miércoles, 13 de marzo de 2013

Pájaros de mal agüero



Cuando la luna nos mostró su lado oculto
Esperábamos agazapados la amanecida;
Luego, azoteas y patios se abrieron a la vida
Para que el sol iluminara cuerpo y alma.

La cal de las paredes resplandecía
Y el viento se hacía rumor de caracola;
Mientras, nos brindaba el agua de la fuente
Su cantarina voz de eterna enredadera.

Tiempo de un tiempo sin medida
Envuelto en celofán de mil colores
Palabra que se pierde por vacía
En la panza de barricas vinateras.

Nos despertó en plena madrugada
La voz ronca del aire en la ventana,
Nos arrullamos como gusanos de seda
Para vencer las sombras de la noche.

Liberamos al poema de su encierro
Con la música de aquel viejo organillo,
Todos amamos con gozoso desenfreno
Como si Dios nos abriera la sacristía.

Teníamos un miedo frío
Envuelto en un frío miedo
Cuando, ¡por fin!
Vimos a Penélope
En lo alto del promontorio.

Nos dimos las manos solidarias
Para espantar dolor y desconsuelo
Los vimos acercarse sigilosos:
“Ya están aquí” dijimos,
Los… ¡Pájaros de mal agüero!

lunes, 11 de marzo de 2013

Sobre jaleos, alborotos y tiros



“Venimos de una posguerra dura,
 la de los años cuarenta,
nos ha quedado como una cicatriz
que aún duele los días de lluvia”
- Jaime Salom –

Lo decía el poema lorquiano recogido de las canciones populares andaluzas: “Anda jaleo, jaleo: ya se acabó el alboroto y vamos al tiroteo”. Repasando cada día las noticias que nos ofrecen los medios de comunicación sobre cuanto acontece en el mundo, el jaleo y el alboroto no terminan nunca y el tiroteo forma parte de la vida cotidiana en muchos confines de la tierra. Todo en clave de rencor como preámbulo de la masacre. De manera pertinaz los niños, ancianos y mujeres como principales destinatarios de los crueles desmanes que se cometen en todas partes del mundo. Veía hace unos días un Documental de la 2 donde se reflejaba el papel de las mujeres francesas durante la ocupación alemana (fundamentalmente en Paris).  Unas jugándose la vida, y perdiéndola en muchas ocasiones, participando o colaborando activamente con la Resistencia. Otras sumisas y complacientes con los invasores alemanes, arrimándose al poder que es donde dicen que siempre hace menos frío. Cuando se produjo la liberación de Paris (por cierto la primera tanqueta que entra en la capital francesa iba comandada por tres republicanos españoles) las purgas y el escarnio a que fueron sometidas las mujeres francesas colaboracionistas fue demoledor y no exento de extrema crueldad. Las que no fueron directa y públicamente fusiladas las pelaron al cero entre el jolgorio de la gente.  Fueron paseadas muchas de ellas desnudas entre una multitud vociferante que las escupía a su paso, les arrojaba cubos de agua sucia, toda clase de inmundicias y las golpeaban e insultaban de manera inmisericorde. Muchas de estas mujeres eran prostitutas que antepusieron su profesión (dicen que la más antigua del mundo) a su condición de patriotas francesas. En definitiva, vendieron su cuerpo al mejor postor (los alemanes en este caso) tratando de rentabilizar al máximo su profesión. Fueron cómplices de los verdugos y la verdad es que lo pagaron muy caro.  Por otra parte a las mujeres que apoyaron la Resistencia, y que a la postre fueron absolutamente fundamentales en la victoria aliada, tampoco se les reconoció su vital aportación en la derrota del nazismo en Francia. Mujeres malas o buenas; buenas o malas, pagando siempre en sus carnes las consecuencias de los conflictos armados que siempre les programan los hombres. Hoy, en pleno siglo XXI, en aras de un fundamentalismo aterrador rocían con acido las caras de las niñas que solo pretenden ir al colegio, o mutilan a otras que no quieren casarse con quienes “sus padres” han comercializado su venta. Niñas que son, ni más ni menos, proyectos salvajemente frustrados de futuras mujeres. Abuelas, madres, hermanas, esposas, hijas y nietas padeciendo el alboroto y cubriéndose en los soportales de los tiros de los hombres. De todos los títulos que se le adjudican a Sevilla existe coincidencia que el de Mariana es posiblemente el que mejor le cuadre. Madre amantísima y dolorosa cubriendo con su manto nuestras desdichas y desventuras.

Lo escribió Lorca que sabía como nadie de donde procede el dolor de los andaluces: “Anda jaleo, jaleo: ya se acabó el alboroto y vamos al tiroteo”.  La Historia nos deja meridianamente claro quienes son los destinatarios (as) de toda la vileza del mundo: mujeres, niños y ancianos.

Nosotros nos vamos a las guerras (de todo tipo) que los poderosos nos programan y ellas, nuestras desconsoladas mujeres, se van a los cementerios a enterrarnos y después a criar a nuestros hijos.  En Sevilla todas, absolutamente todas las mujeres, siempre terminan rezando a los pies del Gran Poder. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Las puertas giratorias



A los niños de mi generación nos gustaba meternos en las puertas giratorias (fundamentalmente existían en algunos bancos o centros oficiales) y dar varias vueltas para volver a salir al punto de partida. La odisea terminaba cuando algún ordenanza nos mandaba a “hacer puñetas”.  Era una especie de premonición a lo que la vida nos tenía reservado: la vuelta a los orígenes.  El pasado es una especie de fantasma que siempre nos espera agazapado al resguardo de cualquier esquina. Los largos años de la posguerra fueron durísimos y plagado de carencias de todo tipo (menos, evidentemente, las afectivas).  Algunos de nosotros descubrimos las ventajas de tener cuarto de baño propio cuando ya llevábamos algunos años afeitándonos.  Ahora y debido a la usura y especulación de no pocos políticos y financieros volvemos a “saborear” el amargo limón de la miseria. Son a que dudarlo épocas distintas, pero que eso se lo expliquen a alguna de las miles de familias que ayer vivían dignamente de su trabajo y hoy lo hacen de la caridad y la fraternidad.  Nos hicieron creer que ya casi todos formábamos parte de una emergente clase media: no por lo que teníamos sino por lo que –les- debíamos.  Se nos cayó –o mejor nos tiraron- el tejado encima y ahora nos vemos obligados a mirar por cada euro que gastamos.  Dentro de poco es previsible que el duro invierno nos enseñe su pañuelo de despedida: “Algo se alegra en el alma / cuando un invierno se va”. Este invierno hemos tenido que utilizar algunas tácticas ahorrativas para que el inmisericorde contador de la luz no avance más de lo debido.  Tiramos del manual de madres y, sobre todo, de abuelas para combatir el frío en cuerpos y almas.  El tiempo que pasamos dentro del hogar lo hemos cubierto con toda clase de accesorios tendentes al calentamiento previo. Obviemos las horas que pasamos en posición horizontal y donde las mantas y forros polares consiguen el milagro de mantenernos calentitos. Para las placidas horas de sofá utilizamos algunos artilugios que paso a enumerarles: 1) Chándal enguatado de mercadillo con su correspondiente capucha, modelo-“Dame cinco leuros”. 2) Calzoncillo tobillero, modelo-“Río Bravo”.  3) Guantes de lana de “Casa Peña”.  4) Camiseta térmica de “Pérez Cuadrado”.  5) Camisa de franela a cuadros de “Confecciones Cuadro” y 6) Manta zamorana de doble vuelta (en tareas lectoras o de ordenador es conveniente quitarse los guantes y desguarecerse de la manta).  Nos ha faltado por razones obvias la copa de cisco picón con su correspondiente aroma de alhucema.  Así andamos para poder combatir la miseria a la que esta “plebe” nos ha condenado.  Duele comprobar que con los cientos y cientos de millones que nos han robado a los contribuyentes acabaríamos con una parte considerable del Paro. Pero, quedaos intranquilos: no devolverán nada de lo robado ni tampoco pagarán por ello.  Es una ley tan antigua como la vida misma: las grandes fortunas -de unos pocos- se amasan sobre la extrema pobreza de una gran mayoría. Nada nuevo bajo el sol de Andalucía. Vuelven las puertas giratorias a aparecer en nuestras vidas y nos llevan una y otra vez al punto de partida.  El Señor de Sevilla le pide a su Padre Celestial ayuda para soportar la carga de tantas familias sevillanas. Procuremos que Él nunca se rinda. Si lo hace, estaremos ya irremediablemente perdidos para siempre.  

Se va el crudo invierno y nos llegan desde al Aljarafe efluvios de una nueva y soñada Primavera.  En Sevilla, siempre estamos obligados a vivir con –la- Esperanza.