Esa es la pregunta del millón y que te suelen hacer al comprar cualquier cosa bien sea grande, mediana o pequeña. Ya las tarjetas imponen su absoluto dominio en nuestras vidas cotidianas. Da lo mismo un café que un ventilador. Las respuesta se acercan cada día más a pagar con tarjeta. El dinero en efectivo tiene todas las trazas de pasar a mejor vida. Es más que previsible que en un futuro nada lejano solo pueda pagarse con tarjeta. Erróneamente son muchos los que piensan que la tarjeta (la suya) es un ente abstracto y que lo único que hace es facilitarle los gastos de su economía domestica. Que en definitiva las compras no las paga él sino su tarjeta. Al separar estos dos elementos (persona y tarjeta) estamos iniciando un tortuoso camino hacia la quiebra. Si pierdes el control de tus gastos eres carne de cañón para los carroñeros financieros. Cuando la deuda sea sustanciosa te quitarán hasta los calzoncillos. Esa es la trampa, comprar sin freno a través de la tarjeta que ya luego veremos quien paga “la roncha”.
Hace pocos días viví en primera persona a lo que hemos llegado. En mi indesmayable afán de potenciar al pequeño comercio suelo comprar siempre en pequeñas tiendas. Conozco y me conocen que en tiempos de indiferencia no es una cuestión baladí. El pan y algunos dulces los suelo comprar en una panadería-confitería de la calle Baños. La señora que nos atiende se maneja con un trato amable y educado. Suelen vender unos productos de primerísima calidad y a precios excelentes. Acudo una mañana para abastecerme de pan y me encuentro, cosa inusual, con ocho personas esperando ser atendidas. El problema era que desde esa mañana estaba cortada la conexión con Internet ( la avería procedía de las obras del Metro por una rotura de cables en la Macarena) y no se podía operar con tarjetas. Todas las personas que allí estaban habían elegido la tarjeta como forma de pago. Por las bolsas intuí que casi todas llevaban pan y algún que otro dulce. Es decir que las cuentas resultantes serían de 3, 4 o 5 euros. Pues bien nadie llevaba ese dinero encima. A esta mujer se le planteó un problema de difícil solución. De las ocho personas cinco eran clientes habituales y ahí no había problema pues quedaron que ya le pagarían al día siguiente. Lo que ocurre es que se quedaron descolgadas tres personas que eran clientes circunstanciales. ¿Qué solución se les podía dar? ¿Qué se llevarán el pan y ya lo pagarían otro día que pasaran por allí? ¿Sacar el pan de las bolsas y volver a ponerlo en las canastas? Un dilema de difícil solución pues ninguna llevaba encima ni 5 euros. El plástico definitivamente le ha ganado la batalla a los euros en efectivo. Nadie niega la comodidad que supone en la actualidad operar con tarjetas pero esto debe hacerse compatible con el manejo diario de una cierta cantidad en efectivo. Debemos tener presente que la alta tecnología es voluble y que cualquier caída de la Red sitúa los problemas en su justa dimensión. Abracemos lo nuevo en cuanto de comodidad ha traído a nuestras vidas pero no obviemos de un plumazo aquello de donde procedemos. Siempre somos de donde venimos y no hacia donde vamos. Que los arboles de la alta tecnología no nos dejen ver el bosque de lo cotidiano.
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