martes, 2 de julio de 2024

El Genio en la memoria


Hoy, 2 de Julio de 2024, hace 32 años que nos dejó el Genio flamenco de San Fernando. José Monje Cruz  “Camarón” representa el culmen y la cima del Cante Flamenco contemporáneo.  Su inmenso legado lejos de desvanecerse toma cada día nuevos bríos emocionales que propician que su obra alcance la épica en toda su plenitud.  Su antológica discografía y sus numerosos videos propician un marco inigualable para poder  determinar el extraordinario alcance de su proyección artística y humana.  Sus ya numerosas biografías nos dan una justa medida de la vital importancia de Camarón en la Historia del Arte Jondo.  Cuando canta el Genio de la lámpara flamenca las salinas de San Fernando inundan de luz y majestad todos los confines del mundo.  Camarón y Paco (de Lucía) revolucionaron el Flamenco contemporáneo y dejaron marcada una senda para que puedan transitar con las alforjas llenas las nuevas generaciones.  Camarón cada vez suena distinto y cada vez suena mejor.  Su obra es imperecedera y se configura junto al gran Federico (García Lorca) como los dos imanes que atraen a todas las estrellas del firmamento de Andalucía.  Esta tierra nuestra duele y reconforta desde su ancestral  compendio de luces y sombras.  Se abre a la luz con la cal de sus blancos  pueblos y se cierra a la oscuridad en las largas noches de cuchillos largos.  Siempre con la alegría y la esperanza por bandera.  Camarón nos dejó demasiado joven para la vida pero tuvo tiempo de hacer sus deberes de soles y lunas.  Como el agua que brota del manantial de la vieja sabiduría andaluza.  Volando sobre un campo de amapolas que le hacen compás cuando las mece el viento.  La leyenda del tiempo que se eterniza y se niega a morir en la implacable  dictadura de los almanaques. Un cantaor imperecedero que cuando canta la Saeta de Machado nos llena el alma de soniquetes callejeros.  Un príncipe de las mareas que hace de la Bahía el epicentro de todas  nuestras mas nobles emociones.  Camarón, como la propia Andalucía, eterno y universal.  Por siempre y para siempre en la memoria.

viernes, 28 de junio de 2024

Consulta número 3

Afortunadamente mi inevitable romance con el SAS (Servicio Andaluz de Salud) todavía no se otea en un horizonte muy cercano. Aguanto bien el tipo con el paso de los años y tengo a mi ADN materno como mi ángel de la guarda. El ciclo de la vida es nacer, crecer, madurar, envejecer, enfermar y, como decía el Beni de Cádiz, “pa el jardín”. Cuando se altera ese ciclo con una muerte prematura el orden existencial se rompe por todas sus costuras. Lo racional es que los hijos entierren a los padres y no al revés. Por años vividos ya navego por los últimos estados del ciclo de la vida (concretamente en el de envejecer). Hace unos meses y ante la presunción de tener una catarata vertiendo su agua por mi ojo izquierdo me puse en manos del SAS (Servicio Andaluz de Salud). Fui cubriendo todo el proceso protocolario en este tipo de operaciones hasta terminar en Abril con una capucha puesta y un rayo láser apuntándome el ojo. El resultado ha sido más que excelente y ahora creo que veo más de la cuenta. Durante este periodo de tiempo he podido apreciar in situ la enorme valía de nuestro personal sanitario y, también, las difíciles condiciones en las que tienen que afrontar su noble y necesario trabajo. Me llamó la atención en todo este largo caminar (ocho meses entre la primera consulta y la intervención) que la gente que me atendía era muy joven. Siempre, eso sí, con un alto grado de eficacia y un trato que rondaba la excelencia. En lo poco que podía hablar con ellos es verdad que notaba en sus ademanes una cierta sensación de cansancio. Ya nos quedan muy lejos los justos aplausos balconeros ante el enorme sacrificio del personal sanitario (muchos de ellos pagaron con sus vidas). Ahora los recriminamos en sus centros de trabajo como si las taquilleras de los cines tuvieran la culpa de que algunas películas sean malas. Mal haremos si nos andamos con medias tintas y no terminamos de entender que estamos ante una cuestión meramente política. Están desmantelando la Sanidad Pública Andaluza (modélica y ejemplar hace unos años) hasta llevarla con las manos atadas al Puerto de la Privada. Vivimos atrapados en una Sociedad donde cada día gana más peso y terreno lo ultra-liberal. Todo por la pasta. Lo público no cotiza en bolsa ni puede encuadrarse en la Ley de la oferta y la demanda. Las inversiones y el mantenimiento de lo público sale del dinero de las Administraciones (central, autonómica o municipal) quienes a su vez se nutren del dinero de los contribuyentes. No somos pedigüeños pidiendo algo que no nos corresponda y pertenezca. Es un circulo concéntrico que se mueve impulsado por los Derechos Sociales que a la postre representan el verdadero eje vertebrador de los sistemas democráticos. La Democracia es algo más que poder votar cada cuatro años. Ahora que algunos lideres dogmáticos y sectarios cuestionan la Justicia Social es el momento de defenderla con todas las armas cívicas y sociales que disponemos. Si el tejado tiene goteras no esperemos que se arreglará solo o que otros vendrán a repararlo por nosotros. Esto supera el resbaladizo terreno de las ideologías y se sustenta en quienes creen que lo público nunca puede ser moneda de cambio. Se duerme más tranquilo sabiendo que estamos en buenas manos sanitarias (con los políticos siempre terminamos buscando la Dormidina). La Consulta número 3 abierta de par en par. Siempre va depender de nosotros.

miércoles, 26 de junio de 2024

Donald Sutherland o la excelencia interpretativa

 
El pasado viernes cuando nos despertamos con la hermosa resaca de la borrachera de buen Fútbol de la Selección Española nos llega la noticia, triste noticia, del fallecimiento del genial  Donald Sutherland.  Este inconmensurable actor canadiense tenia 88 años de edad y ha fallecido en el Miami luminoso que se configura como el último refugio dorado de no pocos grandes artistas. Tratar de configurar la Historia del Cine contemporáneo sin la omnipresente figura de Donald Sutherland se nos antoja prácticamente imposible.  Su versatilidad en los distintos papeles que interpretó a la largo de su carrera lo sitúan en la cima más alta de la interpretación masculina.  Bastaría tan solo su impresionante papel en el  Casanova de Federico Fellini para que su nombre figurase con letras de oro en el mundo actoral más sublime.  El nombre de Donald Sutherland en cualquier reparto cinematográfico ya suponía un plus añadido de excelencia y calidad.  Su camaleónica capacidad de transformación lo elevaban por encima de cualquier gran actor de su generación.  A pesar de haber actuado en más de 200 películas la Academia de los Oscar  (figurando en  su filmografía obras memorables) nunca consideró que fuera merecedor de concederle ninguna estatuilla.  Ya en al año 2017 fueron conscientes de tamaña injusticia y le concedieron un Oscar honorífico.  De esta forma se cubrían en  dos dimensiones: actuar como catalizador en forma de desagravio y, de paso, taparse sus vergüenzas.  Las palabras que pronunció Donald Sutherland en la recogida del Oscar fueron antológicas y acorde con su talento.  Dijo:  “No merezco este premio. Pero tengo artritis y tampoco me la merezco.  Así que gracias”.  Se fue uno de los más grande  genios interpretativos  del Séptimo Arte.  Nos queda  la magia del Cine para poder revivirlo en su inmortal filmografía.  Siempre que queramos recordarlo es conveniente tener a mano  la enorme película “Klute”  de Alan J. Pakula.  En esta obra maestra  nos deja el actor canadiense toda la esencia de su arte interpretativo.  Ahora, que  el mercado  de las plataformas  nos convierten en consumidores de imágenes, es el momento de reivindicar nuestra condición de cinéfilos.  El Cine como Arte y Cultura y no solo como un mero entretenimiento.   Donald Sutherland siempre estará presto para rescatarnos.  Grande entre los grandes.  Descanse en paz.