viernes, 30 de octubre de 2026
¿En efectivo o con tarjeta?
jueves, 29 de octubre de 2026
La Muerte cabalgando sobre los railes
Demoledora, absolutamente demoledora se nos presentan las imágenes del accidente ferroviario de Urda. Una catástrofe de unas dimensiones gigantescas y que ha sumido (una vez más) a España en el dolor, el desconsuelo y la perplejidad. Vidas destrozadas y familias enteras instaladas en la pena más infinita. España, la España ferroviaria, ha producido en nueve meses la escalofriante cifra de 114 fallecidos en dos accidentes (Adamuz y Urda) y en el corto periodo de nueve meses. La investigación se empieza a abrir paso y las conversaciones grabadas entre el Centro de Control de Atocha y los dos trenes siniestrados te dejan perplejo y sumido en la duda permanente. El antecedente de la tragedia es un fallo informático que tenía a un tren AVE pendiente de arrancar y a otro del Iryo varado en las inmediaciones de Urda. Sin estar resuelta del todo la avería informática se le da instrucciones al AVE que puede salir a velocidad normal (es decir a 250 kilómetros por hora) cuando lo que procedía por protocolo es a “velocidad vista” con una limitación de 40 kilómetros por hora. A la maquinista del Iryo también se le da (con algunos titubeos) la misma orden: reanudar la marcha a velocidad normal. Siete minutos después esta maquinista llama para decir que continua detenida por no poder activar el sistema LZB. Sin embargo nadie avisa al AVE, ni incluso a cinco minutos del choque, que debía frenar con urgencia. Todo absolutamente surrealista y todo carente de algún atisbo de sentido común. El AVE avanzaba a velocidad de vértigo cuando en la misma vía estaba parado el de Iryo. Fueron ¡¡17 minutos!! en el Centro de Control donde nadie se percató que el AVE se dirigía a un terrible choque contra el Iryo. La tragedia encima de la mesa y nadie parecía percatarse de nada.
Son muchas las incógnitas que se mantienen en el aire y a las que una profunda investigación debe dar respuesta. En el mundo de la Alta Tecnología las vidas de las personas que viajan en tren no pueden depender de un fallo humano. 114 muertos y un número indeterminado de heridos reclaman con urgencia que se investiguen a fondo las causas de estos accidentes (el de Adamuz lleva cinco meses sin que avancen las investigaciones) y que se depuren responsabilidades de todo tipo. No se puede consentir que subirse a un tren ya se considere una cuestión de alto riesgo. Las victimas y las familias así lo demandan y reclaman. Ahora lo que procede es prestar la máxima atención y el mayor de los apoyos a los heridos y a sus familiares. Cada cosa a su tiempo. Tratar de sacar redito político y electoral de esta enorme tragedia me parece de una mezquindad absoluta. Este es un país honesto y solidario y al que tratan de envenenar con los dardos de la mentira, el bulo y la insidia. Anoche acompañé a un buen amigo a la Estación de Santa Justa para recabar información de una sobrina desaparecida en el accidente. La desesperanza y el desosiego que allí pude presenciar son de esas cosas que nunca se pueden olvidar. Ayudar a estas familias se nos presenta como una cuestión fundamental. Darles respuestas veraces sobre esta enorme tragedia es lo menos que le debemos. Investigar todo lo investigable se nos presenta como una tarea ineludible.
martes, 27 de octubre de 2026
Alfredo Sánchez Monteseirín
lunes, 26 de octubre de 2026
La eterna juventud de Paul McCartney
jueves, 22 de octubre de 2026
Arco del Postigo del Aceite
lunes, 19 de octubre de 2026
Isabel Allende
miércoles, 14 de octubre de 2026
El vértigo del folio en blanco
lunes, 12 de octubre de 2026
Sin entrar en detalles
viernes, 9 de octubre de 2026
La Aldea de Astérix en la Setas sevillanas
miércoles, 7 de octubre de 2026
Carmen Linares
lunes, 5 de octubre de 2026
Entre libertades y verdades
jueves, 1 de octubre de 2026
Silvio, eterno Silvio
lunes, 28 de septiembre de 2026
Los lunes de San Nicolás
Siempre se me representa como una necesidad existencial recorrer cada lunes el camino que me lleva a San Nicolás de Bari y, por ende, también al encuentro de las imágenes que configuraron el tronco sentimental-espiritual de mi familia. Empezar el lunes tomando café apoyado en el mostrador exterior de la Confitería la Campana. Desde allí y levantando la vista se muestra omnipresente el escudo del Betis. El mismo que nos recuerda que en 1935 fuimos Campeones de Liga. Después avanzar con paso lento pero firme por Sierpes, Chicarreros, Álvarez Quintero, Chapineros, Pajaritos, Bamberg, Abades, Mármoles y Plaza de Ramón Ybarra. Allí ya se nos aparece, siempre misteriosa y melancólica, la puerta trasera de San Nicolás. Abierta de par de par desprende un olor característico donde se mezclan con el paso del tiempo las Casas Señoriales y los Corrales de Vecino. Olor a trasiegos de antigua Judería y a dulces celestiales de convento. Puede que la Iglesia de San Nicolás sea la única del mundo donde hace calor hasta en Febrero. Antes de mostrar mis respetos a las imágenes de mi vida me gusta pararme un momento en la pila bautismal donde nos bautizaron a los tres descendientes de la Familia Franco-Pelayo (me produce una cierta desazón que hoy este mágico sitio esté acondicionado como un trastero). Allí empezó todo y allí también acabará. Los vaivenes de la vida y sus circunstancias acompasados por entre los bancos de San Nicolás.
Después en la capilla me agarro con fuerza a alguno de los barrotes dorados para pedir salud y bienestar para mi gente y a mí (virgencita) que de momento me deje como estoy. En la parte derecha (vista desde fuera) se encuentra el Cristo del Subterráneo (también llamado de la Sangre) antiquísimo ejemplo espiritual y profundo de las más remotas advocaciones. Posiblemente estemos ante el Cristo más antiguo de Andalucía (creo que sería conveniente situarlo en un sitio más visible y que estuviera cercano a los devotos). Tiempos tenebrosos aquellos con el chisporroteo de las hogueras y las espadas manchadas de sangre. Encima de este crucificado está situado un cuadro, obra de Juan de Espinal, datado sobre 1750 que representa a “San Carlos Borromeo dando la comunión a los apestados de Milán”. En la parte izquierda un cuadro con la Virgen de Guadalupe se nos muestra dotado de una gran belleza pictórica y con un alto contenido costumbrista-religioso. Su iconografía es única y de una gran fuerza cromática. Tras los barrotes dorados se encuentran el Señor de la Salud, la Virgen de la Candelaria y un San Juan que siempre nos da muestra de que quien tiene un buen amigo tiene un gran tesoro. Allí siempre se me acumula un universo de sensaciones difíciles de explicar que me hacen interiorizar de manera fidedigna lo que fui, lo que soy y lo que seré. El centro neurálgico de mi existencia . Conseguir que los ausentes nunca lo sean del todo.
Ya en el exterior la ultima parada la hago en el Bar Candelaria donde me esperan dos entrañables amigos candelarios. Fali e Ignacio se me representan como de lo mejorcito entre aquellos que suelen deambular por el mágico entorno de la Judería. Buena gente en clave machadiana que van sembrando las mejores semillas candelarias por entre los senderos y barbechos de la Vieja Híspalis. Soñadores sevillanos rememorando los paraísos de la infancia. Entre el murmullo conventual que une los rezos de maitines y el tintinear de las campanillas. Epicentro de la Judería sevillana siempre en duermevela.
Soñando con que los pájaros de la Plaza de la Alfalfa nos llevan en volandas hacia los confines aromáticos de los Jardines de Murillo. Candelarios errantes por los cambiantes caminos de la vida donde se confunden las rosas con las espinas. Niños del ayer que se resisten a soltar de sus manos las guitas de los trompos. Añorando las pelotas de trapo; las bolsas de caramelos de Mauri; las melojas de “La Gloria”; los “calentitos” de la Cabeza del Rey Don Pedro y los cartuchos de “pedacitos” de la Puerta de la Carne. El pasado y el presente unidos por una túnica blanca con aromas de Martes Santo. La panificadora “La Modelo” dejando en el aire un aroma de panes recién traídos de Alcalá de los Panaderos. Antiguos niños que se calzaban sandalias del Sanatorio de la Goma y que hoy ya saben : “Que es un soplo la vida / Que veinte años no es nada / Que febril la mirada / Errante en las sombras, te busca y te nombra” .
Vivimos siempre con la mirada puesta en el horizonte con la firme Esperanza de encontrarnos a Dios en la última playa. Un día ya solo seremos sombras que en las noches estrelladas de los días primaverales se proyectarán sobre las casas de la Calle Vírgenes. Los azulejos del Señor y la Virgen en la puerta de San Nicolás son fieles testigos de nuestra indesmayable Fe candelaria. También de nuestro permanente afán de rendirles pleitesía hasta nuestro último aliento. Intentamos ser mejores pero valga en nuestro descargo que algunos se empeñaron en no dejarnos serlo. No existe rueda sin palo ni tampoco día sin noche. Azul y plata es nuestro destino y hacia él caminamos contra viento y marea. Las lagrimas de cera que siempre dejamos derramadas por los adoquines de la calle San José. Pasa radiante la Virgen de la Candelaria por la Plaza de la Contratación y nosotros con cita notarial para firmar nuestro contrato vitalicio con Ella. El dardo de una saeta que por Santa María la Blanca nos atraviesa el alma y nos deja indefensos ante la nostalgia. Preparando el relevo que un día tomarán nuestros hijos.
sábado, 26 de septiembre de 2026
Mari Carmen
jueves, 24 de septiembre de 2026
Espejo, espejito mágico
lunes, 21 de septiembre de 2026
Costumbres al sevillano modo
Pasa el tiempo, pasan los años, y existen costumbres sevillanas que se anclan en la Ciudad sin que, afortunadamente, el tiempo pueda con ellas. Hubo una época en que esta Tierra de María Santísima era conocida por su Historia, sus Costumbres y sus Tradiciones. Sus Leyendas, algunas hermosas y otras no tanto, se fueron debilitando con el paso de los años hasta ir desapareciendo dentro de la nebulosa de las cosas que en verdad nunca sucedieron (aunque algunas merecerían haber sucedido). La tradición oral algunas veces le ha jugado una mala pasada a los hechos empíricamente demostrables. Se hace verdad una letra del Flamenco que dice:
“Que cosas dice este loco
que la verdad no la dice
pero mentira tampoco”.
Preguntas sin respuesta y que muchas de ellas permanecen ancladas en el tiempo. ¿Por qué cuando las mujeres se pegan una carrerita para coger el autobús siempre lo hacen riendo? ¿A que obedece que cuando alguien ocupa un sitio vacío en el bus suele decir: “Ea, vamo a quitano de en medio”? Quien llega para incorporarse a una cola, ¿por qué siempre le pregunta al último quien es el último? Si te encuentras a un amigo o conocido y se ha enterado que ha fallecido una tía tuya siempre te hará las dos preguntas de manual: que edad tenia y si ella estaba “mala” (mi tía tenia ¡96 años! y padecía una enfermedad que se llama sobredosis existencial). Cuando un turista nos pregunta mostrándonos un mapa como llegar hasta la Catedral, ¿por qué empezamos a gesticular en plan karateka y le hablamos muy despacio y elevando el tono de la voz? ¿En verdad nos creemos que las diferencias idiomáticas se resuelven hablando fuerte y despacio? Te encuentras a un amigo que te comenta si te has enterado de “lo del Lolo”. Tú le dices que si que ya te lo han comentado un par de veces. No le importa en absoluto y te cuenta con toda clase de detalles el tema en cuestión. ¿Para qué pregunta entonces si conocía “lo del Lolo”?
En Sevilla ocurrieron dos hechos fundamentales que cambiaron radicalmente la idiosincrasia de la Ciudad. A saber: la demolición de los Corrales de Vecino y la desaparición de las antiguas tabernas. La vida en los Corrales era muy dura por las grandes carencias en cuestiones fundamentales de supervivencia. El día a día era durísimo para algunas familias que no sabían si podrían comer aquel día. Sin agua corriente en las “cuartos”; teniendo que hacer “las necesidades” en un cubo y donde tenias que vivir hacinado junto a tus padres y hermanos. ¿La contrapartida? Unos niveles altísimos de humanidad y una convivencia plena de solidaridad y con un alto grado de gracejo sevillano. Posiblemente añoren aquellos tiempos quienes nunca los vivieron pero los que arrancamos nuestras vidas desde aquel contexto social sabemos valorar lo malo y lo bueno de aquella dura experiencia. Allí y en las antiguas tabernas se germinaron muchas de las costumbres populares sevillanas y que el paso del tiempo no ha conseguido derrotar del todo. Esto que hoy llaman “la vertebración social” ha quedado diluida en las pantallas de los móviles y en la de los televisores. Somos gente surrealista por nuestra propia idiosincrasia y por nuestra forma de entender la vida y sus consecuencias colaterales. Sabemos de donde venimos y nunca hacia donde vamos.