viernes, 3 de febrero de 2017

Maduros interesantes




Los tiempos en lo que a longevidad creativa y existencial se refieren han variado de una manera bastante considerable.  Casi sin darnos cuenta la plena madurez que hace unos años se alcanzaba en la cima de los cincuenta años de edad en la actualidad está situada en los setenta. Vivimos más y, contradictoriamente, en no pocas ocasiones pensamos y actuamos menos. Cuando se hace un somero balance de grandes personajes que consiguieron –y consiguen- a edades muy avanzadas grandes cotas de creatividad observamos ejemplos realmente deslumbrantes. Personas que han conseguido armonizar años y creatividad con un brindis al sol en los atardeceres de la vida. Podemos decir, por citar algunos casos, que el Papa Francisco con 80 años está en su plenitud creativa de bondades y solidaridades compartidas. Charles Aznovour a sus 92 años sigue dando recitales por todo el mundo (el pasado 31 de enero dio uno en Madrid).  Frank Lloyd Wrigth con 90 años fue el arquitecto autor del Museo Guggenheim de Nueva York.  Woody Allen con 82 años lleva dirigiendo e interpretando una película anual desde 1969 (la última del 2016 llamada “Café Society”). Clint Eastwood a sus 86 años alterna tareas de dirección e interpretación desde 1955 (su última película del pasado año llamada “Sully”).  Alicia Alonso con sus 96 años a cuestas y a pesar de estar prácticamente ciega dirige cada día desde un sillón a jóvenes promesas de la danza cubana.  Tony Bennett con 90 años en su garganta acaba de sacar al mercado un nuevo disco (“Tony Bennett Celebrates 90”) junto a Lady Gaga. Todas estas personas -como otras muchas- poseen un talento inconmensurable y  no están dispuestas a rendirse ante el inevitable pasar de los años. Valoran cada nuevo día que se les regala para seguir en la brecha. Saben que la vida es corta y la aprovechan haciendo lo que mejor saben hacer: ofrecernos en vida su inmenso legado creativo y existencial.


Juan Luis Franco – Viernes Día 3 de Febrero del 2017


jueves, 2 de febrero de 2017

Candelaria




A mi hija Alicia candelaria por  vocación y tradición

Hoy, como cada 2 de Febrero, celebramos el Día de La Candelaria.  Es una de esas dos fechas que se encuentra fuertemente arraigada en el epicentro de los sentimientos candelarios (evidentemente la otra es el soñado y anhelado Martes Santo).  Dentro de los actos de este hermoso y mágico día existe uno en particular que le da un emocionado sentido de continuidad a esta fecha: la presentación de los niños a la Reina de San Nicolás.  Las imágenes, nuestras sagradas y queridas imágenes, son las únicas capaces de unir pasado y futuro a través del presente.  La vida muere y se renueva con cada hoja de almanaque que cae y nuestras devociones más intimas se acrecientan con el paso de los años.  La Virgen de La Candelaria es el camino más corto que tengo para reunirme con frecuencia con dos de las mujeres más importantes de mi existencia: mi abuela Teresa y mi madre.  La Candelaria se nutre de nuestro fervor y lo proyecta amorosamente bajo un halo de belleza a nuestros hijos y nietos.  Ella es un poema de Antonio Fernández Montes escrito en “su exilio” de la Barrida de los Pajaritos. Un estudio riguroso e imprescindible con sabor a beatífico ibuprofeno escrito por Martín Carlos Palomo. Una devoción inquebrantable en la familia de los Lappi o una gran verdad en la rigurosa perseverancia candelaria de Pepe Martínez Raposo y Salvador Reina. Un llavero de Vito que descansa encima de una mesa con velas rojas de rogatorias que, al ser encendidas, siempre esperan el milagro de vivir una vida sin sobresaltos.  Un Hermano Mayor que nos llegó un día desde la Alcaicería de la Loza para alfombrar el camino que va desde San Nicolás a la Plaza de La Alfalfa.  Dos Candelarios (así con mayúscula) que vuelven la cara por la Plaza del Pan y acuden prestos si alguien levanta la voz diciendo ¡a mi La Candelaria! o simplemente Ignacio o Fali. Una, cien, mil historias candelarias contadas en primera persona y donde los “buenos”, en honor a Ella,  perdonan a los “malos” y estos a su vez prometen “no coger ventajas en las levantá”. Hoy, como cada 2 de Febrero, es el Día de La Candelaria.  Buen día para ir a verla y ver de cerca su cara llena de Verdad y guapa sevillanía.  Debemos hacerlo por nosotros y, fundamentalmente, por quienes ya no pueden hacerlo. Hoy, insisto, es el 2 de Febrero: Día de La Candelaria.


Juan Luis Franco – Jueves Día 2 de Febrero del 2017


miércoles, 1 de febrero de 2017

Silenciosos por un día



Cada día los ruidosos encuentran más motivos para explayarse y los silenciosos más motivos para protestar. Siempre encuentran los primeros nuevos artilugios para que la fiesta de los decibelios no pare. Vivir en paz con uno mismo lleva aparejado un cierto clima de sosiego para ejercitar la necesaria reflexión. No hay manera. Un amigo de sentires sevillanos y filosóficos cree firmemente que se debía regular por ley en Sevilla el necesario tema del silencio. El propone aplicar por decreto turnos de silencio acorde con la primera letra del apellido. Por ejemplo: los apellidos que vayan de de la A a la G guardarán silencio los lunes de cada semana. Los que coincidan de la H a la M deberían permanecer callados los martes. Los que van de la N a la R no hablarán los miércoles y los concernientes entre la S y la Z permanecerán silenciosos los jueves. Viernes, sábados y domingos solo se podrán emitir ruidos estentóreos desde las 9 a las 14 horas. Los tiempos de silencio solo podrán ser alterados por cuestiones laborales, profesionales o estudiantiles. También para hablarse lo estrictamente imprescindible con madres, esposas, hijos y nietos (cuñados abstenerse) o, evidentemente, cuando perentorias necesidades personales/familiares así lo requieran. Los turnos serán rotatorios y así poder guardar silencio en distintos días de la semana. Durante el turno de silencio los coches de los interfectos permanecerán estacionados y las hogareñas cajas de herramientas (con trompos incluidos) serán depositadas en un almacén municipal habilitado a tales efectos. Las operadoras/es de telefonía móvil que rompan el silencio en plena “cabezada” serán sancionadas con la audición (no menor de 300 veces) del “In the ghetto” en la versión del “Príncipe Gitano”. Los que se equivoquen al marcar el piso en los porterillos electrónicos tendrán que escribir cien veces “me pondré las gafas del cerca antes de pulsar el botón”. Todo sea por conseguir un poco de paz y silencio en esta convulsa y ruidosa Ciudad.   Silenciosos por un día que menos da un decibelio.


Juan Luis Franco – Miércoles Día 1 de Febrero del 2017