viernes, 3 de diciembre de 2010

La vida en dos dimensiones



La vida una gran mentira,
cuantos quisieran tené
pa comé lo que otros tiran
.

Siempre me gusta darle un último repaso a revistas y periódicos antes de depositarlos allí donde reposan olvidadas las hojas muertas: en el buzón azul hidráulico que lo mismo engulle noticias que folletos de “Carrefour”. Todo, incluyendo nuestras vidas, sujeto al implacable rodillo del reciclaje. Antes de tirarlo, me entretengo en hojear el suplemento dominical “Magazine” del pasado domingo día 14 de noviembre y, el contenido del mismo, me hace reflexionar sobre la complejidad de la sociedad que nos ha tocado vivir. En la portada se vislumbra un montón de casas en ruina en la cruelmente maltratada Haití. En la misma se ve a un muchacho haitiano golpeando con un mazo la techumbre de algo que alguna vez fue su casa. Tiene 18 años de edad y ha perdido a toda su familia (padres, abuelos, y 6 hermanos). Debajo un acertado titulo: “El lamento de Haití”. Como subtitulo se nos dice que: “Diez meses después del terremoto, el país antillano sigue sin levantar cabeza”. Avanzo lentamente por las páginas de este suplemento y me deja evidencias palpables de que la vida transcurre en dos direcciones. Justo en el reverso de tan trágica portada se nos aparece un pensativo Leonado DiCaprio, luciendo en su muñeca izquierda un soberbio reloj de la marca TAGheuer. Paso tan solo una página y veo a una hermosa muchacha -parece de porcelana- vestida de riguroso rojo, rodeada de una ingente cantidad de perfumes del mismo color rojizo y perteneciente a la firma CH (Carolina Herrera). Una hoja más adelante me encuentro con el piloto de Formula 1, Mark Webber, luciendo unas esplendidas gafas de sol de la marca Prada. Después unos personajes, que parecen sacados de la película Matrix, portando unas bolsas negras y cubiertos con unas gafas de sol (ignoro cual de las dos cosas se anuncia, bolsos o gafas, la marca es DIRK BIKKEMBERGSS). Prosigo esta lenta andadura comercial, hasta poder llegar al reportaje sobre Haití, y me tropiezo con un joven galán cómodamente despatarrado en un lujoso descapotable rojo. Nos anuncia que usa CH Men. Un poco más y aparece un pantallón enorme de televisión –disponible hasta en 46”-, llamado BAN&OLUFSEN. Después viene un “peluco” verdaderamente majestuoso y que cuesta 6.710 euros, se llama el bello artefacto BREITLING. Paso algunas páginas y me doy de bruces con un keniata flotando en el aire junto a un explorador al que le saca medio metro. Dos indígenas miran sonrientes desde el suelo este mágico proceso de levitación. Todo conlleva a que sepamos valorar las excelencias de una diminuta cámara de video llamada HANDYCAM. Como epilogo de esta aventura comercial me encuentro con la escritora Ángela Becerra que nos recomienda que cada atardecer, al finalizar el día, nos premiemos con una copa de CODORNIU. ¡Por fin! consigo llegar al reportaje que se nos anuncia en la portada. Sobrecogedores testimonios de gente que, de manera heroica, están luchando contra las terribles condiciones de un país que, paradojas de la vida, fue el primero en conseguir la independencia en Latinoamérica. De la ayuda prometida por representantes de 138 países, el FMI y el Banco Mundial, 9.900 millones de dólares, no les ha llegado ni el 20%.



Los datos que se nos ofrecen son terribles: 1.000.000 de personas viven bajo lonas en 1.200 campamentos. Los fatídicos 35 segundos que duró el terremoto provocaron 220.000 muertos; 300.000 heridos y 2,3 millones de desplazados en un país de algo más de 9.000.000 millones de habitantes (cuando se configuró este reportaje todavía no había hecho su aparición la epidemia de cólera que ya se ha cobrado, en una semana, más de 1.500 muertos. Me comenta un médico amigo que esta enfermedad tiene un tratamiento muy simple: mantener perfectamente hidratado al enfermo. ¿Pero como se puede hidratar a nadie en un país que carece de agua y sumido en la más profunda de las miserias?).

Cohabitamos con el horror y la injusticia más aterradora. Estamos inmersos en una Sociedad de Consumo donde la hora del Tercer Mundo la vemos reflejada en relojes de 6.700 euros. Unos esperando que den las cinco para el té y, otros, muriendo de cinco en cinco sin que les llegue ninguna clase de ayuda. Ricachones horteras que a través de programas de televisión (¿Quién vive aquí?) nos muestran sus lujosas mansiones y su excelso nivel de vida. Mujeres en su madurez intentado ganarle la batalla a los años, invirtiendo miles de euros para conseguir el inútil elixir de la juventud (“Mujeres ricas”, creo que se llama el programa). Se confunde la legítima aspiración de mejorar el nivel de vida de las personas con una inmoral ostentación de riqueza y poderío material. Gentes vacías que no tienen más valor que aquel que les proporciona su dinero. Nadie fue nunca admirado, ni afectuosamente recordado, por sus caudales sino por sus sentimientos. La dura y hermosa aventura de vivir se creó para dar y nunca para recaudar. Morirán con la duda de si quien le rozó la mano lo hizo por cariño, o para que la abriera y ver lo que tenía dentro. La vida en dos dimensiones: la que lleva a la gente noble y solidaria hasta Haití y, aquella, que dimana del lujo y el vacío existencial. Nada nuevo bajo el sol.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Santa Genma en el recuerdo



En la muy noble, leal y sufrida Ciudad de Sevilla a 1 de Diciembre del 2010

Residencia Santa Genma

C/ Brasil, 5

41013 – Sevilla

Apreciados y muy valorados amigos/as:

Alguien dijo –y dijo bien- que en la vida todo funciona por ciclos. Hasta la misma existencia está sujeta a este axioma: nacer y morir como las dos caras de una misma moneda. También dijo que es de bien nacido ser agradecido. Por estos dos caminos quiero que discurra esta carta que nace de lo más profundo de mis sentires.

Como bien sabéis mi madre terminó su ciclo en ese afectuoso Recinto el pasado día 25 del corriente. La han trasladado a Sanlúcar la Mayor. Fue una decisión que mis hermanos tomaron unilateralmente y, que como es público y notorio, yo no comparto. Pero en fin allá cada uno con su conciencia. Alguien dijo: “solo critico mis actos pues son los únicos con posibilidades de poder influir en ellos”. Tiempos de almas frías son los que nos han tocado vivir.

Posiblemente en su nuevo destino, mi madre, disponga de mejores comodidades pero difícil, muy difícil, será que encuentre un colectivo de personas con mayores dotes de humanidad y dedicación que la mostrada por vosotros en el difícil día a día. Tratáis con personas en los umbrales de sus existencias y con sus personalidades diluidas en un contexto donde, en muchos casos, se sienten incómodos alejados de sus hábitat naturales. El duro anochecer en definitiva de la existencia humana.

Valoro vuestro trabajo por ser plenamente consciente de la extraordinaria dificultad que el desarrollo del mismo lleva implícito. Doy fe de que en mis innumerables visitas a ese querido Recinto nunca escuché ninguna queja de alguno de los residentes. Curiosa paradoja de que exista una Residencia de Ancianos (no me gusta lo de la 3ª Edad) en el Barrio del Porvenir. El crepúsculo de los años insertado en un enclave urbano con nombre de futuro.

Gracias pues a todos/as por el afecto y dedicación que siempre habéis demostrado hacia mi santa madre. Mi amistad, mi respeto y mi gratitud siempre os acompañarán. No quiero que esto suene a despedida pues es mi deseo visitaros de cuando en cuando. El afecto no se archiva como un expediente administrativo. Un día escribí sobre la sana amistad de un afectuoso francés procedente de Normandía, y un torbellino de belleza de Las Cabezas de San Juan. Así veo yo a Santa Genma: los heridos por los años desembarcando solitarios en la playa de los recuerdos y, las hermosas muchachas andaluzas tendiéndoles sus bondadosas manos.

Nada define mejor los avatares de la vida que las olas marinas: nacen y mueren dejándonos su encaje de gozo y llanto sobre la arena.

Suerte, mucha suerte, en vuestra difícil tarea y, una vez más, reiteraros mi agradecimiento y mi amistad eterna. Siempre vuestro,

Nota adicional: A pesar de que en un principio esta carta estaba destinada a la privacidad, me place insertarla en mi blog como muestra de afecto y agradecimiento a mis “colegas” de la Residencia Santa Genma. Gracias eternas.

Amores de mercadillo



Arribó a Sevilla procedente de Turín el pasado 7 de septiembre. Venía con una beca Erasmus en la mochila para estudiar Filología Hispánica. Acababa de cumplir 20 años de edad y fue su padre, Director Artístico del Pabellón de Italia en la Expo del 92, quien le animó a que eligiera Sevilla como destino. Rechazó la Villa y Corte, la espléndida Barcelona y la perla castellana de Salamanca para decidirse, vía paterna, por la Ciudad que vive y sueña a la sombra de la Giralda. Se alojó junto con otros jóvenes europeos -dos ingleses y un francés- en un chalet del Barrio de Heliopolis situado en la calle Perú. Acudía cada mañana a la antigua Fábrica de Tabacos para ilustrarse y aprender sobre nuestra Lengua, y los caminos que llevan a la Literatura de Cervantes e ilustres colegas. A mediodía solía comer en compañía de un estudiante procedente de la Baeza machadiana en Casa Diego, con sede en la Plaza de los Curtidores, justo en el corazón de la Puerta de la Carne. La mejor comida casera de Sevilla con diferencia. Hagan la prueba pues merece la pena.

Le costó muy poco integrarse en la Ciudad y aplicó a rajatabla un consejo que le dio su padre, Paolo Ricci, al despedirlo en el aeropuerto turinés de Sandro Pertini: “en Sevilla primero observa y después escucha; luego, primero escucha y después observa. Sitúate a medio camino entre el halago y el critiqueo. No pretendas adentrarte en el alma de la Ciudad sin pagarle un peaje de cariño y fidelidad”. De lunes a viernes dedicaba todo su tiempo al estudio y la lectura. Los fines de semana se pateaba la Ciudad en mañana, tarde, noche y madrugada. Le gustaba especialmente perderse de noche por el arrabal trianero, y rematar la faena escuchando flamenco en La Carbonería del impagable Paco Lira. Dado su peculiar carisma no le costó en exceso adentrarse en los círculos más sanos de la juventud sevillana (aquellos que saben combinar estudio, trabajo-los poquitos que lo tienen- y diversión sin molestar ni quemarse en el camino). Era apreciado en los distintos ámbitos donde se movía –fundamentalmente, y dada su joven apostura de galán italiano, por las féminas- y conocido entre los ambientes juveniles sevillanos como, “Roberto el Italiano” (nombre que le puso su padre como homenaje al genial Roberto Rossellini). Se adentró con facilidad en los vericuetos sentimentales de una Ciudad que, a los que bien la aman y valoran, nunca les pide el carné de identidad. Mantenía cada tarde una larga conversación con sus progenitores italianos, donde se dejaba aconsejar ante la eventualidad de cambiar su hoja de ruta sevillana.

Se estaba planteando en la actualidad el agenciarse una bicicleta para trasladarse del barrio de Heliópolis a la Universidad. La Ciudad disponía de muchos kilómetros de carriles bicis y le pareció que era conveniente utilizarlos. Le comentaron que se pasara una mañana de domingo por el Mercadillo que instalaban en el Charco de la Pava. Había uno que vendía bicicletas usadas y a un precio más que asequible. Lo que no sabía este digno heredero del gran Marcelo que allí le acechaba, para atraparlo, la dulce enredadera de los enamorados.

Un domingo que el almanaque marcó como 7 de noviembre del 2010, aterrizó Roberto en compañía de dos colegas de Facultad en aquel enjambre de efímeras calles donde todo, absolutamente todo, estaba sujeto a la gitana ley de la oferta y la demanda de la venta ambulante.
Venía de Italia, tierra de los mercadillos por antonomasia (Roma de picaros “vendo de todo” callejeros en la memoria de la Historia), pero aquel ambiente le pareció de peculiaridades bien distintas a las de su tierra. Se perdieron entre gritos y leves empujones por una maraña de ropas, frutas, zapatos y objetos de lo más variopinto. Le llamó la atención un puesto preparado con un exquisito esmero. Al fondo estaba situada “de culo” una enorme furgoneta blanca con dos enormes pósteres. En uno se veía a un Camarón barbudo, lleno de anillos, con una media luna tatuada en su mano derecha y la mirada perdida. El otro era con la figura de Jesús, blandiendo en su pecho un corazón luminoso y sangrante. Debajo un lema que decía: “Jesús te ama”. Dos jóvenes muchachas morenas de bronce lorquiano atendían la venta, mientras no paraban de anunciar a voces su mercancía: “María, comprarme que lo doy tó mu baratico”; “no pasar de largo sentrañas mías que estamos que lo tiramos”. Cuando Roberto se acercó para comprobar la mercancía ya fue tarde para casi todo (menos para el amor). ¡Vendían ropa interior femenina! Las había de todos los colores y tamaños y, allí estaba él, un pasmado italiano, sin saber como salir del espinoso trance. La más joven de las gitanas se volvió hacia él y le clavó como dos puñales sus hermosos ojos verdes: “primo, ¿a que quieres hacerle un regalito a tu novia?”. Se miraron de frente unos segundos que a ambos les parecieron una eternidad. Un choque de trenes. Una tormenta rompiendo sus olas en la vertiente cantábrica. Un crepitar de lluvia en las ventanas del alma. Ojos de miel italiana perdidos, ya para siempre, entre los del verde que te quiere verde de la gitanería. Se ruborizaron los dos a la par que bajaban sus miradas. Ella se retocó el hermoso moño de su pelo negro como la endrina. Se estiró su blanco delantal donde guardaba las monedas de los jurdeles para el cambio. Él se subió su pantalón vaquero y se colocó sus gafas de sol. Acudió a la llamada de sus amigos mientras que, hasta en tres ocasiones, se volvió para intercambiar con ella una cómplice sonrisa. Ambos tenían el firme convencimiento de que aquello era el comienzo de algo tremendamente hermoso. Para el próximo domingo quedaba pendiente y anhelante el segundo capítulo. La semana sería larga y le costaría trabajo concentrarse en el estudio de Luís de Góngora y Lope de Vega. No pudo disimular una sonrisa cuando se acordó que unos días antes preparó un trabajo sobre “La Gitanilla” de Cervantes”. Amores, amores de mercadillo.

Gitana pa no quererte
tengo que ve dos señale;
que se apague el firmamento
y que se sequen los mare.