo lo espera en el mágico Arco de la Eternidad.
lunes, 18 de diciembre de 2023
El alimento del cuerpo
“Que difícil es comer despacito cuando se tiene hambre” (Curro Romero)
Pocas dudas existen de que el comer es uno de los grandes placeres que tenemos los humanos. Un buena comida con un buen vino (creo que ahora a esto le llaman maridaje) y una buena compañía es tocar el cielo con la punta de los dedos. Disfrazar las buenas comidas con apellidos como “Comidas de Empresa” o “Comidas de Trabajo” es desnaturalizar el buen yantar. Las comidas siempre son patrimonio de sus comensales y el disfrute, cuando existe buena armonía entre los mismos, siempre estará garantizado. El circulo se cierra con buenas viandas, buen vino y buena gente sentada en la mesa. Todo lo demás es ganas de alterar el sentido racional de las cosas. A veces olvidamos que la razón primera que tienen los alimentos es facilitar que ningún ser humano se quede sin ellos. Son millones los pobladores de este planeta llamado Tierra (con muchos niños a la cabeza) que pasan hambre. España tiene el triste record de ser uno de los países europeos que más comida tira a la basura. Compramos por comprar (consumismo compulsivo) y después nos deshacemos sin remordimiento de todo aquello que no nos apetece consumir. ¿Qué cada uno es muy libre de gastar su dinero en lo que estime oportuno? Sin duda, pero lo que no podemos pretender es que nosotros nos creamos ajenos al grado de hambruna que padece una parte considerable de este mundo. En la actualidad no existe cadena televisiva (pública o privada) que no dedique una parte de su programación al tema del “papeo”. Brillantes cocineros enseñándonos como utilizar el nitrógeno en nuestras cocinas. Concursos televisivos donde se compite abiertamente (con discusiones programadas para subir la audiencia) y así poder juzgar quien es el mejor dotado para darle prestancia a los alimentos. Rutas gastronómicas donde se nos indica donde comer y que alimentos son los más preciados del lugar. Existen ya cocineros mediáticos que son mas conocidos que algunos futbolistas o estrellas del celuloide. Cada año se reparten las “Estrellas Michelin” como una especie de Oscar de los fogones. La cocina mas que una forma de poder alimentarnos ya ha pasado a la consideración de Arte. Contra menos cosas tengan los platos mas fuerte será la “estocada” en la cuenta. Se trata de que si vas a un restaurante de moda salgas con hambre y con la cartera tiritando. La clave consiste en no comer para vivir sino en vivir para comer. Mi abuela y mi madre (como la inmensa mayoría de aquella sufrida generación) cocinaban con elementos alimentarios muy pobres y escasos. Sin embargo nunca podremos olvidar aquellos olores y aquellos sabores. Platos que cumplían sobradamente dos funciones: paliar el hambre reinante y dejarnos un sello indeleble en nuestras papilas gustativas. No deja de ser un falso e interesado dilema el que se establece entre la cocina-tradicional y la cocina-vanguardista. La cuestión fundamental consiste en la calidad de los platos que se preparan. En una Sociedad donde reina el postureo la cocina no podía ser una excepción. Todos por la pasta (preferentemente italiana).
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